Wednesday, October 26, 2022

LA RESISTENCIA DE LA MAESTRA MALDONADO

Por Flor María Vargas -Me levanto cuando canta el primer gallo, salgo y toco el riel para que los niños en sus casas se pongan en pie y vayan a lavar el nixtamal; al segundo gallo toco otra vez el riel para que los niños se laven cara y manos, se vistan y desayunen; ya cuando el sol se ve un poco arriba del horizonte toco nuevamente el riel, ahora si para que se vengan a la escuela- Esa fue la respuesta de la profesora Maldonado cuando le preguntaron en que horario atendía su escuela unitaria y multigrado en el poblado de “El terrero”, una comunidad de la campiña chihuahuense que no rebasaba los 500 habitantes, allá por la década de los 50s del siglo pasado. En aquellos años, mi padre, el Profr. Daniel Vargas Gamboa, era inspector escolar en esa zona rural de la entidad. Según cuentan, entre muchas anécdotas de todo tipo derivadas de las condiciones en que se desarrollaba la labor del maestro en esas comunidades rurales, generalmente alejadas de las vías de comunicación, que dos veces al año el profesor o profesora debía presentar, en la sede de la Inspección, un informe detallado de su tarea educativa, la organización de su escuela, horarios, alumnos, incidentes. Ese año estrenaban un formato diseñado para ello. Si actualmente resulta difícil acceder a muchos puntos geográficos distantes en nuestro territorio, hace 60 años aquello era muchísimo más complicado, sin vías de ferrocarril suficientes, carreteras ni vehículos de motor asequibles, sin telefonía, cualquier traslado se hacía a lomo de caballo y había que confiar casi ciegamente en la buena disposición de las y los profesores que se hallaban solos con su soledad en las comunidades. La secretaria de la Inspección recogía los informes, los más presentables elaborados a máquina, la mayoría escritos a puño y letra. Uno de esos días, respondiendo al llamado que le hizo el Inspector, se presentó la Srita. Maldonado. La profesora andaba como en los 45 años de edad, el cuerpo todavía firme, su rostro moreno y cabellera ensortijada delataba un origen afroascendiente; zapatos muy gastados pero bien lustrados, pulcras medias de popotillo, vestido de color oscuro con encajes en el cuello, una medalla dorada pendiendo de un broche en el lado del corazón. Su cuidadoso atuendo, aunque sencillo y humilde, reflejaba la formalidad que debía portar hombre o mujer dedicados a la noble tarea de enseñar. Era el vivo retrato de la maestra rural en las medianías del siglo veinte. -¡No, yo no puedo llenar eso, no le entiendo! – fueron sus palabras cuando vio el formato del informe. Dicho esto, la secretaria se ofreció a llenar el formato y comenzó a interrogarla: -¿A qué horas abre la escuela? ¿Cómo? ¿Cuándo sale el sol en el horizonte? – Y tecleó en la vieja máquina Remington de la oficina musitando: –Pongamos que a las 9 de la mañana- . Y continuó el interrogatorio: - ¿A qué horas les da receso?- -Pues mire – contestó la srita. Maldonado -cuando está el sol a mero arriba y que comienza a sentirse fuerte el calor, los dejo salir para que vayan a comer a su casa bien comidos, su sopita, tortillas recién hechas, frijoles, que estén bien alimentados y que duerman una siesta para que crezcan fuertes y sanos. Ya que comienza a bajar el sol les vuelvo a tocar el riel para las clases vespertinas- Lo que la secretaria tradujo como: “Salen a la una y regresan a las 4 de la tarde”. En otra ocasión la profesora Maldonado mandó una extensa misiva, como de 10 hojas, escrita con elegante letra cursiva del método Palmer, con el objetivo de solicitar cambio de adscripción. En la carta explicaba que, aunque tenía ya varios años ejerciendo la docencia en esa escuela y por sus aulas habían pasado una cantidad de niñas y niños que ya eran hombres y mujeres de bien, en los últimos tiempos se encontraba totalmente a disgusto y hasta temerosa. Describía que ese año escolar se le había metido la idea al señor Isidro Balderrama, padre de familia y personaje con mucha predominancia en el lugar, de quererla seducir. El hombre, ya medio madurón, tenía fama de ojo alegre, pero que ella nunca jamás aceptaría las proposiciones de un hombre casado y se había negado de todas las maneras posibles, primero se hizo como que no entendía, y de verdad no lo quería creer; luego, fue un contundente no. Sin embargo, seguía la explicación, al sr. Balderrama parecía que le decía que sí y para colmo le había dado por irle a tocar en la ventana por las madrugadas, así que, temiendo lo peor, ella decidió prepararse colocando unos baldes de agua cerca de la puerta a manera de protección. La madrugada del domingo anterior sintió cómo el hombre venció la chapa de la destartalada puerta de la “casa del maestro”, pero que en cuanto él asomó la testera ella le arrojó los baldazos de agua serenada. El hombre, sorprendido, no tuvo más remedio que irse mojado de pies a cabeza en medio de la nevada que en ese momento estaba en su apogeo. Luego se enteró que el hombre había cogido una terrible neumonía de la que estaba aún convaleciente. Así contados los sucesos la profesora Maldonado insistía en su cambio inmediato, por la vergüenza y el miedo de hallarse sola y vulnerable en aquella comunidad donde había vivido tantas y hermosas experiencias como maestra rural de escuela unitaria. Pasan las décadas y aunque ha habido muchos avances tecnológicos y científicos, lo esencial permanece; la pobreza del medio rural en México permanece y todavía hay centenas de miles de escuelas unitarias en comunidades rurales apartadas, en donde igual número de profesores mexicanos viven cada día sus jornadas laborales tratando de adaptarse a las condiciones de vida que ofrece la comunidad y, desde luego, resistiendo a situaciones de vulnerabilidad extrema. |

Friday, October 21, 2022

FÍJATE BIEN A QUIÉN LE DAS “LIKE”

 


Por Flor María Vargas

 

Allá en mis tiempos de revuelta estudiantil no había mayor pecado que cargar “propaganda sediciosa” en la mochila. A más de uno se lo llevaron a la Comandancia de policía y le dieron su calentada por encontrarle en el bolsillo de la camisa algún volante con consignas como “Por una Universidad para el Pueblo”, “Los obreros al poder”, “Muera el mal gobierno” , “Por una educación democrática y popular” y otros por el estilo. Ah y si llegaba la chota a tu casa, entraban amagando a tu abuelita y te hallaban un paquete de libros debajo de la cama de autores como Marx o Lenin, ibas directito a las mazmorras de la Zona Militar acusado del delito de Sedición o de Organización delictuosa y hasta podías no volver a aparecer con vida.

Hoy en cambio, la sedición se mide en likes de Facebook y otras redes. Con una sonrisa casi irónica dibujada en el rostro, recuerdo la confesión que me hizo cierto amigo hace poquitos años, director de una dependencia de gobierno, de que continuamente le hablaban de “Gobernación” del estado para darle el parte de los likes inconvenientes de sus subalternos y el peor de todos -me dijo- es el maestro E.S. que se la vive dándole likes al tal AMLO y ya no se qué hacer porque no acata la indicación de redireccionar sus likes a las acciones del gobernador. Con todo, debo reconocer que este amigo se mantuvo firme y nunca aceptó las presiones para despedir al maestro E.S., por el contrario, lo sostuvo.

Pues si, estimados lectores, aunque no lo crean, hoy en día te indican desde las oficinas de las autoridades en turno, a quién le debes dar like y a quién no. Peor aún te espían para saber a quiénes les das like, cuántos likes les das y quiénes te dan like a ti. ¿Absurdo, no? ¿Qué los espías no tendrán otra cosa qué hacer que sea más productiva? Por lo pronto, si no quieres   resultar ejecutado real o virtualmente algún día, fíjate a quiénes les das “like” en Facebook, “Corazon” en Instagram o retwit en Twitter, no vaya a ser…

 


Wednesday, September 28, 2022

ME CORRES A LA GÜERITA: CLAROSCUROS DEL PODER

 



Por aquellos años comenzaba a hablarse con insistencia de la Perspectiva de Género, cuando menos en el INEA se decidió aplicar este enfoque para el diseño del Modelo de Educación para la Vida y el Trabajo, junto con otros enfoques derechohumanistas. Mi entonces jefe, el Lic. “N”, quien buscaba mantener un diálogo productivo con las ONGs de mujeres y que realmente estaba convencido de la pertinencia de ese planteamiento teórico para construir políticas públicas equitativas, organizó una conferencia en la ciudad más importante de nuestra entidad estatal,  a la que invitó a mujeres representativas de aquella región. Estuvieron ahí destacadas académicas de colegios y universidades, investigadoras, defensoras de los derechos de la mujer y promotoras de organizaciones sociales, el tema: TEORÍA DE GÉNERO EN LA EDUCACIÓN.

La expositora era la Coordinadora de los Proyectos Especiales de la Dirección Académica del INEA nacional, quien gentilmente aceptó viajar hasta acá para apoyar la iniciativa. La asistencia era numerosa, fácilmente había unas 80 personas, tomando en cuenta que no era invitación abierta al público.

Entre las asistentes estaba una señora reconocida por su labor social. Ella estaba casada con uno de los magnates más poderosos de la entidad y tuvo a bien invertir parte de las abundantes   ganancias de las empresas del marido en proyectos de beneficio social muy novedosas y exitosas en su tiempo. La dama era todo un fenómeno local, sumamente empoderada, tanto por el poder que otorga el dinero de su familia como por el reconocimiento y empatía que se había ganado a través de su quehacer social (fundamentalmente por el dinero, digo yo suspicazmente) . Los poderes de la ciudad estaban rendidos a sus pies porque, de algún modo, ella y sus obras salvaban la mala imagen que le procuraban los feminicidios y las drogas, aunque, de hecho, a la larga poco pudieron hacer para marcar la diferencia, los crímenes contra mujeres se incrementaron y para qué entrar en detalles respecto a la violencia del narcotráfico que se desató unos cuantos años después.

La señora interrumpía continuamente durante la exposición, parecía que no le cuadraba el tema de Género y ante cualquier reflexión, exponía detalles de su experiencia. Sucedió, como sucede con frecuencia en estas dinámicas grupales, que acaparó el micrófono, por lo que en determinado momento la expositora dejó de darle la palabra, lo cual le provocó un gran enojo. Al finalizar la conferencia, se fue directo hasta el Lic. “N” y le dijo en voz lo bastante alta para que otros pudiésemos escuchar:

-Oye “N”, esa güerita no me gusta, a ver si la corres de inmediato-

-Pero, señora, no puedo hacer eso- contestó el asombrado “N”.

-¿Por qué no, si tú eres el jefe?

- Porque no es mi subalterna, ella tiene una jerarquía de Dirección en México.

-Entonces no la vuelvas a traer

Así, sin más, la señora mostró su lado oscuro. Típica reacción de alguien acostumbrada a detentar poder. No resistió que se le arrebatara el privilegio de ser la protagonista y centro de todas las miradas. Lo peor de todo es que siempre hay arrastrados y lambiscones dispuestos a cumplir con los caprichos del poderoso o poderosa del momento.


ARMAS BLANCAS: EL ABRECARTAS


 

Por Flor María Vargas Frescas



Hace como un año traigo en mente este texto, al fin hoy salió de su resguardo ante los últimos acontecimientos.
Es sabido en el mundo policiaco que los crímenes llamados "pasionales" con frecuencia involucran armas blancas, cuchillos cebolleros, tijeras, navajas, dagas... El dramaturgo chihuahuense Víctor Hugo Rascón Banda escribió tres piezas teatrales que abordan, desde distintos ángulos, tragedias relacionadas con armas blancas: La navaja, La daga y El abrecartas. La historia acerca de la creación de estas obras, según me relató el mismo Víctor Hugo, se remonta a que él era abogado y en el ejercicio de su profesión conoció distintos hechos criminales que le sirvieron de inspiración.
Aristóteles define a la Tragedia, en tanto representación teatral, como una imitación esforzada de la realidad. Si bien, una obra de arte escénico tiene la intención de representar una realidad, suele trascenderla hasta llevarnos a la catarsis y expurgación de emociones. Así sucede con el teatro de Víctor Hugo R.
En algún momento de mi vida laboral, el Lic. Xavier Chaires, de quien he guardado siempre una muy grata memoria, como el mejor jefe que llegué a tener, me dio el encargo de coordinar en el estado el Programa de Teatro Popular Educativo de la Delegación del INEA en Chihuahua. Más o menos me dijo algo así como "ya se que te gusta la actividad teatral, creo que te va a interesar dirigir este programa" y así fue. Luego de pensarlo un poco decidí acercarme a la Asociación de Teatristas Unidos de Chihuahua, ATUCH, en donde conocí a mi excelso amigo el director teatral Nacho Medrano, quien se incorporó al proyecto de inmediato. Además de promover la creación de grupos teatrales en diferentes espacios educativos para adultos, se nos ocurrió convocar a los compañeros de las oficinas a formar nuestra propia compañía, lo cual a la postre sería una experiencia fabulosa. Secretarias, analistas, intendentes, jefes de oficina, técnicos docentes, nos reuníamos sin falta dos veces por semana para ir aprendiendo las artes escénicas. Montamos diversas piezas teatrales, desde las de Carballido y Urtusuastegui, pasando por pastorelas tradicionales, hasta algunas escritas por nosotros mismos que, por cierto, quedaron publicadas en una antología nacional; viajamos dentro y fuera del estado con las puestas en escena.
Así llegamos a montar El abrecartas de Víctor Hugo Rascón, cuya trama ocurre en un ambiente de oficina de gobierno. Durante las primeras lecturas nos repartimos los papeles, yo quería ser la secretaria exótica pero Nacho insistió en darme el papel de la "Licenciada", la nueva jefa de la oficina, no me gustaba nada el papel pero debí asumirlo.
De acuerdo a los cánones clásicos de la tragedia, el protagonista generalmente es castigado con la muerte como consecuencia de su exagerada soberbia, por creerse más, por violentar un orden y en "El abrecartas" no se hace ninguna excepción a esta regla. La Licenciada, nueva jefa, llega imponiendo su estrenada autoridad, sus títulos en universidades rimbombantes, burlándose de los gordos, los viejos, los feos, los poca cosa, a los que desprecia inclemente, hasta que un día amanece muerta, asesinada con un abrecartas.
Lo que aprendí de la obra y del pensamiento de su autor es que estas escenas se presentan en la burocracia de manera recurrente, sobre todo en cada cambio de administración política, con aderezos especiales según se trate de qué color ideológico llega al poder. Las nuevas o nuevos se aparecen, miran a los otros por encima del hombro, los denostan, ignoran su valía, critican si van al baño, si platican en los pasillos, si comen o no, los obligan a seguir sus erráticas pautas sin sentido puesto que son ellos, los nuevos jefes, los que son ignorantes. El mismo Víctor Hugo, con quien mantuve amistad hasta su partida de este plano, me lo explicó: Se trata de exponer cómo ocurre el arribo de las nuevas generaciones de funcionarios sin experiencia, soberbios, clasistas e intolerantes que terminan siendo aniquilados por su propia incapacidad para ser empáticos. En estos días, el arma blanca por lo regular se encuentra en las redes sociales, donde los agraviados no dudan en explayarse bajo el cobijo del anonimato para restregarles sus desatinos en la cara a los agraviantes. Un meme no corta ni saca sangre pero como duele.
En fin, tengo también muy gratos recuerdos y divertidas anécdotas de las giras y presentaciones de El abrecartas. Ésta que escribe salió del ICHEA hace años, la compañía teatral permaneció hasta mucho tiempo después, representando cada diciembre una diverida pastorela cómica en la que los compañeros podían reírse de sus jefes a sus anchas sin que nadie dijera nada. ¡Todos tan felices! Eso se llama respeto, tolerancia, empatía y es mucho más sano para la convivencia.

Sunday, May 22, 2022

 



El fiasco de llamarse Anton y ser enemigo de la Educación

Por Flor María Vargas

Totem .-

Objeto de la naturalezageneralmente un animal

que en la mitología de algunas sociedades

 se toma como emblema protector de la tribu o del individuo

a veces como ascendiente o progenitor .( RAE)

 

Parte 1   

En mayo del año 2006 me encuentro en la cúspide de la Sierra Mixe en Oaxaca, justo en la plaza central de Mixistlán de la Reforma. El paisaje es inusitado para mí que provengo de áridas tierras norteñas, hacia bajo se extiende un manto de techumbres entreverados entre el verdor de las arboledas, hacia arriba la cumbre está ocultaba tras el sólido macizo de nubes grises que amenaza lluvia. Sentada en una banca está una joven mujer ataviada con el vestido típico de fiesta, la frente bordeada por el tocado tradicional mientras en sus brazos acuna a su bebé de semanas de nacido. Parece una hermosa “Madonna” plasmada por el pincel de algún artista. Me acerqué a conversar con ella y hacerle cariños al bebé que sonreía sin temor al escuchar mi voz.

-¡Qué lindo y sano está tu bebé! ¿Con qué nombre lo bautizaste? –

-Bryan Giovanni- me contestó con gran orgullo -  

No pude menos que sonreír ante la ironía inconsciente de los padres mixes al dotar de dos nombres exóticos a su hijo. Aunque en el fondo si hay una intención, tal vez no muy explícita pero que ahí está, la de apoyarle a trascender su origen indígena para pasar desapercibido en un contexto social que discrimina sistemáticamente todo lo indígena.

Bryan Giovanni debe tener ahora 16 años, con suerte se encontrará estudiando la preparatoria, quizás esté integrado a una banda tradicional de música oaxaqueña, es probable que realice labores agrícolas junto a sus padres, que tenga una linda novia y esté pensando en inscribirse en alguna universidad. Si no tuvo esa suerte, quizás no terminó la primaria porque debió ponerse a trabajar desde edad temprana para apoyar a su familia, o quizás fue captado por algún coyote y traído a trabajar en los campos agrícolas del norte, desgajado de su Sierra Mixe, trasladado en camiones de redilas como ganado, aventado en cualquier campo, sometido a exigentes jornadas de sol a sol y deliberadamente inducido al uso de sustancias que le ayuden a “rendir” la jornada.  En el peor de los casos podría haber sido ya incorporado al sicariato. Tal vez de nada le haya servido llamarse Bryan Giovanni.

 

Parte 2  

Darle nombre al hijo recién nacido regularmente es motivo de grandes polémicas entre los miembros de las familias de hoy; el uso del santoral, como se hacía hasta hace un par de generaciones, ya no satisface a nadie.

Ignoro si exista alguna antropología del nombre y si algún investigador se haya puesto a estudiarlo, pero es evidente que a lo largo de la Historia cada grupo humano ha establecido ritos, a veces explícitos, a veces íntimos, para otorgarle nombres distintivos a los nuevos miembros de la familia y de la comunidad. Hoy en día incluso está regulado por las leyes civiles como parte del Derecho a la Identidad.

Entre los pueblos nativos de América se acostumbraba imponer un nombre relacionado con el tótem protector que tendría el individuo (animal, planta, río, cerro o deidad, según) a lo que se agregaba como referencia el de los padres y de la tribu. Los evangelizadores resolvieron sustituir tal costumbre con la del santo del día según el santoral católico como nuevo tótem y el apellido del encomendero.  

Hay otros ritos, como el de imponer el nombre del padre al primogénito, o adjudicarle el de los miembros muertos de la familia a los que van naciendo para relevarles. Cada uno de estos ritos se actualiza, desde luego, de acuerdo a las dinámicas de las familias y el libre albedrío de los individuos.

No obstante, seguimos utilizando el criterio del tótem para darle nombre a los hijos, solo que la característica del tótem ha variado. Recuerdo que en la película “Novecento” de Bertolucci, el patriarca de la servidumbre decide bautizar al nieto bastardo del patrón, en un gesto de extrema solidaridad que contrasta con el rechazo del poderoso, con el nombre de “Olmo”, otorgándole al recién nacido las atribuciones de robustez y fortaleza que caracterizan al gran árbol. Ciertamente Olmo se convertirá en el líder de la comunidad en su vida adulta.

Hay quien elige nombres de héroes en la Literatura o de la Historia. Los relatos bíblicos y las grandes gestas revolucionarias aportaron importante materia prima para elegir nombres al momento que los padres deseaban distinguir a sus hijos con un espíritu de grandiosidad. Abundan los David, Moisés, Noé, Sara, Raquel o Betsabé.  Napoleón fue muy socorrido y, aunque parezca insólito, en Italia un señor Mussolini, de convicciones anarquistas, decidió nombrar Benito a su hijo en honor al presidente mexicano de origen zapoteca Benito Juárez; decisión bastante fallida porque el tirado fascista Benito Mussolini poco honor le hizo al nombre que portaba.

Cada generación define sus paradigmas hasta para eso y los nombres de los hijos son elegidos de acuerdo a los personajes protagónicos del momento, como en un afán de garantizarles la protección del tótem correspondiente y otorgarles personalidad o poder. Solo que muchas veces los hijos resultan ser un fiasco, la responsabilidad les queda grande, simplemente no son merecedores del nombre.

La era soviética dejó en el mundo miles de Lenin, Vladimir, Iskra, Anton, Pavel, Valia;  los indigenismos  procuraron los nombres de  Cuauhtémoc, Cuitláhuac, Moctezuma, Teporaca, Inti,  Atahualpa, Eréndira,  América, etc.  Hay también los que son alegóricos:  Esperanza, Caridad, Consuelo y en sus versiones liberales: Libertad, Democracia, Victoria. Pero, insisto, portar un nombre con tanta carga ideológica no siempre resulta afortunado, hay montones de lenines que andan por ahí que son simplemente un fiasco o caridades que son una diablas.

En la película de comedia “Flashback” de 1990, el protagonista es un agente del FBI (Kiefer Southerland) , muy formal y conservador, cuyo nombre verdadero era  Free Freedom y había crecido en una comuna hippie pero había renegado de todo ello  para convertirse en un republicano agente federal.

 Yo por lo menos conozco el caso de un hombre llamado Antón (por Makarenko), hijo de padres dedicados a la educación y militantes de organizaciones gremiales de izquierda, que no solo es ignorante, es el peor enemigo de la educación con el que he tenido que interactuar. Es un fiasco total.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Sunday, November 07, 2021

¿Cambios en la UACH?

 

¿Cambios en la UACH?

 

Todo este argüende mediático acerca de los fallidos cambios académicos en la UACH me hizo recordar que dicho planteamiento estaba sobre la mesa desde hace décadas, básicamente porque la estructura por departamentos es característica esencial de la Universidad oficial con mayor prestigio académico en la entidad, la UACJ, o sea, que no era ni nueva ni original y, por lo menos, ya se había comprobado su efectividad y pertinencia.

 También me hizo recordar cierta anécdota universitaria por demás jocosa -al menos para ésta que escribe-.

Había en la FFYL un catedrático insigne que alguna vez llegó a ser Director en dicha facultad, bastante sui  géneris en muchos sentidos pero bastante querido por el alumnado, que tenía la costumbre de repetir siempre tres veces sus afirmaciones durante una conversación e incluso en su cátedra.

Salíamos a los jardines un grupo de alumnas cierta tarde, cuando nos interceptó el maestro por los andadores.

 (Entre paréntesis, como ustedes saben, querido lectores, para cuando estaba cursando los últimos grados de la carrera en FFYL, yo ya tenía una larga trayectoria en Educación de Adultos, por lo que había alguna disparidad en edades y experiencia con mis condiscípulas, cerrado el paréntesis continúo.)

 El maestro se dirigió a nosotras:

-¡Muchachas, vengan acá, donde no nos vean!- Y nos jaló hacia un rincón cercano a los muros del plantel, hablándonos con voz secretosa:

 – Ya va a haber elecciones para elegir el nuevo director, voten por mi compadre el maestro “S”, voten por él, voten por él, el pobre ya tiene años haciéndole la lucha y no queda, no queda, no queda mi compadre-.

Ésta que escribe no daba crédito a lo que escuchaban sus oídos y veían sus ojos porque evidentemente se estaban violando varios preceptos normativos y éticos desde el momento mismo que un catedrático, con ascendencia académica sobre las alumnas, ejercía su “liderazgo” para  influir en las decisiones políticas de ellas.

Me quedé muda inicialmente porque ya había tenido antes una conversación difícil con el mismo maestro cuando le reclamé, años atrás, que se dirigiera a los compañeros y compañeras como “tontos”, “idiotas”, “tarados”, “memoria de teflón” , les pusiera apodos denigrantes como “la chupacabras” a una muchacha muy morena de su piel y otras lindeces. En esa ocasión le expresé mi consternación porque  le diera ese trato a las alumnas y alumnos que además ya no eran niños sino jóvenes adultos, inteligentes y con criterio. Claro que esa vez me tomó cierto respeto a mí, pero no cambió con los demás.

Entonces solo atiné a decir: 

- ¡Maestro, no puedo creer que usted nos esté diciendo eso!-

-¿Por qué no? ¿Qué no sabe usted que la otra candidata va a apoyar la propuesta de “n” para que conviertan la UACH en Departamentos, y desaparezcan las facultades? O sea que nos van a “juntar” con los de Bellas Artes, a nosotros, dejaremos de ser FFYL.-

-¿Y eso qué tiene? Así está la UACJ-  

-¿Cómo que qué tiene? ¿Qué vamos a hacer nosotros  revueltos con toda esa bola de “jotos” (SIC)? Nos van a confundir-

En este punto de la conversación solté tremenda carcajada, la verdad, entre el nervio de la situación y el ridículo que me parecía estaba haciendo ese señor, no pude evitar dicha reacción.

-¿Por qué se ríe Flor, por qué se ríe, por qué se ríe, le parece de risa?-

En eso  comprendí que debía moderarme si no me quería exponer a una calificación reprobatoria, aunque dentro de mi pensaba que el hombre estaba cometiendo tremendos juicios discriminatorios y hasta cuestionables dada su propia personalidad. Así que solo agregué:

-¿Está usted seguro que todos, maestros y alumnos de Bellas Artes son como usted los está pintando? No doy crédito a que usted, maestro, use dichos argumentos-

- Claro que sí, si son “jotos”, tooodos, bueno menos mi amigo “T” y su esposo “R”, ellos no, ellos no, ellos no son-

Aquella conversación, definitivamente cabía en el llamado “Teatro del absurdo”, así que pasó a ser, para mí, en lo inmediato y a la distancia de los años, una experiencia de vergüenza ajena. Casi la olvidé.

Como 10 años después nos vimos nuevamente, en una de esas reuniones de nostalgia, aquel grupo de amigas y condiscípulas y les pregunté:

-¿Se acuerdan cuando el maestro “M” nos pidió que votáramos por su compadre porque la otra candidata nos iba a juntar con los de Bellas Artes?-  Ellas contestaron afirmativamente, por lo que les hice otra pregunta: -¿Y por quién votaron? Yo nunca les pregunté en ese entonces por respeto a la secrecía del voto.-

-Por el compadre- dijeron ellas.

O sea que si fue efectiva la intervención del “insigne”. Me dio cierta tristecita al constar que ESE es el nivel de análisis y discusión de mi Alma Mater.

 

 

Thursday, October 21, 2021

Resistencia

 

LA RESISTENCIA DE LA MAESTRA MALDONADO

Por Flor María Vargas

 

-Me levanto cuando canta el primer  gallo, salgo y toco el riel para que los niños en sus casas se pongan en pie y vayan a lavar el nixtamal; al segundo gallo toco otra vez el riel para que los niños se laven cara y manos, se vistan y desayunen; ya cuando el sol se ve un poco arriba del horizonte toco nuevamente el riel, ahora si para que se vengan a la escuela-

Esa fue la respuesta de la profesora Maldonado cuando le preguntaron en que horario atendía su escuela unitaria y multigrado en el poblado de “El terrero”, una comunidad de la campiña chihuahuense que no rebasaba  los 500 habitantes, allá por la década de los 50s del siglo pasado.

En aquellos años,  mi padre, el Profr. Daniel Vargas Gamboa, era inspector escolar en esa  zona rural de la entidad. Según cuentan, entre muchas anécdotas de todo tipo  derivadas de las condiciones en que se desarrollaba la labor del maestro en esas comunidades rurales,   generalmente alejadas de las vías de comunicación, que dos veces al año  el profesor o profesora  debía presentar, en la sede de la Inspección,  un informe detallado de su tarea educativa, la organización de su escuela, horarios, alumnos, incidentes. Ese año estrenaban un formato diseñado para ello.

Si actualmente resulta difícil acceder a muchos puntos geográficos distantes en  nuestro territorio, hace 60 años aquello era muchísimo más complicado, sin vías de ferrocarril suficientes,  carreteras ni vehículos de motor asequibles, sin telefonía, cualquier traslado se hacía a lomo de caballo y había que confiar  casi ciegamente en la buena disposición de las y los profesores que se hallaban solos con su soledad en las comunidades.

La secretaria de la Inspección  recogía los informes, los más presentables  elaborados a máquina, la mayoría escritos a puño y letra. Uno de esos días, respondiendo al llamado que le hizo el Inspector, se presentó la Srita. Maldonado.

La profesora andaba como en los 45 años de edad, el  cuerpo todavía firme, su rostro moreno y cabellera ensortijada delataba un origen afroascendiente;  zapatos muy gastados pero bien lustrados, pulcras medias de popotillo, vestido de color oscuro con encajes en el cuello, una medalla dorada pendiendo de un broche en el lado del corazón. Su cuidadoso atuendo, aunque sencillo y humilde, reflejaba la formalidad que debía portar hombre o mujer dedicados a la noble tarea de enseñar. Era el vivo retrato de la maestra rural en las medianías del siglo veinte.

-¡No, yo no puedo llenar eso, no le entiendo! – fueron sus palabras cuando vio el formato del informe.  Dicho esto, la secretaria se ofreció a llenar el formato y comenzó a interrogarla:  

-¿A qué horas abre la escuela? ¿Cómo? ¿Cuándo sale el sol en el horizonte? – Y tecleó en la vieja máquina Remington de la oficina musitando:  –Pongamos que a las 9 de la mañana- . Y continuó el interrogatorio: - ¿A qué horas les da receso?-

-Pues mire – contestó la srita. Maldonado -cuando está el sol a mero arriba y que comienza a sentirse fuerte  el calor, los dejo salir para que vayan  a comer a su casa bien comidos, su sopita, tortillas recién hechas, frijoles, que estén bien alimentados y que duerman una siesta para que crezcan fuertes y sanos. Ya que comienza a bajar el sol les vuelvo a tocar el riel para las clases vespertinas-

Lo que la secretaria tradujo como: “Salen a la una y regresan a las 4 de la tarde”.

En otra ocasión la profesora Maldonado mandó una extensa misiva, como de 10 hojas, escrita con elegante letra cursiva del método Palmer,  con el objetivo de solicitar cambio de adscripción. En la  carta  explicaba que, aunque tenía ya varios años  ejerciendo la docencia en esa escuela y por sus aulas habían pasado una cantidad de niñas y niños que ya eran hombres y mujeres de bien,  en los últimos tiempos se encontraba totalmente a disgusto y hasta temerosa.

Describía que ese año escolar  se le había metido la idea al señor Isidro Balderrama, padre de familia y personaje con mucha predominancia en el lugar, de quererla seducir. El hombre, ya medio madurón, tenía fama de ojo alegre, pero que ella nunca jamás aceptaría las proposiciones de un hombre casado y se había negado de todas las maneras posibles, primero se hizo como que no entendía, y de verdad no lo quería creer; luego, fue un contundente no.

Sin embargo, seguía la explicación, al sr. Balderrama parecía que le decía que sí y para colmo le había dado por irle a tocar en la ventana por las madrugadas, así que,  temiendo lo peor, ella decidió prepararse colocando unos baldes de agua cerca de la puerta a manera de protección. La madrugada del domingo anterior sintió cómo el hombre venció la chapa de la destartalada puerta de la “casa del maestro”,  pero que  en cuanto él asomó la testera ella le arrojó los baldazos de agua serenada. El hombre, sorprendido, no tuvo más remedio que irse mojado de pies a cabeza en medio de la nevada que en ese momento estaba en su apogeo. Luego se enteró que el hombre había cogido una terrible neumonía de la que estaba aún convaleciente. Así contados los sucesos la profesora Maldonado insistía en su cambio inmediato, por la vergüenza y el miedo de hallarse sola y vulnerable en aquella comunidad donde había vivido tantas y hermosas experiencias como maestra rural de escuela unitaria.

Pasan las décadas y aunque ha habido muchos avances tecnológicos y científicos, lo esencial permanece; la pobreza del medio rural en México permanece y  todavía hay centenas de miles de escuelas unitarias en comunidades rurales apartadas, en  donde igual número de profesores mexicanos viven cada día sus jornadas laborales tratando de adaptarse a las condiciones de vida que ofrece la comunidad y, desde luego, resistiendo a  situaciones de vulnerabilidad extrema.

 

 

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Wednesday, November 18, 2020

DE LA EMPATÍA Y LOS FONDOS FEDERALES DESAPARECIDOS

 

“…¡Cuídate del indiferente!…

¡Cuídate de los nuevos poderosos!

¡Cuídate del que come tus cadáveres,

del que devora muertos a tus vivos!...”

 

España, aparta de mí este cáliz (fragmento)

César Vallejo

 

Quienes realizamos labores cercanas a los grupos sociales vulnerados  hemos sentido como una patada de mula la noticia de la desaparición de los fondos de desarrollo social, entre ellos los educativos,  destinados a atender a la población que sufre algún tipo de condición de vulnerabilidad; fondos  que se habían instituido sexenios atrás con el fin de “paliar” un poco las  carencias perpetuadas por décadas de indiferencia social hacia las condiciones de vida de los indígenas,  madres trabajadoras, adultos mayores,  campesinos,  jornaleros agrícolas,  niñas y adolescentes embarazadas,  personas con discapacidad, pacientes de enfermedades terminales.

Simplemente no entendemos dónde se halla el razonamiento o  hilo argumentativo que justifique  tales decisiones porque en carne propia hemos sufrido las veinte mil formas en que se presenta la discriminación contra estos sectores de población, nos consta que de ningún lado salen recursos para atenderlos y dudamos fehacientemente que a partir de ahora se implemente algún flujo de recursos para su atención, porque desaparecen los fondos pero no se ven propuestas alternativas.

Desde mi trinchera advierto una gran indiferencia  de los funcionarios de primer nivel que toman decisiones  y de los políticos que  legislan  las políticas públicas, ignorancia, negación, obsesionados como están por conservar el poder.

Alguna vez escuché a cierta conocida mía, dizque “asesora política”, decir en una reunión que para qué se gastaba en publicidad y giras por la sierra si los inditos no votaban. Los parias no votan, las niñas embarazadas no votan, los jornaleros agrícolas analfabetos no votan, los indígenas monolingües no votan, los discapacitados no votan, los enfermos de cáncer no votan, por tanto no existen en los cálculos políticos. 

Al inicio de algún sexenio local  el nuevo gobernador debía presentar su Plan Estatal de Desarrollo como es costumbre, sesudos  expertos en los temas fundamentales trabajaron en la redacción días y noches hasta tener un magnífico documento. Ya impreso, a escasos días de su presentación, se dieron cuenta que olvidaron todo lo indígena, la sierra, los municipios más pobres. Nadie convocó a los ineficientes expertos, un equipo distinto asumió el reto de componer el documento.

En otro sexenio si se incluyó la mención a los vulnerables pero los funcionarios designados para bajar y operar los programas, de los que portan el lustre de ser egresados de instituciones de educación superior privadas, no les gusta ensuciarse los zapatos, eran totalmente ajenos y faltos de empatía hacia los pobres. Solamente no comprendían nada de lo que se trataba. Casi casi como la reina María Antonieta cuando, extrañada porque los parisinos estaban enojados con ella y sus damas de compañía le hicieron ver que tenían hambre pero no había suficiente pan para alimentarlos, entonces contestó: “Si no hay pan denles pasteles”. La frivolidad en toda la extensión de la palabra.

En medio de la discusión con una funcionaria, en donde yo me quejaba de la falta de apoyos por parte de la burocracia de su dependencia gubernamental en concreto, me dijo ella que había que cultivar la empatía y sí, yo lo acepté, es necesario cultivar siempre la empatía, pero en términos de la pirámide jerárquica que prevalece en estas entidades de gobierno, quienes tienen la obligación de cultivar la empatía son los de arriba hacia los de abajo, no al revés.

Tampoco es posible pedirle al rarámuri que pide kórima para llevarse algo de comida al estómago por ese día, que sea empático con el capitalista que  cena  cortes finos de carne en el club, sino por el contrario: Quién tiene más es el que debe mostrar empatía por quien tiene menos.  Una niña que fue embarazada en circunstancias de violencia de género no tiene por qué ser empática con el director de la escuela que la expulsa por dar mal ejemplo, no, es el funcionario de educación quien debe ser empático con las necesidades de sus alumnos.

Estamos pues, en un punto muerto, se acaban los “fondos” pero no hay programas que los suplan en el proyecto del gasto del gobierno para el año entrante y, en manos como hemos estado y seguiremos estando, de una clase política autista a la realidad de esto sectores de población, lo que tendremos en delante es menos educación, menos alimentación, menos trabajo digno, menos servicios de salud y  si más vulneración de los derechos, más pobreza, más hambre, más enfermedades catastróficas, más tráfico de personas, más incorporación de niñas a la prostitución, de niños al sicariato,  más explotación y esclavismo, más muertos en condiciones ignominiosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

   

Saturday, October 24, 2020

 








LAS VENTAJAS DEL CONCEPTO ABIERTO

 

1

Primer sábado del regreso al semáforo rojo, las noticias de los contagios por COVID19 van cerrando  mi cerco de protección y el de mi familia. Algo hay de desesperación en el oxígeno que alimenta mis pulmones, ya de por si contraídos por la permanente contaminación que circunda la cotidianidad de una ciudad como ésta, seca y soleada, lacerada por el continuo rumor de los motores de automóviles humeantes.

¿Cómo iniciar la rutina sabatina  a sabiendas de que hay que enviar los pésames y que no será posible abrazar, ni tender la mano, ni acercarse? Lágrimas.

De madrugada soñé que me cambiaba de casa, sueño recurrente desde hace años, de cuando dejé de soñar que volaba. Los sueños de cambio de casa no suelen ser afortunados en mi semiótica personal. A veces las casas del sueño están en obra negra, o derruidas de tan viejas, o bombardeadas por extrañas guerras civiles o amenazadas por delincuentes; a veces son mejores y más lujosas que mi casa actual pero algo hay que las hace inhabitables para mí. La de esta madrugada era hermosa, llena de agradables rincones, solo que mis mascotas Mancha y Owí no tenían cabida. Finalmente el agradable sueño se convirtió en angustiosa pesadilla al mirar la sufrida carita de mis compañeros de vida y surgir la interrogante: ¿Qué hacer?

Ya con la luz del amanecer abro los ojos en mi habitación y me abrazo a las almohadas, me aferro a no salir de aquí, a permanecer entre estas  paredes claras y la furtiva presencia del astro que  traspasa  las cortinas traslúcidas.  

 

2

Primer sábado del regreso al semáforo rojo. Ropa en la lavadora, agua calentándose en la estufa. El sol en pleno inunda mi pequeña sala-cocina-comedor (diseño  de algún arquitecto del sistema con ideas avantgarde tercermundistas) y se topa con los cuadros, los libros, las plantas, las cerámicas, se desparrama sobre la mesa de madera que amo y todo en conjunto me vuelve a la acción. Las ventajas del concepto abierto.

La lluvia energética de “You Should Be Dancing” es  mi mantra para empezar, sigue  “Stayin alive”, bailo frente al espejo recordando aquellas tardes de Disco Dance  de la adolescencia. A ritmo de  de “YMCA” abro el refrigerador, casi fin de mes, muy pocas cosas: un huevo, medio litro de leche, medio kilo de harina, una pera, algo de mermelada de ciruelas,  si acaso una cucharada de mantequilla, dos rebanadas de jamón. ¡Listo, ya se: crepas!

Las malas épocas me enseñaron a hacer mucho con poco y no me puedo quejar  en realidad, por suerte tengo un “fin de mes”, un refrigerador, una estufa,  un reproductor de música con bocinas, hay quien no tiene nada y ninguna posibilidad en medio de la Pandemia.

La receta clásica de crepas lleva por cada 100 gramos de harina, una taza de leche, un huevo, una pizca de sal y una cucharada de mantequilla derretida, mezclo todo en licuadora mientras bailo “Disco Inferno”. La placa de hierro se encuentra a punto de calor, vierto la mezcla y veo cómo se va  formando la tortilla. Ojo –me digo- tiene  que quedar delgada, lo suficiente para poderla enrollar. Van una tras otra, al final tengo un altero de crepas en la charola. ¿Para qué tantas, me digo, solo estoy yo aquí, confinada, sin pareja, los hijos en sus propios hogares. Nadie a mi lado que disfrute las delicias de este platillo.

Con “We are familiy” a todo vuelo, dispongo la mesa. Lugar solo para uno: Mantelillo, plato extendido, cuchillo y tenedor, taza para el té, copa para el jugo. Con cuidado acomodo la fruta, el jugo, las crepas, relleno con mermelada artesanal. Para compensar tanta azúcar (no resultó ser un desayuno tan sano) vierto té negro chai en la taza y de inmediato se incrusta en mis narices el divino aroma de las especies que contiene: canela, clavo, jengibre, anis. Me congratulo nuevamente porque todavía tengo olfato, gusto, oído, vista, tacto y sentido del ritmo, como gustosa mientras  “A tast of honey” me hace mover los pies.

“I will survive” no puede faltar, me levanto de la mesa para seguir bailando; brinco, levanto el brazo y grito:  I will survive, I will survive, I will survive!!! Veo la charola de crepas y decido: Las compartiré como las abuelas que hacían kilos y kilos de galletas para todo el barrio, porque sea como sea, sobreviviré, sobreviviré.

 

 

Tuesday, November 13, 2018

NO MORIR EN EL INTENTO 2


LA BUR-R-OCRACIA

El término “burocracia” viene del francés bureaucratie, y este de bureau que se traduce como  mesa, escritorio, y -cratie, -cracia: gobierno. Regularmente, al hablar de burocracia se le asocia con ineficiencia y exceso de trámites y papeleo que no llevan a ningún lado, así como en el ejercicio del poder para sostenerse  a sí misma en el poder.
Cuando inicié mi colaboración con el INEA lo hice, como muchos, inspirada en las enseñanzas de Paulo Freire y con la firme intención de contribuir en el combate a la ignorancia. El INEA era una institución naciente y la mayoría andábamos en la veintena de edad. Bastante jóvenes y soñadores, fuimos capaces de crear lo que no existía a base de pulmón. Todos los primeros años mi labor fue en el campo, en las colonias de trabajadores y de paracaidistas, y posteriormente en el Programa de Educación Básica en Centros de Trabajo. Pasé de visitar casa por casa a los usuarios y de negociar con los dirigentes de las colonias, fueran del PRI o del CDP, a negociar con gerentes y propietarios de toda la gama de empresas de la iniciativa privada y del sector público, para llevar los servicios de educación básica para adultos a los centros laborales.  Esas experiencias quedaron plasmadas en un texto que obtuvo un tercer lugar en el  concurso de testimonios de la educación convocado por el CIDA cuando lo dirigía el Dr. Armando Loera.
Lo que no fue reflejado en ese texto era la repugnancia que me ocasionaba la burocracia, a la que percibía como enemiga acérrima  de la educación. La burocracia con sus interminables papeleos y temporalidades mataba toda buena intención. Más de una vez me confronté con los compañeros burócratas porque le negaron alguna constancia o certificado de estudios a alguien, o porque los hacían esperar horas o dar vueltas y vueltas antes de “hacerles el favor”.
Cierta vez le negaron atención a una señora que había logrado escapársele al marido –era un caso extremo de violencia intrafamiliar-  y yo fui al día siguiente a reclamarle a la compañera por su desatención, haciéndole ver lo difícil que era para la persona acudir a las oficinas, ella nada más me veía sin proferir palabra alguna; ya desahogada y con el documento en mano me fui a llevárselo a la usuaria.  Sin embargo, durante mucho tiempo llevé el cargo de conciencia por haber sido imperativa con la compañera y como veinte  años después le pedí disculpas, ella simplemente me respondió: “Ni me digas, yo estaba muy apenada contigo, tú te preocupabas tanto por los adultos”.
Por esas fechas escribí un cuento, a todas luces inspirado en esas vivencias, que fue publicado creo que en El Heraldo. Obvio que fue leído por los directivos de la institución y alguno llegó a comentar con disgusto que yo los juzgaba de “burócratas”. No obstante, el dichoso cuento fue premonitorio y pocos años después fui invitada a incorporarme a la plantilla de funcionarios de la institución  para hacerme cargo del  área  de Participación Social.
Más pronto cae un hablador que un cojo, digo yo siempre, porque rápidamente me vi convertida en "burócrata". Entre las importantísimas actividades que debía realizar estaba la de llevar el seguimiento de un formato –bendito invento de la burocracia el “formato”- para medir los logros en Participación Social. Los coordinadores de zona debían registrar ahí toda acción producida por efectos de la solidaridad y calcular en dinero hipotético lo que había sido ingresado. Era bastante absurdo y yo, claro que les exigía su cumplimiento como si en ello me fuera la vida, hasta que me dieron una lección inolvidable.
Cuando vi entrar al compañero de Guachochi por mi oficina le reclamé su falta de cumplimiento con dicha información; él, que era bastante rijoso, logró controlar su ira para responderme que no tenía manera de mandarlo, a lo que yo le contesté: “pues mándalo por fax” (aún no existía el internet). En ese momento aquél soltó una carcajada estruendosa para espetarme en la cara: -¡Será por burrofax! ¿Qué te hace pensar que hay fax en Guachochi?- . Tenía toda la razón, en esos tiempos no había carretera para Guachochi, la comunicación más avanzada se hacía por Teléfonos del Estado y ésta que escribe, como buena "burócrata", jamás había puesto un pie en aquellas latitudes, pero eso si,  me creía capaz de imponer mis  inexpertos criterios.
Afortunadamente, en cuanto pude me libré de ese destino. Ser "burócrata" no está con mi esencia creativa. Luego de eso estuve muchas veces en Guachochi y recorrí prácticamente todo el Estado para conocer  su geografía, su gente y empaparme de la realidad. A nadie le sobra un baño de pueblo.
Después  decidí poner miras hacia otros objetivos que me dieran más satisfacción, que tuvieran más relación con mi visión e ideología, en la defensa de los derechos de la mujer,  la promoción cultural, el fomento a la lectura, los derechos de los pueblos originarios, la investigación educativa, el diseño de materiales didácticos y desde luego la literatura y el periodismo cultural. He transitado por diversas instituciones, he conocido gente, me he enriquecido con la sabiduría de muchos compañeros y compañeras de trabajo. He aprendido de la mejor y la peor manera, pero siempre en la misma línea, la de la creatividad versus la destrucción.
He conocido a todo tipo de personas y todo tipo de situaciones. Hoy en día, por desgracia, me he topado nuevamente  con algún o alguna burócrata  de esos que odian a la humanidad y que fincan su valía personal en la capacidad de obstaculizar al otro.
El "burócrata" aberrante es incapaz de comprender la misión de la institución en donde se desempeña, para él -o ella- su mundo se reduce a lo que sucede alrededor de su escritorio y el podercito que detenta a través de su firma y sellos; se aferra a sus “formatos”, a sus estúpidos procedimientos, es sádico y disfruta haciendo sufrir a quienes llegan a realizar cualquier trámite con él. Que la firma tal, que el folio ese, que las mil copias, que me caes gordo y no te tramito nada o por lo menos te aplico el “tortuguismo” a ver si te cansas y te largas. Los reconoce uno porque regularmente muestran una sonrisa sarcástica y de burla mientras su víctima trata de desentrañar su perverso discurso.

 ¡Válgame Dios! Toparse en la vida con un o una "burócrata" de ese proceder  es peor que recibir una patada en el cu-tis.
Debo aclarar que no todos los que trabajan como burócratas son “burócratas”, también hay buena gente.

Monday, July 16, 2018

 NO MORIR EN EL INTENTO I
Flor María Vargas

No morir en el intento es mi principal regla de sobrevivencia. Siendo mujer a la que le han crecido las ideas y de la que suelen decir cosas muy feas –como dice el verso de la canción aquella de Gloria Martín-  está dado por sentado que todo el tiempo deberé navegar a merced de  la corriente en este mundo androcéntrico regido por hombres machistas, con la colaboración decidida de  mujeres híper  machistas. En este navegar no soy única, somos muchas pasando por ese tránsito. En realidad somos legión.  Algún día, que llegará pronto, me dedicaré a escribir mi testimonio de la lucha continua por ser mujer y no morir en el intento.
Todavía era adolescente cuando llegó a mis manos un libro sorprendente, fue un best seller mexicano de la época titulado “Anecdotario de una vida inútil pero divertida”, cuya autora, “Fulana de tal”, permanecía en el anonimato. La escritora decidió publicar sus memorias, según ella misma lo afirmaba, por consejo de su terapeuta, en una edición mal hecha de imprenta. Se dice que llegó a colocar más de 40 mil ejemplares.
La autora tuvo la delicadeza de nunca revelar la identidad para no perjudicar a su familia, ya que Fulana de tal era, en la realidad, una joven perteneciente a la empoderada clase política nacional. Ella decidió poner en papel lo que veía cotidianamente, describiendo con pelos y señales el medio donde  se desenvolvía la inútil vida de una mujer joven de clase alta en aquel México de mediados del siglo XX, rodeada de lujos, privilegios y canonjías inmerecidas. La protagonista podía tener lo que quisiera, las mejores escuelas, auto, chofer, si quería trabajar por matar el tiempo tendría empleo bien remunerado por ser hija de quién era , aunque solo fuera de “aviadora”; atención de los playboys más codiciados de la clase política, de hecho posibilidades de un redituable enlace matrimonial; fines de semana en Acapulco, viajes a Europa en el avión presidencial, mientras que en los escalones más bajos de la burocracia se revolcaban como gusanos miles de empleados sometidos y explotados, que solo podrían levantar cabeza a base del servilismo y la corrupción.   Todo ello aderezado con una  narrativa muy divertida, como lo dice el título.  
Por su carácter anónimo, su espíritu crítico y tal vez sin proponérselo, “Anécdotario de una vida inútil pero divertida”  abreva indiscutiblemente de la tradición picaresca novohispana ( Periquillo Sarniento).
El libro llegó a mis manos como se fue, en una prestada, porque para eso son los libros, para que circulen. En fin, hace algunos años quise volver a leerlo y  empecé a preguntar aquí y allá, sin éxito. A lo sumo, localicé por vía telefónica a la secretaria del albacea de los bienes de la autora, ya fallecida, quien quedó de hablar después para confirmar si podría conseguirme un ejemplar. Pasó el tiempo y nada. Hoy me enteré que ya se encuentra en Amazon. ¡Excelente! Pediré  uno en cuanto se pueda.
Poco después aparecieron otros dos libros autobiográficos de escritoras mexicanas que también me causaron gran impresión: “Tal cual. Vida, amores y cadenas” de Irma Salinas, y “A calzón quitado” de Irma Serrano. “Las Irmas”, como solía decirse en  algunos círculos para referirse a las dos autoras y a su increíble irrupción en el mundo editorial de México como si fueran parte de una misma dupla, fueron mucho más reveladoras que Fulana de tal. Para empezar nunca ocultaron su identidad, ambas afamadas, una por la industria del espectáculo y la otra  por pertenecer a familias  extremadamente poderosas en la vida económica del país, simplemente le dieron rienda al desahogo, pero con mucho más cuidado editorial.
¿De la Serrano qué puedo decir? Se trataba de su primer libro autobiográfico, escrito con mucha amenidad, muy acorde a la estrambótica personalidad que portaba de mujer entrona y empoderada,  y desde luego que nos alimentó el morbo a millones de mexicanos ávidos de destrozar la imagen del expresidente Díaz Ordaz, odiado  por la masacre de Tlatelolco, tan feo pero tan cachondo según se supo. No se diga la imagen del presidente Echeverría que, siendo el Secretario de Gobernación, servilmente  le pelonaba las manzanas a la amante del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas  Mexicanas, o sea don Gustavo, y que muy probablemente habría intrigado con la primera dama para instrumentar la persecución de que fue objeto la Tigresa, a quien de pronto se le cancelaron contratos y compromisos artísticos de todo tipo por órden de la ñora Díaz, lo que ocasionaría a la postre  el rencorcillo de la diva de la canción vernácula que devino en el éxito de librería.  Situaciones de esas ocurrían en los años sesentas del siglo pasado y, aunque lo duden, suceden todavía en nuestras sociedades donde impera la doblemoral.
En cambio, a propósito de hipocrecía y doblemoral, la lectura de “Tal cual” solo podía suscitar dolor e indignación. Nos puso al tanto del clasismo y conservadurismo de los potentados postrevolucionarios ( aunque más más bien añorantes de Don Porfirio) , de la opresión en la que vivían las mujeres de la Hig Sociality en México, de la infinita discriminación por razones religiosas en una nación  pretendidamente laica, de la miseria y avaricia de una clase social que tiene todo  pero siempre quiere más. Simplemente para llorar.
El punto es: ¿Cómo escribiría la autora su testimonio de vida? Me gustaría, desde luego, un estilo divertido como el de Fulana de Tal, con el arrojo de la Serrano, pero ni soy divertida, mucho menos empoderada como lo era La tigresa. Lo más probable es que me acerque al doloroso caudal de indignación de la Salinas, con la diferencia de que la neolonesa escribió sus memorias cuando ya estaba del otro lado del arroyo, a salvo. Mientras que ésta,  la del teclado, sigue practicando el rafting en peligrosas aguas y sin salvavidas.    







Tuesday, May 01, 2018

LECCIÓN DE ECONOMÍA DOMÉSTICA 2





Mira, Bartola, ahí te dejo esos dos pesos, pagas la renta, el teléfono y la luz; de lo que sobre, coge de ahí para tu gasto, guárdame el resto para echarme mi alipús…”. El gran cronista musical de México, Chava Flores, siempre tan atinado, describió en una canción titulada Peso sobre peso, las penurias que suele sufrir el ama de casa común para estirar el “chivo” que da el marido para los gastos de la familia. El autor exploraba con comicidad el triste estatus de la esposa que hacía milagros para la sobrevivencia mientras el marido le escamoteaba hasta el último centavo. Desde luego subyace la crítica social y la denuncia, tanto de los bajos ingresos con que debe subsistir una familia promedio en México, como del  machismo que victimiza a la mujer haciéndola responsable de la insuficiencia. Esto era así en los años cincuenta del siglo XX cuando  la canción fue un éxito radial, y sigue siendo casi igual hasta  la fecha.
Algunas décadas después del lanzamiento de “la Bartola” –como se conoce la canción- un editorialista chihuahuense bastante reconocido  publicó un texto que yo recuerdo particularmente con agrado, en éste el autor elogia la capacidad de su esposa para cuidar la buena marcha del hogar, como dar de comer a la familia de seis con medio kilo de carne molida y aguantar toda la increíble cantidad de faenas hogareñas, desde preparar alimentos, ir al mercado, lavar y planchar la ropa, ayudar en las tareas escolares de los hijos y hasta hacerla de enfermera, chofer, jardinera y demás, llevando en el estómago solo una taza de café y una tostada.  En ese tiempo, siendo  yo también madre de familia con dos hijos pequeños, que reinaba en mi hogar a duras penas con los 100  o 150 pesos por semana que proporcionaba el príncipe consorte, le agradecía al editorialista su sensibilidad.
Como quiera, la fama de buenas administradoras de  las carencias sigue siendo privilegio de las amas de casa, de donde se infiere que cualquier empresa dirigida por mujeres podrá sobrevivir en la escasez.
Una de las formas más sutiles que adopta la violencia de género, pero no menos brutal en consecuencias, está relacionada con esa idea de que, como a la Bartola, a la mujer le basta con dos pesos para administrarse, por lo que en muchos  ambientes de la función pública los recursos destinados a proyectos de mujeres o bajo la dirección de mujeres, son mucho menores que otros, para no hablar de la disparidad de los sueldos que reciben en relación a los de los varones.
Actualmente se presume de que los gabinetes de funcionarios de la administración pública son totalmente pares, es decir que existe una participación 50/50 de los géneros en posiciones de primer nivel. Antes de aceptar como cierta esa aseveración me gustaría conocer los presupuestos que se le otorgan a cada dependencia, estoy segura que no resistirían una comparación de género pues es evidente que, en proporción,  aquellas áreas que son presididas por mujeres son las que detentan menos recursos económicos, humanos y de infraestructura. Podría decirse que  son  apreciadas como las menos importantes en los organigramas  organizacionales, las de menos trascendencia en las políticas de estado, las de menor influencia, las de menos “power” al final del día, aunque en algunos casos excepcionales sean las que mejor responden y las que permanecen más leales a los principios de la gestión. Es una pena realmente porque se desperdicia talento y vida.
El día en que sean mujeres las que estén a la cabeza de las dependencias con mayor influencia en el organigrama del ejecutivo de gobierno, cuando  sean ellas las titulares de las Secretarías de Gobierno, Hacienda, Educación, Salud, Desarrollo Social, Desarrollo Rural, Fiscalía y Obras Públicas, y no solamente en áreas donde se les escamotean hasta los dos pesos de la Bartola, entonces si será posible creer que existe igualdad entre géneros y reconocimiento pleno de la capacidad de las mujeres para conducir las políticas públicas. Por lo pronto solo es discurso sin contenido.