Wednesday, August 28, 2013

Chihuahua en Jazz



OPINA UN LECTOR
Cuando salió publicado el cuento del “féretro” en cierta revista local, en donde relato la historia de un corrupto policía de caminos cuya vida termina en condiciones misteriosas, vino hasta mi espacio laboral un hombre desconocido con el fin de darme su opinión. Esta persona llegó bajo un pretexto cualquiera, me entregó un oficio cuyo asunto era intrascendente, se lo firmé de recibido y traté de despedirlo sin éxito, el sujeto se quedaba parado frente a mi escritorio en actitud típica de quien quiere decir algo pero se le traban las palabras en la garganta, yo lo miraba con signos de interrogación. ¿Qué se traerá éste? Pensé durante varios y largos segundos de silencio incómodo. Finalmente me preguntó: -¿Es usted Flor Vargas?-
-Si, a la orden,
-¿Usted escribió el cuento del féretro?
-Si señor. ¿Qué le pareció?-
-Es usted una vengativa
-¿Le parece que soy vengativa porque el personaje muere? Es solamente ficción, es un cuento.
-Pero usted podría haber elegido otro final.
-Ajá, si, pero la historia debe seguir su curso para ser verosímil y extraordinaria a la vez.
-No, es usted vengativa y yo que la creía buena gente porque todos dicen que es buena gente.
-Si soy buena gente pero una cosa es ser buena gente y otra pretender escribir un cuento que tenga cierta intención.
-Pues qué mal.
Ya en este punto decidí quedarme callada porque era obvio que a la persona de pocas luces le era muy difícil desligar la ficción de la realidad y que no había explicación posible que lo lograse hacer comprender la diferencia sutil entre una y otra, así que simplemente le dije, con un gesto de por favor ya retírese: -Está bien, tomaré en cuenta sus comentarios- , aunque por dentro pensando que cómo había gente boba en este mundo chihuahuita.

TERCER FESTIVAL DE JAZZ
Chihuahua vivió momentos verdaderamente sublimes la semana del 19 al 25 de agosto durante el desarrollo del Tercer Festival Internacional de Jazz Chihuahua, festival que tuvo un importante posicionamiento después del éxito logrado en sus dos ediciones anteriores. Todos los conciertos tuvieron lleno total y se presentaron varios destacados intérpretes del género musical que el año pasado fue reconocido como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. Ramón Bermudez se llama el joven músico chihuahuense que luego de haber estado varios años estudiando en el conservatorio de Puerto Rico regresó a su ciudad natal para darse a la tarea de impulsar el reconocimiento social de esta modalidad musical que ha ganado adeptos, sobre todo entre los entendidos de las expresiones musicales más netas y genuinas. Acá, Ramón hizo mancuerna con el Mtro. Armando Nuñez, mejor conocido como “Mandis”, antiguamente líder de nuestra legendaria banda local de jazz fusión “Espacios Vacíos”, actualmente director académico del Conservatorio de Chihuahua, para traer a una cuidada selección de invitados. Llenar teatros en un lugar como Chihuahua donde campea la banda sinaloense, la música norteña, el narcorrido y la más excelsa cursilería de la trova, es mucho más que una hazaña. Las dos primeras ediciones fueron verdaderos actos heroicos pues no se contó con grandes apoyos oficiales, aún así la respuesta fue más que explícita sobre el poder de convocatoria del jazz. La tercera edición logró un éxito mayúsculo, bien para los jóvenes promotores y para el Ichicult que aportó gran parte de los recursos.

Wednesday, August 21, 2013

Muerte de un litigante sin escrúpulos


MUERTE DE UN LITIGANTE SIN ESCRÚPULOS

Su muerte estuvo a punto de pasar desapercibida. Una noche, de acuerdo a la costumbre en Chihuahua, la fiscalía filtró la siguiente información: “Sujeto desconocido muere acribillado en la calle Allende entre 19ª y 21ª en la zona centro de la ciudad. El hombre, como de sesenta años de edad fue encontrado a un lado de su vehículo, marca Ford, de modelo atrasado, mostraba el tiro de gracia en la cabeza. Testigos presenciales cuyos nombres se omiten por razones de seguridad informan que cuando el hombre estaba a punto de abordar su vehículo se acercaron dos encapuchados a bordo de una lobo negra de modelo reciente, se bajaron y mientras uno tiraba otro mantenía vigilancia, una vez que el sorprendido cayó inconsciente al suelo, el vigilante se acercó y le disparó en la cabeza”. Tal cual apareció la nota al lado de la foto del cadáver en los diferentes medios digitales que circulan por la red local. Nada notable ni fuera de lo común, simplemente el segundo o tercer ejecutado del día.
También, como es la costumbre, media hora después se difundió más información: “Identifican a muerto en calle Allende, llevaba el nombre de Gerardo Prieto, con 65 años de edad, abogado litigante que tenía su despacho frente al lugar de los hechos. Su último trabajo como abogado defensor fue en el controversial caso del estudiante que asesinó a un profesor universitario”.
No hubo más, la información en medios cesó como por arte de magia y ya nunca se volvió a mencionar este suceso como muchos otros que ocurren a diario. El muerto es noticia de unas horas, después se vuelve obsoleto, a nadie le importa si deja viuda o huérfanos, menos si los asesinos son detenidos y castigados. Los protagonistas de estas historias cotidianas inevitablemente se convierten en fantasmas de la red.
La muerte del litigante, para mi hubiera pasado totalmente desapercibida pero mi amiga Laura Céspedes habló para recordarme algo que me confío muchos años atrás, de cómo este abogado le había tendido una trampa por demás indigna.
Gerardo Prieto había estudiado la carrera de leyes en la Universidad de Chihuahua en los años setentas y formado parte de los grupos estudiantiles de izquierda más radicales, de esos que regularmente iban al frente de las movilizaciones cargando los bats en actitud agresiva y francamente violenta en los momentos álgidos. Era de los de la ofensiva blanquista, denominados así porque tenían por caudillo a un personaje de apellido Blanco.
Olvidados los ideales estudiantiles, Prieto ejerció su carrera de un modo mediocre aunque constante, digamos que vivió regularmente de ella pero mal, básicamente por sus adicciones. Había nacido y crecido, como hijo de ferrocarrilero, en la Colonia Industrial de la ciudad de Chihuahua, donde se decía “mataban y enterraban”. Tal fama tenía la gente de ese lugar y Prieto le hacía honor a la fama. Violento y leguleyo, pésima combinación, desde muy joven comenzó a frecuentar las cantinas, no solo abusó del alcohol sino también de la mariguana, la coca en abundancia y en los últimos tiempos las anfetaminas y el crack, aficiones que le exigían mantener un tren de vida y cuantiosos ingresos para sostenerse. Se le veía deambulando por los juzgados, eternamente acelerado, a veces crudo y desaliñado, llevando y trayendo papeles o arrastrando a sus incautos clientes. Pero hay que reconocer que se las sabía de todas todas tratándose de argucias y trácalas.
Laura se lo topó un día a las afueras del juzgado de lo civil. Habían sido compañeros en la Preparatoria y dejado de verse unos quince años, mismos que ella tenía de casada. Luego del saludo habitual, él preguntó por su estado civil a lo que ella, ignorante del anterior perfil, le confío que estaba procediendo a la separación porque el hombre resultó golpeador.
Mi amiga Laura había vivido un matrimonio terrible en muchos sentidos, casada a los 18 años con el que había sido su novio desde los 15, no había continuado sus estudios debido al continuo chantaje de que era objeto por el marido, quien se oponía a que ella mejorara en ese aspecto y como ganaba muy poco en su empleo si le exigía trabajar para traer ingresos al hogar ya que el sueldo de él no alcanzaba, además de atender sola a los hijos pues el señor nunca estaba. Con el paso de los años, Laura se dio cuenta que el hombre nunca estaba porque no quería y no le alcanzaba porque tenía otras obligaciones.
Lo más grave, sin duda, era la violencia. Laura había sido objeto de menosprecio y abandono desde los primeros días de casada y recibido los primeros golpes cuando el hijo mayor era un bebé, reaccionó como todas las mujeres víctimas de violencia intraconyugal, justificando al agresor y asumiendo que ella era la culpable. En pocas palabras, se sometió a los designios de su machista esposo tratando de evitar la recurrencia de los accesos de violencia, solo que con el tiempo el círculo se fue cerrando cada vez más y las agresiones psicológicas, verbales y físicas iban subiendo de tono y frecuencia.
En una ocasión el tipo la aventó embarazada contra una pared provocándole una fractura de omóplato, en otra la persiguió por la casa blandiendo las tijeras de cortar tela, en otra la estrangulaba sobre los sillones de la sala cuando bajó el hijo pequeño por las escaleras, momento de sorpresa que ella aprovechó para zafarse. Laura decía que la sola idea de estarle dando ese espectáculo al niño le dio fuerzas para salvar su vida que ya sentía perdida.
Este último suceso la hizo reflexionar, en ella estaba el poder de cambiar el rumbo de los hechos y garantizar que sus niños no quedaran huérfanos, con la madre en el panteón y el padre en la cárcel, por lo que unos días después de que una vecina le vino con la queja de que el niño de Laura había pretendido estrangular a su hijo, encaró al hombre y le pidió atentamente que se fuera de la casa.
El hombre se negó desde luego. No aceptaba argumentos. No podía entender el grave ejemplo que daba a sus hijos ni el riesgo en que ponía a su mujer quien ya presentaba los síntomas de agotamiento de la salud típicos de las esposas víctimas de violencia. Laura en esos momentos sufría desde depresión hasta un diagnóstico de cáncer cervicouterino (morbilidad y mortalidad estadísticamente relacionadas con el círculo de la violencia intraconyugal ) por el cual estaba sometida a tratamientos sumamente fuertes sin que él aceptara, a su vez, tratarse. No, el hombre en su papel de macho se creía el rector del universo.
En la discusión Laura le arrojó el café que en ese momento se estaba tomando y se mantuvo firme, así que aquel no tuvo más remedio que irse. Claro que la violencia no terminó ahí, luego siguió la negación para compartir la atención a los hijos y la suspensión de recursos económicos, la incursión inesperada a la casa para llevarse cosas o descomponer otras para hacerle la vida imposible, etecé, etecé, situaciones tan comunes en estos rompimientos. Pero por lo menos, asumía ella, logró poner tierra de por medio e impedir acercamientos que derivasen en golpes.
Dos años después y luego de cuatro años de tratamientos diversos, el médico la dio de alta y con una amplia sonrisa en el rostro le dijo: “Qué bueno señora que dejó a su marido, el señor nunca quiso atenderse y la hubiera seguido perjudicando…muy probablemente siguiera usted con el problema”.
En este punto se encuentra Laura con Prieto y a pregunta concreta del abogado quien quiso saber si había alguna situación específica que ella considerara le pudiese afectar a la hora del divorcio, ella le confesó que le había arrojado líquido de café cuando lo echó de casa. ¿Por qué le vino eso a la mente? Por la culpa que forma parte del síndrome de la víctima de violencia y por ingenua. Su ingenuidad la puso en un estado de indefensión, muy frecuente en los casos de mujeres que durante años han confiado en quien menos deben, sus agresores.
Esa tarde Laura nos contó sobre su encuentro con el abogado a varios amigos, uno de los que estaba en la mesa le advirtió:
--Oye, si se trata del mismo Gerardo Prieto que estoy pensando creo que cometiste un grandísimo error, porque ese le hizo lo mismo a mi expesposa cuando andábamos en los trámites del divorcio, le preguntó detalles y ella le contó cosas que luego Prieto me vino a vender, solo que yo no acepté seguirle la corriente, no me considero tan ojete.
Laura un tanto preocupada pero siempre justificando al otro contestó que tampoco creía que “aquel” fuera --tan así, tan ojete como tú dices---.
Peroooo, dicho y hecho, el abogado encontró la oportunidad de citar al marido de Laura en una cantina y entre copa y copa que pagó éste último, aquel le ofreció el recurso por una módica cantidad, suficiente para los pericos de una semana, con eso se conformaba siempre pensando en el bien del antiguo camarada que necesitaba un brazo de apoyo para defenderse de la viejas. Eso si quería también lo podía representar en la demanda.
El marido pagó lo convenido pero lo último no lo aceptó porque astuto como era consideró la poca credibilidad de tal espécimen y dado que ya andaba de novio con una muchacha hija de familia, su alumna en la Universidad, obviamente joven e inexperta cuyos padres le pusieron un ultimátum para que legalizara su situación, acudió a la Licenciada Ema María Guzmán, su amiga personal, connotada abogada casada con un prominente médico de amplio reconocimiento social, para que llevase su caso.
La abogada en cuestión tenía lo suyo, santa no era, ni en su vida personal ni en el ejercicio profesional por lo visto, y valiéndose del recurso que les dio Gerardo Prieto, procedió a demandar a mi amiga. Ésta no daba crédito, se preguntaba qué cómo una mujer que se decía y asumía de avanzada podía actuar así contra otra que por fortuna había logrado sobrevivir de una relación violenta en la que estuvo a punto de morir. Pero entre abogados se cuecen habas, eso es sabido y cuando hay intereses personales peor.
Entre broma y escarnio la tal abogada pasó a llamarse la “Kiti Manver” para nosotras, en alusión a aquel personaje de Almodovar en Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, la abogada feminista Paulina Morales que traiciona a su clienta para fugarse con el marido de ella, que era representado por la actriz Kiti Manver, a la cual le daba un aire la abogada Guzmán.
Al final Laura salió avante, pese a todo, sin marido, sin dinero, sin apoyos, pero con unos hijos hermosos y eso sí: libre del golpeador. El hombre para estas fechas lleva dos matrimonios más y todo parece indicar que sus dos sucesivas esposas sufrieron, por lo menos la segunda, de la misma sintomatología de la mujer maltratada. Habrá que ver la tercera.
Del abogado Prieto nunca volvió a saber nada, ni yo tampoco hasta que ocurrió el deceso y más por morbo que por otra cosa, intercambiando conversaciones con amigos comunes me di cuenta de cómo fueron sus últimos días.
Gracias a su extraña capacidad para estar cerca de algunos sucesos, Prieto estaba al tanto de la inminente aprehensión del sospechoso de haber tenido algo que ver con la desaparición de un profesor universitario, cuya repentina e inexplicable ausencia había levantado el clamor de las fuerzas vivas universitarias y de la cultura local. En cuanto fue enterado por sus contactos de la detención acudió a la fiscalía y oficioso como era le ofreció sus servicios.
--La regaste compa—le dijo—pero alguna razón habrás tenido. Dime: ¿El tal maestro, era joto? De seguro era joto, esos que andan en la cultura todos son maricones. ¿Te hizo propuestas? ¿Qué te dijo para que te enfurecieras, qué te pidió? ¿Que se la … o qué? ¿Sabes qué? Eso vamos a decir, cuando declares mejor acepta que lo hiciste y pide perdón, todos los indicios te señalan y no vas a poder alegar inocencia, acepta que lo hiciste por coraje, porque te acosó, que actuaste en defensa propia, a ver si logramos un atenuante.
El caso no era tan simple y aún cuando el espurio originado por el inescrupuloso litigante y difundido a través de los medios le dio una ventaja al asesino, finalmente cayó por su propio peso. Prieto, por supuesto cobró su asesoría como siempre, lo suficiente para una semana de perico.
Con esos antecedentes es de suponerse que algunos de los litigios mal transados que hizo el abogado ocasionaron la molestia de alguien y con eso selló su sentencia de muerte.
¿Sabes que es lo más paradójico? –me comentó Laura cuando me informó de la ejecución del litigante-- que un antiguo cliente de Prieto, ese que tú y yo sabemos, fue el que más se lució exigiendo justicia para el profesor de la universidad con declaraciones en todas partes, señalando con dedo acusador a los medios por utilizar un recurso vil y la Kiti Marven, la primera en firmar un desplegado de apoyo.








Tuesday, August 13, 2013

Bolita o de cómo enfrentar los pleitos entre amigas

Hace poco alguien me contó acerca de la confrontación que tuvo con una ex amiga. Se sentía humillada y dado el reciente empoderamiento de ésta última, en peligro de sufrir algún otro tipo de agresión en su medio laboral. Su relato, contado luego de que sucedieron los hechos, ya se antojaba un poco chistoso por esa reacción tan común que tenemos de evadir las malas experiencias imprimiéndoles algo de humor. Siempre he dicho que hay sucesos ridículamente peligrosos que podrían ser muy cómicos si no tuvieran consecuencias tan trágicas. Espero que no sea este el caso de mis dos amigas ahora enemigas entre ellas y que la sangre no llegue al río.
Este relato me trajo a la memoria una vieja historia de amistad y enemistad vivida en la infancia, que vista a la distancia de los años resulta mucho más que cómica, es reveladora de cómo las personas y los hechos que nos ocasionan conflictos de principios nos mueven a olvidarlas por completo.



"BOLITA"


Cursaba el quinto grado de primaria cuando tuve por “mejor amiga” a Dolores Méndez, Lolita de cariño, bolita para los malosos. Por esas fechas andaba yo medio tristona ya que por recomendación médica debía guardar reposo casi absoluto, únicamente se me permitía ir a la escuela, pero no correr y menos jugar deportes. Desde luego, tuve que hacer un impasse en las clases de ballet, actividad que era para mi entrañable puesto que mi plan para el futuro contemplaba ser bailarina profesional, vestir de colombina, bailar en grandes teatros y viajar por todo el mundo.
Las clases de ballet era lo que más amaba en la vida. Para mi cumpleaños anterior el Mtro. Alfonso Amparán me había obsequiado un LP con la música del Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, solía pasar horas oyéndolo y admirando la fotografía de la bailarina que aparecía en la portada, imaginándome interpretar la muerte del cisne con un atuendo de tul muy elegante.
Pues bien, debido a mi poco agradable condición temporal, durante la hora de recreo en la escuela simplemente me sentaba en alguna banqueta a ver jugar a los demás. Así fue como me percaté de la existencia de una compañerita que también permanecía sentada ese rato, pero por otras razones.
¡Gorda cerillo, gorda cerillo, gorda cerillo! Le gritaban a la niña que se hallaba sentada en la banqueta de los salones de cuarto grado, cuya complexión obesa y su cabellera de un rojo encendido explicaban el grito de los majaderos e inaguantables - según palabras de las maestras- chavalos que la acosaban. Me dio tanta pena que fui a sentarme a su lado. Ahora ninguna de las dos estaba sola.
La observé detenidamente mientras intercambiábamos el cómo te llamas y cuántos años tienes. Era redondita, redondita, gráficamente parecía una pelota con dos piernitas y dos bracitos, mientras que arriba sobresalía una cabeza que se antojaba pequeña para su cuerpo. Cabello, cejas y pestañas de un rojo intenso, piel de un blanco lechoso y pecas en las mejillas. Tenía un aire gracioso, su rostro era realmente bonito.
Lolita (bolita para los malosos) y yo iniciamos una gran amistad a partir de ese momento, amistad que duró casi todo el año escolar, estábamos en el mismo salón y nos sentábamos la misma banca, hacíamos las tareas juntas por las tardes, en resumen hicimos equipo. Yo era la sabihonda, ella la habilidosa; yo leía los libros y ella plasmaba en cartulinas los textos adornados con garigoles; yo dibujaba y ella recortaba y pegaba. Nos iba bien.
Estaba tan motivada con su amistad que no me importó ser receptora del bulling por extensión. Ahora no era solo la gorda cerillo, sino ahora éramos (si, en plural, éramos) “Stanley y Hard” o “El gordo y el Flaco”. Yo cerraba oídos, así que no recuerdo qué tantas linduras más nos gritaban los malosos porque en el fondo a mi no me importaba. En cambio ella si guardaba viejos y nuevos rencores, acrecentados por la presión constante que sus padres ejercían sobre ella para que dejase de comer. La gordura y por consecuencia la comida, eran los temas permanentes de conflicto entre ella y su familia.
La veía sufrir y trataba de compensarla trayendo diariamente de mi casa un par de tortas de huevo que le daba en el recreo, con lo cual Lolita se comía tres tortas, la de ella, las dos mías y alguna gelatina y un jugo cada mañana.
Mi madre vivía engañada creyendo que las tortas eran para mi y con muchísimo entusiasmo las preparaba antes de irse a su escuela, feliz de que su flaca tuviera apetito suficiente para comer tanto (como ven, también en mi familia el tema de conflicto era la comida, pero a la inversa).
Así pues, una mañana el maestro Eligio nos invitó a realizar actividades para recolectar fondos que serían destinados a los festejos del Día del Niño, prontamente Lolita levantó la mano y nos propuso a ella y a mi para donar un pastel con fines de hacer una rifa. Ya saben, vender boletitos para que el ganador se llevara un premio. Así lo hicimos la tarde previa a la rifa, nos reunimos en casa de ella a elaborar el pastel.
Resultó que mi amiguita era experta en preparar pasteles, yo estaba hechizada viendo con que presteza dominaba con sus manitas regordetas el arte de la pastelería: cernir la harina y el royal, acremar la mantequilla con azúcar, batir la masa, agregar yemas y vainilla, esponjar las claras, mezclar todo y hornear. Después de dos horas teníamos a nuestra vista dos hermosos cakes (“quequis” según la tradición oral norteña), dorados, esponjosos y suficientemente fríos para el paso siguiente: la decoración.
Procedimos a preparar el betún y entonces sucedió lo impensado, Lolita uso un cuchillo afilado para ahuecar los panes, a cada uno le sacó una buena tajada del centro y se la comió. Yo estaba atónita.
--Pero cómo se te ocurre? ¡Vamos a llevar un pastel incompleto!
--¿Qué tiene? Va a quedar tan bonito que no se va a notar, nadie se va a dar cuenta.
-- No se vale, vamos a vender boletos y entregar ese pastel hueco es una mentira, un fraude.
-- Mira, ya cállate, no digas nada, nadie se va a dar cuenta.
Ciertamente el pastel de dos pisos ya decorado no mostraba ningún signo de su falsedad interior y así lo presentamos al día siguiente. Fue un éxito.
Sin embargo, a partir de ese momento todo cambió. Lolita me provocaba sentimientos encontrados, sentía compasión por su incapacidad para controlar la compulsión por la comida y a la vez me daba miedo su capacidad de manipulación puesto que me había obligado a hacer algo contrario a mis principios. Durante meses le había seguido la corriente, la había alimentado sin hacerle ningún bien y ella había adquirido paulatinamente tanto poder sobre mí que no me atreví a denunciar, o vaya por lo menos a claudicar.
Claro que a los diez años de edad, estas reflexiones que ahora muestro profundas eran solo razonamientos intuitivos, digamos que no me dolió tanto la revelación de la verdad, sobre todo porque en el mes de abril gané el primer lugar en el concurso de dibujo del plantel con un caballo plasmado a lápiz de color y me levantaron muy oportunamente la restricción médica por lo que logré colarme a los preparativos del festival de mayo y…¡A bailar de nuevo!
Mis tardes dedicadas a los ensayos fueron enfriando la amistad con Lolita y un día la descubrí jugando a las barbies ( las cuales antes detestaba obviamente) con otras niñas, apenas me vieron hicieron círculo y nada discretas volteaban a verme , claramente las escuché diciendo:
--Es una sabihonda, se cree mucho porque su mamá es maestra.
-Ay, si mira como está flaca, tiene piernas de popotitos
Lo que dio pie para que en coro cantaran: “Popotitos es un primor pero baila que da pavor”.
En ese justo momento monté en cólera como el pélida Aquiles según relata Homero en la Iliada , y las confronté; aún así no me atreví a decirle a Lolita lo que internamente estaba pensando le haría más daño, o sea “gorda”, porque por ningún motivo habría de violar mis principios una vez más, pero si le reclamé su traición a la amistad. Por respuesta me retó a liarnos a golpes a la hora de salida. Acepté el reto y me fui a ensayar.
En el ínter, entre ensayo y clases, medité la situación, nunca me había enfrentado físicamente con nadie, la violencia era contraria a mis principios, yo estaba flaca y chaparra, ella pesaba tres o cuatro veces más que yo y un golpe con sus manitas pasteleras me iba a dejar turulata. De modo que llegado el momento opté por asumir las ventajas que me daban un cuerpo esbelto más el entrenamiento del ballet y el baile folklórico, corrí. Lolita, desde luego se quedó atrás, pasmada, ya que no podía dar un paso sin agitarse, menos correr.
Afortunadamente llegaron los exámenes de fin de curso y las vacaciones largas. Lolita quedó definitivamente eliminada de mi espectro de relaciones de inmediato. El año escolar siguiente, el último de primaria, no coincidimos en el grupo, ni siquiera la vi una sola vez, si siguió en esa escuela o no, lo ignoro, tal era mi convicción por olvidarme de ese penoso incidente que la borré del mapa de mi vida.
Muchos años después, como veinte, leí una nota en la sección policíaca donde se registraba que una mujer de nombre Dolores Méndez había sido detenida acusada de adulterio, ya saben ustedes qué
amarillistas son los medios. En resumen la nota explicaba que una esposa la acusaba de sostener relaciones extramaritales con su cónyuge y que los había sorprendido en su casa. ¿Será?-pensé.

Sunday, June 27, 2010

Edith y las Amazonas

Hace unos días recibí correo de mi querida amiga Edith desde España. Como siempre sucede, su mensaje fue para mí como recibir una bocanada de aire fresco. Me reservo revelar lo que ella me dice, pero trascribo aquí parte de mi respuesta: “Hola Edith. Me da gusto saber de tí.. A pesar del aire de misterio, noto en tu prosa un estado espiritual de serenidad, la serenidad que proviene de saberse completa. Eso me gusta. Somos como amazonas. ¿Recuerdas el mito de las amazonas, aquellas mujeres guerreras capaces de cercenarse un seno para poder manejar mejor el arco? Claro que a estas alturas de la civilización no hay que llegar a tales extremos, pero en el plano de lo simbólico, que es en el que cobran sentido los mitos, la decisión de la amazona actual refiere a esa actitud frente a la vida de saberse compl
eta, autónoma y libre”. Edith: Hasta donde estés, va contigo mi pensamiento.

Serrat y Algo personal

Y los 20 mil que estuvimos en El palomar coreamos junto con Serrat: “Probablemente en su pueblo se les recordará, como cachorros de buenas personas, que hurtaban flores para regalar a su mamá, y daban de comer a las palomas. Probablemente que todo eso debe ser verdad, aunque es más turbio cómo y de qué manera, llegaron esos individuos a ser lo que son, ni a quién sirven cuando alzan las banderas… Se gastan más de lo que tienen en coleccionar, espías, listas negras y arsenales; resulta bochornoso verles fanfarronear, a ver quién es el que la tiene más grande…” ¿Será por algo que sabemos, por alguna experiencia con políticos? Y continuamos:”…No conocen ni a su padre cuando pierden el control, ni recuerdan que en el mundo hay niños. Nos niegan a todos el pan y la sal. Entre esos tipos y yo hay algo personal. Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión, de declarar públicamente su empeño, en propiciar un diálogo de franca distensión, que les permita hallar un marco previo…” Ciertamente, fuera de la expresión común entre políticos, esa de que no es nada personal, si hay algo personal, lo subraya Joan Manuel con gran agudeza crítica en su canción Algo Personal. Esta que escribe agrega: …y cuando pierden el control no conocen ni a su madre ni a su padre, mucho menos a sus amigos.

Auté y la belleza perdida

Otro excelente poeta musical español Luis Eduardo Aute escribe: “… y ahora que ya no hay trincheras el combate es la escalera y el que trepe a lo mas alto pondrá a salvo su cabeza Aunque se hunda en el asfalto la belleza...Míralos, como reptiles, al acecho de la presa, negociando en cada mesa maquillajes de ocasión; siguen todos los raíles que conduzcan a la cumbre, locos por que nos deslumbre su parásita ambición. Antes iban de profetas y ahora el éxito es su meta; mercaderes, traficantes, más que nausea dan tristeza, no rozaron ni un instante la belleza...” Igual que Aute, hago un acto de fe con lo siguiente: “…Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo, ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza…”

Wednesday, June 10, 2009

A dónde irán las golondrinas?

En las últimas semanas hemos dado el último adiós a dos grandes amigos y muy queridos personajes de la cultura en Chihuahua, me refiero a Magdalena Chavira y Don Benjamín Tena Antillón. Como suele pasar a esta que escribe, la conmoción por su partida me ha ocasionado una especie de bloqueo que me ha impedido mencionarlos en este espacio. La sensación es la misma que cuando en
tre sollozos entonábamos “Las golondrinas” cada fin de cursos en la escuela primaria para despedir a los compañeros que quizás nunca volveríamos ver, pero que sobre todo significaba despedir una etapa de nuestras vidas que sería irrepetible. Hay una tristeza intangible en el ánimo, un leve pero prolongado dolor punzante en el corazón por las ausencias que no pueden resarcirse de ninguna manera, sentimiento ante el cual cobra sentido la canción de Silvio Rodríguez: “…Mi unicornio azul ayer se me perdió y puede parecer acaso una obsesión pero no tengo más que un unicornio azul, y aunque tuviera dos yo solo quiero aquel, cualquier información la pagaré, mi unicornio azul se me ha perdido ayer, se fue...”. Ausencia de amigos que, aunque no nos viésemos a diario, significaron algo importante en nuestras vidas.
Magdalena canta para todos
Nos duele Magdalena a sus amigas porque era nuestro par; igual a nosotras en sentimientos, anhelos, gozos, desdichas y destino; porque era mujer y por el género debió sufrir lo que las demás y más aún; porque fue hija, hermana, esposa y madre y porque con su canto nos alumbró muchas veces el camino. Escucho su voz : “…cuando estoy triste lijo mi cajita de música, no lo hago para nadie, solo porque me gusta. Te espero, tu tristeza huele a ti y es menuda…” en una grabación única que ella personalmente puso en mis manos; la escucho y no puedo evitar el llanto. Con gran ingenuidad --o mucha soberbia-- pienso que canta para mí puesto que sabía perfectamente que me gustaba esta bella canción de José Pedroni . Magda se fue sin despedirse debido al encadenamiento de una serie de incidentes ocasionados por sus múltiples condiciones de vulnerabilidad: Por ser mujer sola, padecer una enfermedad mental y estar a merced de los depredadores de mujeres. Magda recibió una muerte que no merecía y ahora su voz ha quedado trunca, dejándonos en la orfandad de ella. Solo nos queda la indignación y con justicia pedimos el esclarecimiento de los hechos.
Lo que tengo bien claro es que Magda canta para todos, también para mí porque así lo necesito (como le dijo el cartero de Neruda), pero su canto es de todos quienes la quisimos.
Cuando un amigo se va
El 18 de febrero falleció Don Benjamín Tena Antillón, en su cama, rodeado de sus hijos, como corresponde a un hombre bueno que vivió largamente y tuvo la oportunidad de prodigarse en amor por el prójimo y sabiduría. Compañero y mentor de varios de nosotros, comunicadores que encontramos en Don Benjamín ejemplo, amistad y un gesto solidario permanente. Se le extrañará desde luego, pero creo que quienes convivimos con él podemos sentirnos privilegiados de haberlo conocido y aprendido de sus enseñanzas.
Nos duele la partida de Magdalena y Don Benjamín porque nos quedamos aquí… sin ellos.

Cultura, religión y política

Las nuevas revelaciones respecto a la vida secreta de Marcial Maciel, fundador de la poderosa agrupación religiosa Legionarios de Cristo, pone en entredicho no solo a la figura del controversial personaje sino a la congregación misma, pero sobre todo a las autoridades de la Iglesia que durante años han estado enteradas de las acusaciones que pesaban en contra del religioso y han hecho caso omiso, con lo que, de cierto modo, han permitido que se sucedan, o lo que es lo mismo: Tanto peca el que atenta contra la vida de la vaca como quien le detiene las extremidades. Una rápida revisión de la historia que envuelve a Maciel nos revela una larga y continuada situación de impunidad propiciada por la red de complicidades que la congregación había perpetrado hacia todos sus ámbitos de acción, sobre todo con los círculos de poder. Los votos de lealtad, obediencia y silencio absoluto que debían jurar los miembros de LC; nunca criticar al interior ni al exterior los actos o la persona de ningún directivo de la congregación, so pena de padecer la demonización interna, surtieron el efecto deseado para su fundador. La negación de la crítica y el desprecio para quienes no abrazaban el discurso, la hostilidad o el ostracismo abierto para quienes renuncian a éste y el culto a la personalidad del padre fundador, fueron sus prácticas habituales. Todo parece indicar que MM creó una organización a su medida. Muchos de sus allegados fueron sus principales víctimas y si callaron fue por el temor de ser expulsados de las filas de la poderosa congregación, convirtiéndose a su vez en cómplices. A través de su expresión seglar y la educativa, LC fue extendiendo sus redes de manera incontenible, ya que estar en el movimiento o simplemente dejarse ver junto a ellos, se consideraba signo de pertenecer a los círculos más exclusivos del poder. Sencillamente espeluznante. La comunidad religiosa que gira alrededor de la mística de los LC tendrá que replantearse nuevamente y probablemente recomenzar, lo cual siempre es sano.
Por otra parte, este tipo de personajes y sus prácticas perversas son comunes entre grupos cerrados de poder: el culto a la personalidad del líder, la omnipotencia del mismo y su conducta relajada en contraste con la imposición de extremas medidas de disciplina para los subalternos; los hipócritas discursos de redención que explotan la culpabilidad ajena para obtener simpatías y recursos; la manipulación del elemento “prestigio” como factor de adhesión.
Lo mismo ocurre en la religión que en la política y la cultura, tres elementos que a menudo aparecen juntos. Ejemplos abundan, recordemos nada más la complejidad del fenómeno de Hitler, la estrecha complicidad entre la curia y el Duce en Italia; el contubernio entre los intereses económicos más retrógrados de España y Franco; la divinización de Eva de Perón en Argentina. Así que, mucho ojo.
Terrorismo bancario
En los tiempos de Capone, la mafia mantenía su control económico ofreciendo protección y ejerciendo el terror sobre la comunidad y para ello se contrataban golpeadores profesionales, generalmente boxeadores fracasados, convertidos en sicarios por la necesidad, pero no por ello menos crueles. Las cosas no han cambiado mucho, hoy en día los bancos, ante la pérdida de su control económico, contratan bufetes de abogados que poco les falta para ser golpeadores ya que en su afán por ganar un cinco no dudan en acosar telefónicamente a los deudores, amenazando por lo regular a gritos e insultos a quien tiene la desfortuna de contestar una de esas llamadas que suelen hacer a cualquier hora del día y de la madrugada. ¿Qué también serán boxeadores fracasados?

Primavera

La primavera llega cautelosa este año. Dicen que se atrasó el invierno. ¡Quizás! ¿Quién lo sabe bien? Para los chihuahuenses herederos de la noción de temporada de nuestros ancestros campesinos, el clima sigue siendo un misterio difícil de develar y un tema recurrente. Por alguna extraña razón estamos todo el tiempo como anhelando que cambie, pero no tanto y a la vez que se sostenga en su devenir cíclico. Ojalá que este año si llueva, pero no de más; que este año no haga tanto frío, ni tanto calor. Lo cual no deja de ser un absurdo, mejor nos tendríamos que ir a vivir en otro lado, pero no, aquí seguimos, enamorados de nuestros amarillentos paisajes en tiempos de sequía y de los aires gélidos en tiempo de invierno. Por lo pronto digamos que aumenta la calidez d
e los días y sube la temperatura del deseo. He aquí la letra de una canción de Luis Eduardo Aute: Cada vez que me amas: “Tu sed transubstancia mi sudor en vino que bebemos en cada beso. Tus pies no se hunden en los lagos de mis lágrimas. Tu saliva siembra la luz en la noche de mis ojos. Tu voz resucita mis músculos dormidos
mis latidos sepultados. Tus manos, cuando me tocan, curan mis heridas más invisibles. Tu hambre fecunda peces que se multiplican como deseos de humedad en el múltiple pan de mi cuerpo, cada vez que me amas, es un milagro”. ¡Bendito milagro!

Renacimiento
La naturaleza, simbólicamente muerta durante el invierno comienza a emerger de nuevo durante la primavera. Ha sido así desde los tiempos en que se retiró el último glaciar, y lo es hasta nuestros días, antes de que devenga el cambio climático tan anunciado por apocalípticos y milenaristas. De modo que aún podemos disfrutar de la simple dicha de ver crecer los pequeños brotes verdes de la naturaleza, apreciar el perfume de los azahares y escuchar el canto breve de las aves que en estos días recobran bríos para cumplir los sagrados ritos de la fertilidad. Porque todo lo perdido está en algún lugar, todo lo seco se rehidrata y todo lo muerto renace. Como dice Mercedes Sosa: “Volver como la cigarra, después de un año bajo la tierra, igual que el sobreviviente que vuelve de la guerra.

8 de marzo

Hace una semana se conmemoró el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer, lo que motivó celebraciones en muy diferentes espacios, algunas de las cuales vale la pena mencionar. Sobre todo, creo necesario destacar aquellos eventos donde se rescató la combatividad propia de la fecha, porque siempre hay que recordar que el 8 de marzo de 1906 ocurrió la tragedia que definió esta conmemoració
n, en donde cientos de mujeres trabajadoras de la textilera Cotton murieron atrapadas en la fábrica en huelga. Aunque ciertamente la fecha fue tomada como referencia a posteriori, el hecho ocurrió y representa la lucha de las mujeres contra la indignidad.

Premian a mujeres destacadas
Este 6 de marzo, el H. Congreso del Estado otorgó reconocimientos a 5 mujeres destacadas en distintas áreas de la vida comunitaria, premios que llevan los nombres de otras tantas mujeres relevantes: Bertha Chiu, María Edme Alvarez, Esther Orozco, Martha Sanchez de Araiza y Aurora Reyes. Entre las premiadas este año estuvieron la teatrista Perla de la Rosa y la escritora Rene Acosta, sirva este espacio para felicitarlas. El hecho marca un hito sumamente simbólico en la vida pública de la entidad ya que por vez primera nuestro máximo órgano de representación ciudadana reconoce los aportes de las mujeres chihuahuenses. Desde luego las mujeres aprovecharon la tribuna para dejar oír sus voces. Perla de la Rosa, actriz galardonada con el Ariel y activa promotora del teatro en ciudad Juárez, en un discurso valiente y combativo, no tuvo empacho en exigir mayor atención de las autoridades para resolver el problema de los feminicidios y que se revisen las políticas culturales del estado. A su vez, Esther Orozco expuso la necesidad de incrementar las acciones que eliminen la impunidad en el caso de la violencia hacia las mujeres. Desafortunadamente la prensa no logró reflejar la importancia del evento, la nota se fue a interiores en el mejor de los casos y en el peor ni siquiera se subió, lo cual no deja de ser desalentador. O bien, siguen siendo minimizados los logros de las mujeres o se sofocó intencionalmente para contrarrestar la combatividad del momento.

Mujeres que engrandecen Chihuahua
El Instituto Chihuahuense de la Mujer, por su parte presentó un libro que recaba semblanzas biográficas de poco más de 40 chihuahuenses destacadas, entre las que hay educadoras, políticas, actrices, cantantes, pintoras, poetas, benefactoras sociales, aviadoras, científicas...en fin, de muy diversos ámbitos de acción pero que tienen en común haber destacado en el desempeño de actividades que abrieron brecha. Muchas de ellas verdaderas pioneras que aportaron trabajo para engrandecer Chihuahua y ejemplo para las mujeres de las siguientes generaciones. Con esto, el Ichimu dio un paso definitivo en el abatimiento de un rezago, nos hace visibles y con ello rompe la cadena de invisibilidad en la que se nos ha tenido a las mujeres a lo largo de la Historia de Chihuahua. En este documento, escrito por la delicada pluma de Alma Montemayor, encontramos datos cruciales sobre muchas personalidades femeninas que solamente conocíamos de oídas y eso gracias a que la tradición oral no tiene límites que la encuadren o censuren. Enhorabuena y una sincera felicitación a Luisa Camberos y su equipo de trabajo.

Fuensanta

Imposible tratar de ser romántica, sobre todo cuando vives rodeada de mentalidades tan racionales y científicas. Digo esto porque hace un año esta que escribe viajó al estado de Zacatecas acompañada por un grupo de amigas entrañables. Algunas de ellas entre las más connotadas investigadoras y académicas de Chihuahua y/o dedicadas a la reflexión y acción política por convicción. Viajamos hasta el poblado de Jerez, ciudad cuya fama viene no solo de su fisonomía colonial, que bien se conserva, sino también por ser la cuna del poeta Ramón López Velarde. Desde luego visitamos el antiguo inmueble donde el bardo pasó su infancia, hoy convertido en museo. Me cautivó la austeridad del edificio, sus gruesos muros de piedra y adobe, la umbría frescura que se percibe en sus zaguanes y la calidez de las habitaciones. De cierto modo, supongo, haber crecido en esta matriz debió forjar el carácter del poeta, de fuego y hielo a la vez, así como una buena parte de su iconografía poética. Ciertamente, la ciudad de Jerez conserva, casi de manera perfecta, el espíritu provinciano que tan bien fue definido durante la etapa nacionalista de nuestra cultura y que aún permanece en el imaginario del mexicano como la Suave Patria.
Pues bien, en los días de la anécdota, plagada de pensamientos como estos caminaba yo por las calles de Jerez, admirando el entorno, el ambiente y la gente ( los lugareños, como diría el poeta); al internarnos en la tradicional plaza principal no pude evitar exclamar en voz alta: “Amigas: Me siento emocionada solo de pensar que por estos corredores caminaba Fuensanta, con su largo vestido de seda --seguramente negro porque siempre estaban de luto-- y la cabeza cubierta con una chalina que apenas dejaba ver su rostro, y a López Velarde que, enamorado hasta las cachas, la veía pasar sin poder confesar su amor”. Atrás de mi escuché una voz que me regresó de golpe a la realidad: “Pues dicen que era muy fea, y ya viste la foto del poeta, era bastante guapo, quién sabe qué le vería a la Fuensanta. Como que era su imaginación exacerbada, ya muertita aquella…”. ¡Zas! Sentí como un baldazo de agua fría. Ni hablar, quién me manda andar entre feministas ultra racionales.
No obstante, tengo la convicción de que por las calles de aquella ciudad zacatecana deambula el fantasma del poeta, de su musa Fuensanta y de un México que se ha perdido bajo el imperio de las transnacionales, las cuales con sus letreros de neón inundan todas las urbes del mundo globalizado; un México apacible y amable, antiguamente habitado por humanos que se sentían hermanos y hermanas entre sí, y que hoy está a punto de sucumbir, azolado por males tan gigantescos como la pobreza extrema, la impunidad, la injusticia, la censura y una absurda confrontación que por más que nos quieran vender la idea de su bondad yo pregunto ¿Cuándo la violencia ha sido buena? Violencia sobre violencia solo produce más violencia. No cabe duda que los valores se trastocan.
Transcribo un bello poema de López Velarde: Hermana, hazme llorar... Fuensanta: dame todas las lágrimas del mar. Mis ojos están secos y yo sufro unas inmensas ganas de llorar. Yo no sé si estoy triste por el alma de mis fieles difuntos o porque nuestros mustios corazones nunca estarán juntos. Hazme llorar, hermana, y la piedad cristiana de tu manto inconsútil enjúgueme los llantos con que llore el tiempo amargo de mi vida inútil. Fuensanta: ¿tú conoces el mar? Dicen que es menos grande y menos hondo que el pesar. Yo no sé ni por qué quiero llorar: será tal vez por el pesar que escondo tal vez por mi infinita sed de amar. Hermana: dame todas las lágrimas del mar...

Poe

El pasado mes de enero se conmemoró el 200 aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe, uno de los más grandes literatos de los Estados Unidos de América, motivo por el cual se celebra en todo el mundo. Heredero del romanticismo, recaba en su creación literaria la iconografía típica de la escuela romántica, la necrofilia, la inclinación por los temas góticos, los ambientes fantásticos. El mismo Allan Poe fue un personaje controversial cuya vida estuvo plagada de vicisitudes a causa de su origen, la orfandad temprana, su genialidad, una educación contradictoria y su adicción al alcohol. Recreó el género gótico y prácticamente fue el iniciador del género policiaco. Algunos lo consideran el mayor poeta en lengua inglesa de su generación. De hecho su influencia fue inmediata en todo el mundo. El poeta francés Baudelaire se considera su discípulo; el inglés Connan Doyle crea a Sherlok Holmes inspirado en el Dupin de Poe; el estadounidense Lovecraft da continuidad a la línea gótica en una vertiente fantástica; en América Latina destacan el nicaragüense Rubén Darío y los argentinos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar; este último: biógrafo y traductor. Solo por mencionar algunos de los escritores que le sucedieron, ya que su impronta se extiende de manera ilimitada a través de expresiones masivas de la cultura como son el cine, la radio y la televisión.

Los méritos del escritor son enormes, sobre todo porque logra desentrañar la esencia psicológica en la literatura. Dentro de los géneros negros advierte que el efecto de horror como recurso de verosimilitud emerge del subconsciente del lector antes que de la trama. En otras palabras: el texto literario despierta aquellos temores internos generalmente adormecidos que llevamos en el inconciente y que se traducen en ansiedad, pánico, paranoia. El verdadero horror no viene de agentes externos, sean fantasmas, alienígenas, vampiros o monstruos, sino del interior de los personajes. Así es como el escritor encuentra los hilos conductores de sus narraciones en sentimientos como la culpa en El corazón delator, la ignorancia en Los crímenes de la Rue Morgue. También, por ejemplo, según Poe la maldad no está en los otros, como en William Wilson, sino en uno mismo, lo que finalmente provoca la autodestrucción.

Pienso en esto mientras recapacito en aquellas situaciones de la vida cotidiana que inadvertidamente nos mantienen en estados de horror suscitados a veces de manera deliberada. Por ejemplo: La persona que es acosada sexualmente en su lugar de trabajo por algún superior, aunque en teoría puede salirse de ese círculo vicioso, en realidad no puede ni siquiera denunciarlo. Al menos así me lo describió una amiguita que sufrió los continuos acosos de su jefe. Ella, una muchacha guapa, brillante, muy joven, que tenía que soportar las inoportunas “visitas” del sujeto, a deshoras, cuando sabía que estaba sola en su casa, para invitarla a tomar un trago, al cine o lo que se le ocurriera, sin que ésta pudiera ni siquiera pedir ayuda pues simplemente no sabía qué hacer. Así que no quedó más remedio que renunciar, lo cual, desde cualquier punto de vista es injusto.

Las víctimas de este y otros tipos de acoso sexual suelen sufrir de manera inenarrable, ni Edgar Allan Poe lo podría describir. Regularmente la víctima de acoso sexual-laboral manifiesta un estado cercano a la paranoia relacionado con una culpa ficticia por haber provocado al acosador; pierde peso, se enferma, tiene dificultades para concentrarse, comete errores, sufre además el muy tangible peligro de perder el empleo, y por ende baja su productividad. ¿Y los acosadores? Bien, gracias.



El tema da para mucho, ya es tiempo de que se castigue efectivamente este tipo de delito y de que existan acciones para evitarlo en los ambientes laborales, sea por la vía de la capacitación o por la de la penalización, o ambas, pero ya. ¿Usted, qué opina?

Sapos

Con toda su fealdad, los sapitos también son animalitos de dios, decía mi bisabuela por lo regular investida de un gran espíritu franciscano. Así es, no obstante su asquerosa babosidad y fea apariencia, los sapos han inspirado leyendas, cuentos, chistes y no pocos refranes populares.
Los sapos tienen su lado romántico, si no me creen imagínense que están con su pa
reja una noche de luna llena en primavera, a la vera de un estanque, escuchando el concierto amoroso de los sapos. ¿No le dan ganas? La poética popular ha hecho del sapo uno de sus íconos del amor desgraciado, porque eso de ser tan poco agraciado físicamente y tan enamorado, solo se compensa cantando del ronco pecho de’sas de amor y contra ellas. Recuerden esa bella canción titulada El sapo cancionero: Sapo de la noche, sapo cancionero, que vives soñando junto a tu laguna, tenor de los charcos, grotesco trovero que estás embrujado de amor por la luna… Yo se de tu vida sin gloria ninguna, se de la tragedia de tu alma inquieta, y esa locura de adorar la luna que es locura eterna de todo poeta…etc. Y la que interpretan mis queridos amigos Carlos Castillo y Jesús Bell (Puede ser): Llueve y como he prometido aquí me tienes, he atravesado el campo salto a salto, igual que el más humilde de los sapos. Sabes, en el estanque ya no caben los lirios en que escrito tus canciones, te las podría croar toda la noche. Si pudieras ver, detrás de mis verrugas soy mejor de lo que crees… Mira, disfruta esta pequeña fantasía y se te crees mayor para los cuentos puedes pensarte niña unos momentos. Piensa, ya estoy acostumbrado a la paciencia… (Mmm, qué romántico).
De cine, cuentos y refranes.
El cuento más popular es el del príncipe que por un hechizo había sido convertido en sapo pero que al ser besado por una bella chica recuperaba su personalidad y guapeza. Aquí la lección era que no importaba la apariencia si a través de la bondad hasta un feo sapo podía convertirse en un príncipe azul. Desafortunadamente, contrario a la fantasía del cuento romántico, para muchas mujeres la experiencia resultó al revés, una vez que se besaba al bello príncipe este se convertía en el verdadero sapo asqueroso que llevaba dentro.


La peor de las historias es la fábula del sapo buena onda que le dio su lomo al alacrán para cruzar una corriente creyendo que en agradecimiento este no le habría de hacer nada, sin embargo, el alacrán utilitarista y manipulador, una vez logrado su propósito y viéndose a salvo del otro lado del río, le enterró su aguijón venenoso y riéndose del sapito le dijo: Nunca debiste confiar en un perverso venenoso como yo, bai… (¿Dónde lo he vivido, dónde?)

En cuanto a refranes de sapos, estos abundan, aquí menciono algunos: De acuerdo el sapo es la pedrada; qué culpa tiene la estaca si el sapo salta y se entrampa; p’alante salta el sapo aunque le saquen los ojos; sigue creyendo que porque el sapo brinca es de caucho; sapo que sale a la carretera, agua espera; en abril setas mil y en mayo puro sapo; a callarse ranas que va a predicar el sapo.
Lo más inusitado de las ficciones donde intervienen sapos: La lluvia de sapos al final de la película “Magnolia” de Paul Thomas Anderson. La milagrosa caída de los anfibios, ocurrida en el clímax de la historia, trastorna el curso de la narración de una manera abrupta, haciendo quedar atrás la vorágine desencadenada de los hechos y ayudando a los personajes a recuperar la serenidad hacia un desenlace armónico. ¿Cuántas veces hemos deseado que caiga una lluvia de sapos que nos saque de algún angustioso trace?

Grafología


Vaya esta columna para recordar a don Joaquín de la Fuente, insigne poeta, educador visionario y uno de los más doctos grafólogos que ha existido en la historia de esta extraordinaria ciencia en Chihuahua. Palmorence de origen, el Profr.de la Fuente fundó el que fuera uno de los más prestigiados centros educativos de su época, el Instituto Comercial, y desde ahí contribuyó a formar a no pocas generaciones de estudiantes de educación media. Esta que escribe formó parte de la planta docente de dicha institución durante tres años.
En más de un sentido, aquella estancia en el “Comercial” fue aleccionadora y extremadamente formativa para mí. Si bien no fueron mis comienzos en la docencia, si los que me ayudaron a definir competencias que luego me serían muy útiles en el ámbito de la educación, sobre todo en el diseño de materiales educativos.
De don Joaquín, tengo que decirlo, siempre admiré esa especie de convicción poética que lo animaba a ser congruente con sus ideas aunque estas parecieran descabelladas para mucha gente, así como la misteriosa fuerza espiritual que lo rodeaba en todo su hacer y que le ayudaba a salir con bien de cualquier tipo de escollos.
Con frecuencia teníamos largas charlas en las que me explicaba aspectos de su trabajo como grafólogo. Gracias a su intervención, en Chihuahua se resolvieron una buena cantidad de conflictos legales y uno que otro caso criminal. Seguramente sus descendientes guardarán por ahí algún nutrido racimo de anécdotas.
Por esos años le llevé un documento firmado por el director de la empresa donde yo estaba empleada, un licenciado Domínguez quien con ingenua soberbia había mandado imprimir cheques más grandes porque en los de tamaño estandar no le cabía completa la firma. Desde luego había sido el hazmerreír de sus subalternos que vieron en ello un gesto de humor involuntario.
Don Joaquín revisó la firma y comentó que, a juzgar por su dimensión y los trazos, el sujeto manifestaba una personalidad tendiente a la megalomanía que en realidad ocultaba una fuerte inseguridad en su persona y desconfianza hacia los otros que se traducía en conductas de extrema crueldad, seguidas de fuertes crisis de conciencia y arrepentimiento que sin embargo no podía demostrar por no delatarse.
Me sorprendí enormemente por la exactitud en la descripción de la forma de ser del ya mencionado licenciado Domínguez y desde entonces me quedó la convicción de que la firma dice mucho más de alguien, quien sea, que cualquier análisis psicoanalítico. ¿Ustedes creen? Se los dejo a su criterio.
Agradecimientos
La vida me ha dado varias lecciones interesantes. Una de ellas es que, como ya lo he dicho antes, no existe gremio más solidario que el de los periodistas. Por ello agradezco aquí a los amigos de El Cántaro, Bien Informado, Otras Noticias y La Opción de Chihuahua, su interés por difundir el contenido de esta sección. ¡Vaya un abrazo de agradecimiento para ustedes!

Sunday, January 18, 2009

Los mandarines



Una tarde de finales de los años setenta, cuando aún no cumplíamos los veinte, mi amiga Irma Ramírez --de quien guardo gratísimos recuerdos—me obsequió un ejemplar gastadísimo de Los Mandarines de Simone de Beauvoir. Comencé su lectura, más que nada con curiosidad pues nuestra cultura en esa época era bastante limitada. Muchos libros y autores nos llegaban así, de mano en mano, sin antecedentes previos. En Chihuahua no había suficientes librerías. De la escritora solo sabía en esos tiempos que era la artífice intelectual del feminismo contemporáneo y autora de El Segundo Sexo, que conocía de referencias.

Irma vio en la joven a esa materia dispuesta y mente abierta para apreciar el texto que estaba entregando en sus manos. Ahora creo que no tener limitaciones ni prejuicios ideológicos en cuanto a lecturas, de entrada me permitió mantener la capacidad de asombro y de apreciación literaria, de este y otros libros.

Pues bien, en esa primera lectura de Los Mandarines descubrí a la Beauvoir como la gran escritora que era, creadora de una prosa de gran belleza; además, lo suficientemente inteligente para lograr una trama y una historia de un asunto que parecía tan de poco interés para las masas lectoras, pero de gran importancia para los iniciados en la filosofía y la historia del siglo XX, agregando a lo anterior una profunda reflexión moral.

La extensa novela ofrece un retrato íntimo y profundo pero sin complacencias de aquella clase social, los intelectuales franceses, que habían logrado sobrevivir medianamente durante la ocupación nazi en los años de la segunda guerra mundial. Geniales, cultísimos, famosos con la fama que les daba su altura intelectual y su aparente congruencia ideológica –todos participaron, de un modo u otro, al lado de la resistencia y de las causas más sensibles del pueblo francés--, Sartre, Camus, ella misma, habían llegado a la culminación de una etapa en la historia de su país y de su vida, pero no libres de pecado.

La extraordinaria novela de la autora de El Segundo Sexo ejerce aquí una crítica implacable de si mismos. El título es devastador: Por “Mandarines” entendemos aquellos personajes que reinaban en la China imperial, omnipotentes, inexpugnables, opulentos, caprichosos, lujuriosos, decadentes, hastiados de poder, cubiertos de glorias inmerecidas. Así pues, los mandarines de Beauvoir son esos intelectuales franceses que fueran tan influyentes en la cultura mundial de mediados del siglo XX, de los que ella misma formaba parte. La libertad de espíritu de la escritora prevaleció por encima de sus intereses personales, llámense sentimentales o ideológicos, para ejercer una autocrítica feroz.

El libro de Irma ahí está y al paso de los años he logrado contener en mi biblioteca una muestra de la obra de la escritora, a quien sigo admirando y de quien sigo –más que nunca—siendo partidaria y me pregunto si habrá en nuestras tierras alguien capaz de acercarse a la reflexión y a la descripción de los hechos relacionados con los mandarines de la cultura chihuahuense: Su lucha en la marginalidad, su posicionamiento en el poder, sus mafias y sus resbalones. Reto a mis colegas escritores, seguramente habrá alguno que pueda ahondar en los vericuetos de la crisis de la clase intelectual que se sufre en nuestro medio.

Por cierto que Chihuahua sigue sin librerías, y ¡Vaya!... ni siquiera el Gobierno ha podido poner al alcance de los compradores de libros sus propios títulos.


La quedada



Antaño, en todas la familias había tías reconocidas como “señoritas quedadas”; mujeres que habían alcanzado la edad madura sin haber estado casadas, ni habían tenido hijos. Solteronas, pues. Por lo regular se les tachaba de amargadas y/o extremadamente religiosas, puesto que no teniendo una familia propia desahogaban sus afanes en atender las cosas de la iglesia y de los curas. Ellas se defendían diciendo que preferían quedarse a vestir santos que a desvestir borrachos. Como sea, la “señorita quedada” era una institución familiar insustituible, puesto que eran estas solteras las que con frecuencia se hacían cargo de los padres ancianos, hermanos abandonados y hasta de los sobrinos huérfanos. Tal institución social debe tener sus orígenes en la vestales, aquellas mujeres célibes que en la Roma antigua se dedicaban a cuidar los templos de Vesta, la diosa del fuego sagrado. Las vestales, siendo aún niñas impúberes, eran seleccionadas de entre las familias más respetables de la ciudad y llevadas al templo donde debían permanecer célibes durante treinta años. Solo que mientras las vestales eran muy respetadas, casi adoradas como diosas, las señoritas quedadas de nuestra institución familiar judeocristiana, son despreciadas por no tener “hombre”. Bueno, es un decir, porque ahora me asaltan las dudas de si todas esas sufridas “quedadas” realmente fueron castas. Como sea, la quedada ha sido motivo de escarnio, burla, manipulación y discriminación de múltiples formas.


En contraparte, la señorita quedada ha sido reivindicada inspirando memorables personajes literarios; uno de estos personajes, entre los más bellos, se encuentra Amaranta Buendía, creada por la genial pluma de García Márquez en “Cien años de soledad”, aquella que se ocupó los últimos años de su vida a bordar su mortaja y recordar el amor perdido, mal juzgada por sus propios como estéril, fría y seca, mientras que en realidad era un eje importante para contener el desbordamiento de su extraordinaria estirpe, tal como lo comprendió Úrsula, la madre, al final de su vida.


Mujer, casos de la vida real 2

Las quedadas de hoy son un tanto diferentes, algunas estudian, trabajan toda su vida, son eficientes, a veces ganan un salario más o menos bien, pero siguen siendo las sacrificadas, discriminadas y despreciadas mujeres sin hombre. Peor, además, porque al no tener hombre presente suelen ser objeto de todo tipo de manipulaciones. Así le sucedía a Elsa Arratín, una querida amiga, quien obtuvo un título universitario y gracias a una figura agraciada y buenos contactos pudo acomodarse en empleos regulares a pesar de que se le consideraba medio tontita. En una de éstas logró colocarse como administradora plenipotenciaria, nadie se explicaba por qué, de los bienes materiales, financieros y humanos de la institución donde prestaba sus servicios, con los consabidos desatinos que puede provocar una persona de pocas luces en la cabeza con tanto poder en sus manos. ¡Pobre Elsita! Ya nadie la aguantaba por prepotente, histérica, humillante y gritona; solo su jefe, el cual solía calmarla con un -licenciada, no se ponga así- al tiempo que le acariciaba el brazo y el hombro –nada más autorice esta compra y para la próxima reunión del directorio rente aquel hotel con alberca, a poco no le gustaría nadar un rato, ponerse un trajecito de baño y relajarse mientras nos tomamos una copa, juntos.


Nota de última: Revive el caso de la maestra Sonia. Triste, eso les sucede a las mujeres que se pasan de honestas
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Sunday, January 04, 2009

El dolor de fin de año




Escribo el presente texto justo el 1 de enero del 2009. El pasado quedó atrás con su legañas y temores, sólo resta esperar lo que traerá el futuro y como me ha escrito un querido amigo, solo me arrepentiré de lo que no hice porque lo hecho, hecho está. Con pena confieso que en el plano personal lo único que me duele es el estómago (de paso confirmo que yo si tengo estómago) debido a la generosa cantidad de sabrosuras que solemos ingerir con motivo de las fiestas de fin de año. Ya saben ustedes: Pavo, pierna, tamales, pozole, buñuelos, champurrado, moles, vino, champaña, pastas, sopas, pasteles, ensaladas, postres de todos, en fin la lista de delicias es ina-go-ta-ble, lo que da cuenta de nuestra tendencia hedonista de búsqueda del bienestar. Con sabiduría aristotélica dice el rarámuri en su nawésari: Hay que estar bien. Y con ese afán nos aplicamos, esta que escribe y familia, en seguir los rituales de advenimiento de un nuevo ciclo, despidiendo el anterior con abundancia en los placeres gastronómicos. Digamos, pues, que el exceso de dicha se refleja en ese dolorzuelo simplón que se manifiesta con agruras leves. Afortunadamente este tipo de dolor se cura, como bien dice el pequeño José, mi sobrino de dos años, con una pastilla de esas grandotas que hacen burbujas en el agua. Así de simple. ¡Zas! Y queda la dicha…

Mensajes fraternos

La mayor parte de los mensajes que se cruzan por estas fechas llevan ese sentido, el estar bien como anhelo de un futuro inmediato. Nos preocupa alcanzar la felicidad, tener salud, superar los trances económicos, vivir con armonía, encontrar el amor apasionado. ¿Será porque al final del año experimentamos una especie de síndrome que nos hace extrañar todo ello? Quizás, pero al menos por el lado de esta que escribe, haciendo un balance del año que pasa puedo decir que comprendí que la dicha se encuentra justamente en las cosas simples y cotidianas que nos rodean: la familia, los amigos, el paisaje, la música, la literatura, los colores de la vida. A Dios gracias, tuve en los momentos críticos el entrañable amor de una familia cariñosa y protectora, la solidaridad de una gran cantidad de amigas y amigos, una vida interior profunda y el orgullo de haber criado a dos hijos talentosos, plenos de valores que los inclinan hacia el arte y el compromiso social. De los hijos, escritores ambos, tengo que decir que han logrado destacar lejos de esta tierra, donde sus cualidades literarias se han apreciado no por ser juniors de papi, mami o parientes de ningún político en voga, y sin tener complicidad alguna con los mandarines de la cultura chihuahuense. ¿Qué más puedo pedir?

En conclusión: La dicha no se encuentra ni en el dinero ni en la fama, mucho menos en el poder. Pobres de aquellos que navegan con el poder sin saber qué hacer, lo único que se les ocurre es desear más poder, convirtiendo está dinámica en un círculo vicioso.

No perdamos de vista que solo tendremos un futuro armónico si podemos restaurar los valores que nos han hecho ser familia, amigos y ciudadanos comprometidos con nuestra comunidad.

Sunday, December 28, 2008

La rueda de Perq en Bien Informado

El diario digital Bieninformado de Ciudad Juárez, así como el blog del Taller de Música Popular El Cántaro de aquella misma ciudad fronteriza, han publicado La Rueda de Perq, lo que se agradece profundamente desde este sitio.

Thursday, December 25, 2008

Non, rien de rien.




Cuando armada de la potente y singular voz que la caracterizaba, y que le valió el nombre artístico de “Piaf” (gorrión), la cantante Edith Giovanna Gassion cantó por primera vez la canción “Non, je ne regriette rien” probablemente nunca imaginó las alturas que alcanzaría. La dedicó con solidaria ironía a la Legión Extranjera, mítica institución del ejército francés a donde iban a parar los exiliados por voluntad propia. Enlistarse en la Legión Extranjera significaba romper con todo, familia, amigos, amores, e irse a vivir unmil aventuras que terminarían por curtir el alma y el cuerpo lejos de la calidez de la madre patria. Siempre era una solución para los decepcionados de la vida. En ese momento Francia se hallaba convulsionada por la guerra que se libraba en Argelia, en donde finalmente se impuso el espíritu libertario ganando su independencia política el país africano. Con ironía y todo, la canción “Je ne regriette rien” fue adoptada como el himno distintivo de esta fuerza militar y todavía se canta en los desfiles: Non, rien de rien, non, je ne regriette rien.

Se acaba el año 2008 en el cual no nos fue nada bien, hay que admitir por lo menos que los astros se hallaban encontrados y que la sociedad chihuahuense, así como nosotros los individuos que la integramos, nos vimos rebasados en más de una forma. Los feminicidios ya no son novedad, en todo caso fueron un aviso de lo que vendría después; si tolerábamos con bastante holgura la muerte de tantas mujeres víctimas de la violencia de género, menos nos iba a importar la muerte de tantos hombres jóvenes ejecutados por el narco. Ya la gente se toma justicia por propia mano y se sabe de la incorporación de cada vez más jóvenes a esta guerra sin sentido. Mientras que la gente común vemos con tristeza y temor el desplome de nuestro entorno social, la cultura de la violencia se posesiona cada vez más de las conductas colectivas y los políticos viven obsesionados con la carrera electoral del 2010.

Pero no nos quejemos más, mejor comencemos de nuevo. Hay que hacer algo –dicen todos mis amigos y amigas—. Pues si, hay que hacer algo, algo que sirva para construir nuevas formas de convivencia. ¿Podremos?

Por lo pronto cantemos junto con Edith Piaf: No, nada de nada. No, no me arrepiento de nada. Ni el bien que me han hecho, ni el mal, todo eso me da lo mismo. No, nada de nada. No, no me arrepiento de nada. Está pagado, barrido, olvidado. Me da lo mismo el pasado. Con mis recuerdos Yo prendí el fuego. Mis tristezas, mis placeres. Ya no tengo necesidad de ellos. Barridos mis amores, con sus trémolos, barridos para siempre. Vuelvo a partir de cero. No, nada de nada. No, no me arrepiento de nada. Ni el bien que me han hecho, ni el mal. Todo eso me da lo mismo. No, nada de nada. No, no me arrepiento de nada. Pues mi vida, mis alegrías hoy comienzan contigo...

Después de todo, la canción de Piaf es algo así como: “Termina una era, comienza otra, el pasado me importa un bledo”.

Monday, December 15, 2008

Dilema


No se si congratularme, por ser una mujer chihuahuense, o enfadarme, por lo mismo, pues en esta semana dos coterráneas recibieron, una en México, la otra en España, sendos reconocimientos por sus aportaciones a la defensa de los derechos humanos de las mujeres de nuestra entidad. Me congratulo, desde luego y además con mucho orgullo por el Premio de los Derechos Humanos entregado el 11 de diciembre en Los Pinos a mi amiga Esther Chávez Cano por su labor en Casa Amiga Centro de Crisis de Ciudad Juárez y por el que le fue entregado en Madrid España a Marisela Ortiz, coordinadora de la organización "Nuestras hijas de regreso a casa", este pasado 13 de diciembre.

Esther Chávez Cano

La periodista Esther Chávez Cano, nos consta, se entregó a la causa de los derechos de la mujer desde la trinchera del Grupo 8 de Marzo, con una sensibilidad que la llevó a convertirse, de facto, en la vocera ante los medios internacionales de los reclamos que hacía la sociedad juarence frente a la embestida feminicida. Nunca fue una posición cómoda, de ninguna manera, pues ha tenido que afrontar situaciones en extremo delicadas, llegando a ver amenazadas su integridad física y moral en muchas más de una ocasión. Funda el Centro de Crisis Casa Amiga, verdadero ejemplo a seguir por ser el único en todo el norte de México, donde ha mantenido, con admirable firmeza, una postura de servicio irrestricto a las mujeres, niños y niñas que han sufrido algún tipo de violencia sexual o doméstica.

Nuestras Hijas de Regreso a Casa

Por su parte y a la par, Marisela Ortiz representa a la sociedad organizada a raíz de la tragedia que han vivido cientos de familias de Ciudad Juárez, cuyas hijas no han regresado a casa cuando se les esperaba, habiendo sido víctimas de feminicidio. Nuestras hijas de regreso a casa es, pues, una figura retórica que se erige como símbolo del inmenso dolor que provoca la pérdida de las vidas de cientos de mujeres jóvenes, de la indignación colectiva por la falta de justicia y el imperio de la impunidad, pero contiene también un mensaje esperanzador que trasciende más allá tocando los corazones de todo el mundo. Sobre todo, se trata de la expresión organizada de una sociedad lacerada por la violencia, que de este modo establece sus propios caminos para seguir existiendo como tal antes que dejarse someter por la desintregación social.

La concurrencia de ambos acontecimientos, el de Los Pinos y el de Madrid, se constituye en un motivo de aliento para las mujeres y los hombres comprometidos con las causas de la vida y de la paz. Sin embargo resulta desalentador –aquí viene el enfado—el poco eco y la casi nula difusión que mostraron los medios locales, afanados tal vez en levantar la nota del ejecutado del día y la cantidad de casquillos repercutidos que se encontraron en el lugar, antes que destacar aquellos esfuerzos emergidos de la ciudadanía. ¿O será que causan escozor entre algunos niveles de gobierno?

Queja del género

Así mismo, resulta enfadoso darse cuenta que, a pesar de los esfuerzos, los años de lucha, las constantes denuncias, las mujeres seguimos padeciendo múltiples formas de discriminación, ganamos menos que los hombres por igual trabajo, se nos conceden menos oportunidades de negociación, se sigue presentando el acoso sexual en los ámbitos laborales, nos regatean nuestros derechos ciudadanos continuamente en los mismos partidos políticos que militamos y seguimos siendo víctimas de la violencia de género en nuestros entornos familiar, laboral y social.

Mujer, casos de la vida real.


Hay historias que de no ser porque tienen visos trágicos podrían ser bastante cómicas, como la de Helena y Chelito que se conocieron en medio de una situación adversa. Helena trabajaba en una dependencia del gobierno cuando en una ocasión un sujeto la abordó en el elevador. Después del buenos días le dijo: La he estado admirando de lejos y tengo una curiosidad: ¿Qué hay detrás de las bolsitas superiores de su blusa? Ante semejante comentario Helena enrojeció y muy seria salió del elevador en cuanto pudo. Cual no sería su sorpresa cuando unos meses más tarde, con motivo del cambio de administración sexenal, el tipo del elevador fue presentado como el nuevo director de la dependencia. ¿Sobre qué méritos? Los de ser amigo del de arriba. De inmediato le llamó y le expresó su intención de hacerla jefa de departamento, quesque para ayudarla a brillar con toda la luz que la iluminada, y enseguida le ofreció hacerla vocera oficial del organismo. Claro que, agregó, será necesario que su oficina esté cerca de la mía y tendremos que viajar juntos por lo que pronto la gente va a pensar que somos amantes ¿Está de acuerdo? Helena recapacitó: Efectivamente sabía que tenía la capacidad y experiencia suficientes para tomar el puesto que le ofrecían y además se lo merecía, pero eso de que fueran o parecieran amantes pues…como que no. --Voy a pensarlo-- le contestó para ganar tiempo. Pasaban las semanas y cada vez que el señor insistía ella le daba largas poniendo más condiciones, sobre todo las de conducta el sujeto, ya que era evidente la falta de probidad del hombre. El episodio concluyó cuando el jefe la mandó retirar de su cargo de una manera afrentosa y le pidió entregara el puesto a una nueva contratación: Consuelo, quien era una bien intencionada mujer, joven, guapa y madre soltera que necesitaba empleo con urgencia, la que sin pensarlo mucho tomó la oferta. Así fue como Consuelo, Chelito para los amigos, terminó siendo la vocera del organismo y la más fiel seguidora de su jefe; tuvo su oficina enfrente y le acompañó a todos los viajes de comisión. Se veían muy armónicos hasta que, luego de un tiempo comenzaron a notarse rispideces entre ambos. Una sospechosa pancita asomaba de entre las ropas de Chelito y el hombre –al fin rajado como todos los machos—no quiso reconocer la paternidad del ser que venía en camino, sino por el contrario la acusó de querer comprometerlo siendo él casado e inocente (¿?). El sujeto la despidió sin consideración a su estado. Por solidaridad femenina las dos mujeres terminaron siendo amigas y hoy se ven de vez en cuando. Ah! que retonta mi Chelito, le dice Helena, cómo fue que te dejaste engañar, así son estas alimañas, en cuanto tienen algo de poder, además de hostigadores se hacen más rajuchis; desde luego Chelito ganó el pleito laboral y tiene a su Consuelito, una preciosa niña igualititita a su padre, aunque espero que sea nada más en lo físico.

Friday, December 05, 2008

Ya métete pa´dentro que la estás regando


Asistíamos a una boda muy fresa donde todo era nice. Abundaban los vinos importados, los entremeses eran cangrejo, caviar… y la decoración de exquisitas flores blancas y gobelinos de seda. Entre las asistentes se veía uno que otro vestuario de diseñador francés y abundaban los diamantes en gargantas y muñecas. El festejo se desarrollaba perfecto, con la mesura que cabe a la gente bien hasta que, como en cualquier boda de rancho, el novio se puso jarras y ya entrado en calor subió al templete donde la orquesta tocaba algún anodino tema musical de elevador, para interrumpirla con un “tóquenme el Rey”. La cara de los músicos era de ¿what?.

--Si, el Rey, ¿qué no se la saben? –agregó el interfecto y robándose un micrófono gritó: No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rrreeeyyy, remarcando la rrr de trrono, rrreina y rrrey.

Los músicos trataban de seguirlo mientras este continuaba en su afán artístico; una y otra y otra, no se cuántas veces repitieron el Rey de José Alfredo Jiménez. Cada vez peor, el chamaco se ponía en ridículo a sí mismo, a la novia que a estas alturas se había encerrado en el baño, acompañada solo por las damas de honor que trataban de calmar el inminente ataque de histeria, y a los papás de ambos contrayentes que se reprochaban entre ellos haber gastado tanto en un evento para quedar bien en el que, por el contrario, iban a ser abiertamente deshonrados. Tíos, primos y amigos del novio, subían e intentaban bajarlo inútilmente.

--Es mi boda—gritó –y ahora se aguantan gueyes, yo hago lo que quiera, para eso soy el rey de esta fiesta, pus que no se saben la canción? Y se soltó como disco rallado: Ess mi boda, ess mi boda, ess mi boda, ess mi boda, ess mi boda…La asistencia pasaba de la risa al fastidio y a la indignación, nada ni nadie lo hacía desistir de aquella cancioncita de niño de “esss mi boda, esss mi boda, esss mi boda”, hasta que al fin la madre, superando el bochornoso trance con toda la autoridad moral que le daba haberlo parido, subió, le dio una palmada en la cabeza y le dijo: “¡Ya detente m’hijo, bájate y vete con tu esposa! ( o sea: ya métete pa’dentro que la estás regando).

Desde entonces cada vez que alguien se sube a su templete, agarra el micrófono y se cree el rey, le cantamos: “Esss mi boda, esss mi boda, esss mi boda”. Así como un sujeto que en cuanto se subió a su ladrillo, cual cucaracha se mareó y hasta pidió que en su cumpleaños le cantaran las mañanitas con orquesta sinfónica y todo, que al cabo para eso “ess mi cumple, ess mi cumple, ess mi cumple… y yo soy el rey de mi fiesta (¿Qué no habrá alguien que le diga: ya métete pa´dentro que la estás regando). No cabe duda que sobran de esos.

Remando Despacio

Dice Violeta Parra que lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, yo diría que ni con todo el poder se puede obtener por la fuerza el amor. El cómo se llega al amor siempre será un misterio. Por mi parte, estoy dispuesta nuevamente al amor, tal como lo expresa Briseño en el tema “Remando despacio” en voz de nuestra siempre admirada Eugenia León: Está muy bien, por aceptar que aun es posible enamorarse. Pero eso si va a estar difícil que me impidan arriesgarme, voy a vivir lo que cualquiera recomienda en estos casos: Hacerse al mar y no voltear hasta llegar al otro lado. A mi no me cuesta nada seguir remando despacio, ven arriésgate conmigo a descubrir el abrazo…. A ver, a quién le va a importar lo que yo piense en este mundo si yo también cuando lo miro me confundo. A mi no me cuesta nada seguir remando despacio…ven arriésgate conmigo a descubrir el abrazo.