Saturday, October 24, 2020

 








LAS VENTAJAS DEL CONCEPTO ABIERTO

 

1

Primer sábado del regreso al semáforo rojo, las noticias de los contagios por COVID19 van cerrando  mi cerco de protección y el de mi familia. Algo hay de desesperación en el oxígeno que alimenta mis pulmones, ya de por si contraídos por la permanente contaminación que circunda la cotidianidad de una ciudad como ésta, seca y soleada, lacerada por el continuo rumor de los motores de automóviles humeantes.

¿Cómo iniciar la rutina sabatina  a sabiendas de que hay que enviar los pésames y que no será posible abrazar, ni tender la mano, ni acercarse? Lágrimas.

De madrugada soñé que me cambiaba de casa, sueño recurrente desde hace años, de cuando dejé de soñar que volaba. Los sueños de cambio de casa no suelen ser afortunados en mi semiótica personal. A veces las casas del sueño están en obra negra, o derruidas de tan viejas, o bombardeadas por extrañas guerras civiles o amenazadas por delincuentes; a veces son mejores y más lujosas que mi casa actual pero algo hay que las hace inhabitables para mí. La de esta madrugada era hermosa, llena de agradables rincones, solo que mis mascotas Mancha y Owí no tenían cabida. Finalmente el agradable sueño se convirtió en angustiosa pesadilla al mirar la sufrida carita de mis compañeros de vida y surgir la interrogante: ¿Qué hacer?

Ya con la luz del amanecer abro los ojos en mi habitación y me abrazo a las almohadas, me aferro a no salir de aquí, a permanecer entre estas  paredes claras y la furtiva presencia del astro que  traspasa  las cortinas traslúcidas.  

 

2

Primer sábado del regreso al semáforo rojo. Ropa en la lavadora, agua calentándose en la estufa. El sol en pleno inunda mi pequeña sala-cocina-comedor (diseño  de algún arquitecto del sistema con ideas avantgarde tercermundistas) y se topa con los cuadros, los libros, las plantas, las cerámicas, se desparrama sobre la mesa de madera que amo y todo en conjunto me vuelve a la acción. Las ventajas del concepto abierto.

La lluvia energética de “You Should Be Dancing” es  mi mantra para empezar, sigue  “Stayin alive”, bailo frente al espejo recordando aquellas tardes de Disco Dance  de la adolescencia. A ritmo de  de “YMCA” abro el refrigerador, casi fin de mes, muy pocas cosas: un huevo, medio litro de leche, medio kilo de harina, una pera, algo de mermelada de ciruelas,  si acaso una cucharada de mantequilla, dos rebanadas de jamón. ¡Listo, ya se: crepas!

Las malas épocas me enseñaron a hacer mucho con poco y no me puedo quejar  en realidad, por suerte tengo un “fin de mes”, un refrigerador, una estufa,  un reproductor de música con bocinas, hay quien no tiene nada y ninguna posibilidad en medio de la Pandemia.

La receta clásica de crepas lleva por cada 100 gramos de harina, una taza de leche, un huevo, una pizca de sal y una cucharada de mantequilla derretida, mezclo todo en licuadora mientras bailo “Disco Inferno”. La placa de hierro se encuentra a punto de calor, vierto la mezcla y veo cómo se va  formando la tortilla. Ojo –me digo- tiene  que quedar delgada, lo suficiente para poderla enrollar. Van una tras otra, al final tengo un altero de crepas en la charola. ¿Para qué tantas, me digo, solo estoy yo aquí, confinada, sin pareja, los hijos en sus propios hogares. Nadie a mi lado que disfrute las delicias de este platillo.

Con “We are familiy” a todo vuelo, dispongo la mesa. Lugar solo para uno: Mantelillo, plato extendido, cuchillo y tenedor, taza para el té, copa para el jugo. Con cuidado acomodo la fruta, el jugo, las crepas, relleno con mermelada artesanal. Para compensar tanta azúcar (no resultó ser un desayuno tan sano) vierto té negro chai en la taza y de inmediato se incrusta en mis narices el divino aroma de las especies que contiene: canela, clavo, jengibre, anis. Me congratulo nuevamente porque todavía tengo olfato, gusto, oído, vista, tacto y sentido del ritmo, como gustosa mientras  “A tast of honey” me hace mover los pies.

“I will survive” no puede faltar, me levanto de la mesa para seguir bailando; brinco, levanto el brazo y grito:  I will survive, I will survive, I will survive!!! Veo la charola de crepas y decido: Las compartiré como las abuelas que hacían kilos y kilos de galletas para todo el barrio, porque sea como sea, sobreviviré, sobreviviré.

 

 

Tuesday, November 13, 2018

NO MORIR EN EL INTENTO 2


LA BUR-R-OCRACIA

El término “burocracia” viene del francés bureaucratie, y este de bureau que se traduce como  mesa, escritorio, y -cratie, -cracia: gobierno. Regularmente, al hablar de burocracia se le asocia con ineficiencia y exceso de trámites y papeleo que no llevan a ningún lado, así como en el ejercicio del poder para sostenerse  a sí misma en el poder.
Cuando inicié mi colaboración con el INEA lo hice, como muchos, inspirada en las enseñanzas de Paulo Freire y con la firme intención de contribuir en el combate a la ignorancia. El INEA era una institución naciente y la mayoría andábamos en la veintena de edad. Bastante jóvenes y soñadores, fuimos capaces de crear lo que no existía a base de pulmón. Todos los primeros años mi labor fue en el campo, en las colonias de trabajadores y de paracaidistas, y posteriormente en el Programa de Educación Básica en Centros de Trabajo. Pasé de visitar casa por casa a los usuarios y de negociar con los dirigentes de las colonias, fueran del PRI o del CDP, a negociar con gerentes y propietarios de toda la gama de empresas de la iniciativa privada y del sector público, para llevar los servicios de educación básica para adultos a los centros laborales.  Esas experiencias quedaron plasmadas en un texto que obtuvo un tercer lugar en el  concurso de testimonios de la educación convocado por el CIDA cuando lo dirigía el Dr. Armando Loera.
Lo que no fue reflejado en ese texto era la repugnancia que me ocasionaba la burocracia, a la que percibía como enemiga acérrima  de la educación. La burocracia con sus interminables papeleos y temporalidades mataba toda buena intención. Más de una vez me confronté con los compañeros burócratas porque le negaron alguna constancia o certificado de estudios a alguien, o porque los hacían esperar horas o dar vueltas y vueltas antes de “hacerles el favor”.
Cierta vez le negaron atención a una señora que había logrado escapársele al marido –era un caso extremo de violencia intrafamiliar-  y yo fui al día siguiente a reclamarle a la compañera por su desatención, haciéndole ver lo difícil que era para la persona acudir a las oficinas, ella nada más me veía sin proferir palabra alguna; ya desahogada y con el documento en mano me fui a llevárselo a la usuaria.  Sin embargo, durante mucho tiempo llevé el cargo de conciencia por haber sido imperativa con la compañera y como veinte  años después le pedí disculpas, ella simplemente me respondió: “Ni me digas, yo estaba muy apenada contigo, tú te preocupabas tanto por los adultos”.
Por esas fechas escribí un cuento, a todas luces inspirado en esas vivencias, que fue publicado creo que en El Heraldo. Obvio que fue leído por los directivos de la institución y alguno llegó a comentar con disgusto que yo los juzgaba de “burócratas”. No obstante, el dichoso cuento fue premonitorio y pocos años después fui invitada a incorporarme a la plantilla de funcionarios de la institución  para hacerme cargo del  área  de Participación Social.
Más pronto cae un hablador que un cojo, digo yo siempre, porque rápidamente me vi convertida en "burócrata". Entre las importantísimas actividades que debía realizar estaba la de llevar el seguimiento de un formato –bendito invento de la burocracia el “formato”- para medir los logros en Participación Social. Los coordinadores de zona debían registrar ahí toda acción producida por efectos de la solidaridad y calcular en dinero hipotético lo que había sido ingresado. Era bastante absurdo y yo, claro que les exigía su cumplimiento como si en ello me fuera la vida, hasta que me dieron una lección inolvidable.
Cuando vi entrar al compañero de Guachochi por mi oficina le reclamé su falta de cumplimiento con dicha información; él, que era bastante rijoso, logró controlar su ira para responderme que no tenía manera de mandarlo, a lo que yo le contesté: “pues mándalo por fax” (aún no existía el internet). En ese momento aquél soltó una carcajada estruendosa para espetarme en la cara: -¡Será por burrofax! ¿Qué te hace pensar que hay fax en Guachochi?- . Tenía toda la razón, en esos tiempos no había carretera para Guachochi, la comunicación más avanzada se hacía por Teléfonos del Estado y ésta que escribe, como buena "burócrata", jamás había puesto un pie en aquellas latitudes, pero eso si,  me creía capaz de imponer mis  inexpertos criterios.
Afortunadamente, en cuanto pude me libré de ese destino. Ser "burócrata" no está con mi esencia creativa. Luego de eso estuve muchas veces en Guachochi y recorrí prácticamente todo el Estado para conocer  su geografía, su gente y empaparme de la realidad. A nadie le sobra un baño de pueblo.
Después  decidí poner miras hacia otros objetivos que me dieran más satisfacción, que tuvieran más relación con mi visión e ideología, en la defensa de los derechos de la mujer,  la promoción cultural, el fomento a la lectura, los derechos de los pueblos originarios, la investigación educativa, el diseño de materiales didácticos y desde luego la literatura y el periodismo cultural. He transitado por diversas instituciones, he conocido gente, me he enriquecido con la sabiduría de muchos compañeros y compañeras de trabajo. He aprendido de la mejor y la peor manera, pero siempre en la misma línea, la de la creatividad versus la destrucción.
He conocido a todo tipo de personas y todo tipo de situaciones. Hoy en día, por desgracia, me he topado nuevamente  con algún o alguna burócrata  de esos que odian a la humanidad y que fincan su valía personal en la capacidad de obstaculizar al otro.
El "burócrata" aberrante es incapaz de comprender la misión de la institución en donde se desempeña, para él -o ella- su mundo se reduce a lo que sucede alrededor de su escritorio y el podercito que detenta a través de su firma y sellos; se aferra a sus “formatos”, a sus estúpidos procedimientos, es sádico y disfruta haciendo sufrir a quienes llegan a realizar cualquier trámite con él. Que la firma tal, que el folio ese, que las mil copias, que me caes gordo y no te tramito nada o por lo menos te aplico el “tortuguismo” a ver si te cansas y te largas. Los reconoce uno porque regularmente muestran una sonrisa sarcástica y de burla mientras su víctima trata de desentrañar su perverso discurso.

 ¡Válgame Dios! Toparse en la vida con un o una "burócrata" de ese proceder  es peor que recibir una patada en el cu-tis.
Debo aclarar que no todos los que trabajan como burócratas son “burócratas”, también hay buena gente.

Monday, July 16, 2018

 NO MORIR EN EL INTENTO I
Flor María Vargas

No morir en el intento es mi principal regla de sobrevivencia. Siendo mujer a la que le han crecido las ideas y de la que suelen decir cosas muy feas –como dice el verso de la canción aquella de Gloria Martín-  está dado por sentado que todo el tiempo deberé navegar a merced de  la corriente en este mundo androcéntrico regido por hombres machistas, con la colaboración decidida de  mujeres híper  machistas. En este navegar no soy única, somos muchas pasando por ese tránsito. En realidad somos legión.  Algún día, que llegará pronto, me dedicaré a escribir mi testimonio de la lucha continua por ser mujer y no morir en el intento.
Todavía era adolescente cuando llegó a mis manos un libro sorprendente, fue un best seller mexicano de la época titulado “Anecdotario de una vida inútil pero divertida”, cuya autora, “Fulana de tal”, permanecía en el anonimato. La escritora decidió publicar sus memorias, según ella misma lo afirmaba, por consejo de su terapeuta, en una edición mal hecha de imprenta. Se dice que llegó a colocar más de 40 mil ejemplares.
La autora tuvo la delicadeza de nunca revelar la identidad para no perjudicar a su familia, ya que Fulana de tal era, en la realidad, una joven perteneciente a la empoderada clase política nacional. Ella decidió poner en papel lo que veía cotidianamente, describiendo con pelos y señales el medio donde  se desenvolvía la inútil vida de una mujer joven de clase alta en aquel México de mediados del siglo XX, rodeada de lujos, privilegios y canonjías inmerecidas. La protagonista podía tener lo que quisiera, las mejores escuelas, auto, chofer, si quería trabajar por matar el tiempo tendría empleo bien remunerado por ser hija de quién era , aunque solo fuera de “aviadora”; atención de los playboys más codiciados de la clase política, de hecho posibilidades de un redituable enlace matrimonial; fines de semana en Acapulco, viajes a Europa en el avión presidencial, mientras que en los escalones más bajos de la burocracia se revolcaban como gusanos miles de empleados sometidos y explotados, que solo podrían levantar cabeza a base del servilismo y la corrupción.   Todo ello aderezado con una  narrativa muy divertida, como lo dice el título.  
Por su carácter anónimo, su espíritu crítico y tal vez sin proponérselo, “Anécdotario de una vida inútil pero divertida”  abreva indiscutiblemente de la tradición picaresca novohispana ( Periquillo Sarniento).
El libro llegó a mis manos como se fue, en una prestada, porque para eso son los libros, para que circulen. En fin, hace algunos años quise volver a leerlo y  empecé a preguntar aquí y allá, sin éxito. A lo sumo, localicé por vía telefónica a la secretaria del albacea de los bienes de la autora, ya fallecida, quien quedó de hablar después para confirmar si podría conseguirme un ejemplar. Pasó el tiempo y nada. Hoy me enteré que ya se encuentra en Amazon. ¡Excelente! Pediré  uno en cuanto se pueda.
Poco después aparecieron otros dos libros autobiográficos de escritoras mexicanas que también me causaron gran impresión: “Tal cual. Vida, amores y cadenas” de Irma Salinas, y “A calzón quitado” de Irma Serrano. “Las Irmas”, como solía decirse en  algunos círculos para referirse a las dos autoras y a su increíble irrupción en el mundo editorial de México como si fueran parte de una misma dupla, fueron mucho más reveladoras que Fulana de tal. Para empezar nunca ocultaron su identidad, ambas afamadas, una por la industria del espectáculo y la otra  por pertenecer a familias  extremadamente poderosas en la vida económica del país, simplemente le dieron rienda al desahogo, pero con mucho más cuidado editorial.
¿De la Serrano qué puedo decir? Se trataba de su primer libro autobiográfico, escrito con mucha amenidad, muy acorde a la estrambótica personalidad que portaba de mujer entrona y empoderada,  y desde luego que nos alimentó el morbo a millones de mexicanos ávidos de destrozar la imagen del expresidente Díaz Ordaz, odiado  por la masacre de Tlatelolco, tan feo pero tan cachondo según se supo. No se diga la imagen del presidente Echeverría que, siendo el Secretario de Gobernación, servilmente  le pelonaba las manzanas a la amante del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas  Mexicanas, o sea don Gustavo, y que muy probablemente habría intrigado con la primera dama para instrumentar la persecución de que fue objeto la Tigresa, a quien de pronto se le cancelaron contratos y compromisos artísticos de todo tipo por órden de la ñora Díaz, lo que ocasionaría a la postre  el rencorcillo de la diva de la canción vernácula que devino en el éxito de librería.  Situaciones de esas ocurrían en los años sesentas del siglo pasado y, aunque lo duden, suceden todavía en nuestras sociedades donde impera la doblemoral.
En cambio, a propósito de hipocrecía y doblemoral, la lectura de “Tal cual” solo podía suscitar dolor e indignación. Nos puso al tanto del clasismo y conservadurismo de los potentados postrevolucionarios ( aunque más más bien añorantes de Don Porfirio) , de la opresión en la que vivían las mujeres de la Hig Sociality en México, de la infinita discriminación por razones religiosas en una nación  pretendidamente laica, de la miseria y avaricia de una clase social que tiene todo  pero siempre quiere más. Simplemente para llorar.
El punto es: ¿Cómo escribiría la autora su testimonio de vida? Me gustaría, desde luego, un estilo divertido como el de Fulana de Tal, con el arrojo de la Serrano, pero ni soy divertida, mucho menos empoderada como lo era La tigresa. Lo más probable es que me acerque al doloroso caudal de indignación de la Salinas, con la diferencia de que la neolonesa escribió sus memorias cuando ya estaba del otro lado del arroyo, a salvo. Mientras que ésta,  la del teclado, sigue practicando el rafting en peligrosas aguas y sin salvavidas.    







Tuesday, May 01, 2018

LECCIÓN DE ECONOMÍA DOMÉSTICA 2





Mira, Bartola, ahí te dejo esos dos pesos, pagas la renta, el teléfono y la luz; de lo que sobre, coge de ahí para tu gasto, guárdame el resto para echarme mi alipús…”. El gran cronista musical de México, Chava Flores, siempre tan atinado, describió en una canción titulada Peso sobre peso, las penurias que suele sufrir el ama de casa común para estirar el “chivo” que da el marido para los gastos de la familia. El autor exploraba con comicidad el triste estatus de la esposa que hacía milagros para la sobrevivencia mientras el marido le escamoteaba hasta el último centavo. Desde luego subyace la crítica social y la denuncia, tanto de los bajos ingresos con que debe subsistir una familia promedio en México, como del  machismo que victimiza a la mujer haciéndola responsable de la insuficiencia. Esto era así en los años cincuenta del siglo XX cuando  la canción fue un éxito radial, y sigue siendo casi igual hasta  la fecha.
Algunas décadas después del lanzamiento de “la Bartola” –como se conoce la canción- un editorialista chihuahuense bastante reconocido  publicó un texto que yo recuerdo particularmente con agrado, en éste el autor elogia la capacidad de su esposa para cuidar la buena marcha del hogar, como dar de comer a la familia de seis con medio kilo de carne molida y aguantar toda la increíble cantidad de faenas hogareñas, desde preparar alimentos, ir al mercado, lavar y planchar la ropa, ayudar en las tareas escolares de los hijos y hasta hacerla de enfermera, chofer, jardinera y demás, llevando en el estómago solo una taza de café y una tostada.  En ese tiempo, siendo  yo también madre de familia con dos hijos pequeños, que reinaba en mi hogar a duras penas con los 100  o 150 pesos por semana que proporcionaba el príncipe consorte, le agradecía al editorialista su sensibilidad.
Como quiera, la fama de buenas administradoras de  las carencias sigue siendo privilegio de las amas de casa, de donde se infiere que cualquier empresa dirigida por mujeres podrá sobrevivir en la escasez.
Una de las formas más sutiles que adopta la violencia de género, pero no menos brutal en consecuencias, está relacionada con esa idea de que, como a la Bartola, a la mujer le basta con dos pesos para administrarse, por lo que en muchos  ambientes de la función pública los recursos destinados a proyectos de mujeres o bajo la dirección de mujeres, son mucho menores que otros, para no hablar de la disparidad de los sueldos que reciben en relación a los de los varones.
Actualmente se presume de que los gabinetes de funcionarios de la administración pública son totalmente pares, es decir que existe una participación 50/50 de los géneros en posiciones de primer nivel. Antes de aceptar como cierta esa aseveración me gustaría conocer los presupuestos que se le otorgan a cada dependencia, estoy segura que no resistirían una comparación de género pues es evidente que, en proporción,  aquellas áreas que son presididas por mujeres son las que detentan menos recursos económicos, humanos y de infraestructura. Podría decirse que  son  apreciadas como las menos importantes en los organigramas  organizacionales, las de menos trascendencia en las políticas de estado, las de menor influencia, las de menos “power” al final del día, aunque en algunos casos excepcionales sean las que mejor responden y las que permanecen más leales a los principios de la gestión. Es una pena realmente porque se desperdicia talento y vida.
El día en que sean mujeres las que estén a la cabeza de las dependencias con mayor influencia en el organigrama del ejecutivo de gobierno, cuando  sean ellas las titulares de las Secretarías de Gobierno, Hacienda, Educación, Salud, Desarrollo Social, Desarrollo Rural, Fiscalía y Obras Públicas, y no solamente en áreas donde se les escamotean hasta los dos pesos de la Bartola, entonces si será posible creer que existe igualdad entre géneros y reconocimiento pleno de la capacidad de las mujeres para conducir las políticas públicas. Por lo pronto solo es discurso sin contenido.


Friday, March 30, 2018

Una lección de economía doméstica





Doña María Trevizo de Frescas, mi abuela materna, tenía una frase para justificar su quehacer culinario: “A la cocinera, la hace el recaudo”. Lo cual tiene su trasfondo. En la economía del productor de autoconsumo, es decir, del agricultor temporalero como era mi abuelo, la cocina solía organizarse de acuerdo a lo que había en el año. Si había buena cosecha de maíz, frijol, calabaza, si se criaba el marranito, si las vacas  daban abundante leche, si las gallinas eran ponedoras, si la huerta era regada con oportunidad para producir alfalfa, frutas y hortalizas, habría siempre abundante comida. Si no, pues no. Por más esfuerzos que se hicieran para rendir lo poco, el menú de la cocina sería magro e insuficiente, y peor cuando se trataba de alimentar una decena de hijos.
Todavía me tocaron a mi lo esfuerzos de doña María por alimentar a su prole en esos tiempos en que una veintena de nietos, más los hijos, hijas y yernos, acampábamos impertinentes en su sencilla pero siempre pulcrísima  casita de adobe.   Solía preparar frijoles aguados en una enorme olla de peltre. Los hacía caldosos y ya sobre el plato les agregaba pico de gallo o, a veces, asadero o simplemente suero de leche para añadirles algo de sabor. A mí me parecían geniales y en algún momento llegué a exclamar que como los frijoles de mi abuela no había vuelto a probar, entonces mi madre me reveló lo obvio, que los preparaba con mucha agua para que rindieran.
De este modo, no puedo presumir de haber probado platillos  grandiosos en la cocina de mi abuela, sino únicamente  la sencillez de una culinaria definida por las carencias antes que por la abundancia. La sabrosura del alimento radicaba más bien en el hambre del comensal y en el amor que le imprimía la cocinera al prepararlo.
Esto viene a colación porque, de algún modo, los hacedores de políticas públicas para el bienestar del pueblo,  quienes llegaron ahí gracias al voto popular y nada más que por eso, a estas alturas del siglo XXI siguen considerando que sus gobernados de las clases bajas sobreviven mejor administrando las carencias y ahí los dejan a que se rasquen con sus propios medios antes que ofrecerles verdaderas opciones de mejoramiento, que al cabo son bien duchos para la economía doméstica.
Recuerdo con frecuencia otra frase dicha por un gran amigo, experto en planeación educativa: “Proyecto que no impacta en el presupuesto vale madre”. Por si alguien no comprende el alcance de esta frase diré que en las instituciones con frecuencia se presentan proyectos basados en ideas super maravillosas, revolucionarias a veces, destinadas a resolver sentidas problemáticas  sociales, llámense leyes, acuerdos interinstitucionales, proyectos o programas, que nunca se concretan efectivamente por carencia de presupuesto.
Así, en el estado se han aprobado, por ejemplo,  leyes que han quedado de ornato por muchos años debido a que no se establecieron reglamentos para su operación y mucho menos presupuestos para hacerlas efectivas. En este caso no dejo de preguntarme ¿Para qué aprobar una ley, diseñar un programa o plantear  un proyecto y luego dejarlos sin efecto al negarles los instrumentos necesarios? ¿Negligencia, descuido, falta de interés? ¿O bien, olvido deliberado para no permitir que ese “asunto” afecte intereses superiores de quién sabe quién?
Cualquier intento de corregir el rumbo, de retomar problemáticas postergadas, de formular nuevos planteamientos en las instituciones de gobierno para el bien de la comunidad, solo podrá hacerse realidad si se abordan con seriedad y compromiso por parte de las autoridades de primer nivel y de ahí para abajo toda la estructura;  como dijera mi abuela “El recaudo hace a la cocinera” y si se pretende desatar procesos que resuelvan problemáticas añejas de rezago  social, se les deberán destinar recursos humanos y financieros para lograrlo. De no ser así no pasan de ser buenas intenciones, que al contrario de la anécdota familiar, no se podrán compensar solo con amor materno.





Este Mundo loco: La guerra de los "estacionamientos"

En alguna revista de antaño, de las que se leían en mi casa en aquellos años de mi infancia, había una sección titulada “Este Mundo loco”. Ahí se describían sucesos insólitos, rarezas, costumbres extrañas de continentes lejanos. Era una lectura divertida y amena que al final   dejaba al lector una sensación como de reconfortamiento. En el fondo uno pensaba que, después de todo,  en el anodino universo personal se estaba bien. La realidad es que las locuras nos circundan mucho más de lo que uno quisiera hoy en día.
Esta que escribe vive en un barrio obrero desde hace más de tres décadas, en una sencilla casita de Infonavit con jardincito en el frente y espacio en la cochera para un auto. Mi casa es igual a todas las demás. Casi todas las familias cuentan con dos autos como mínimo y hasta tres, por lo que hay momentos del día o la noche que los espacios de estacionamiento en la calle son insuficientes. De los 365 días del año, por lo menos durante 300  alguno de los vecinos usa el espacio frente a mi cochera para estacionarse en algún momento del día. Cuando llego por las tardes a casa –esto ya se volvió rutina- detengo el auto frente a la casa, a veces toco el claxon y sale el vecino en cuestión o me bajo a tocar las puertas para pedirles que se retiren. Hace años que dejé de molestarme por eso, lo hago sin sufrir, pienso que todos son muy buenos vecinos y cuando pido alguna ayuda siempre acuden en mi auxilio con la mejor disposición. Es, digamos, un dar y recibir que nos ha permitido vivir en armonía por treinta años. Bien vale la pena un poco de amabilidad. Por eso no me explico ciertas actitudes que narraré a continuación.
Uno de estos días una amiga se estacionó en los cajones de un centro comercial que está frente a su trabajo, donde por cierto suele desayunar dos o tres veces por semana. A la hora que llegó todavía estaban cerradas las cortinas metálicas de los establecimientos y dado que planeaba salir en unos minutos no creyó hacer mal, pero no salió. Tuvo tal presión en el trabajo que no se levantó de su silla ni para ir al baño. Llegó la hora de salida y se quedó una hora más. Cuando por fin salió ni siquiera se acordaba donde se había estacionado –lo cual le sucede con frecuencia, es tal su despiste-, hasta que vio el auto bloqueado por otro que estaba detrás. Con resignación y consciente del  error fue entrando  a los cafés, boutiques y otros negocios para pedir que la desbloquearan. En uno de los lugares, el dependiente la puso como “palo de gallinero” y ella asentía pidiendo disculpas. ¿Cómo explicar su despiste? Pero el hombre continuaba y continuada su retahíla de amenazas, que les quitaba los clientes, que le iban a ponchar las llantas,   rayar la carrocería, quebrar los vidrios, que mejor se cuidara porque el dueño era de armas tomar. Al fin encontró en otro negocio a quien había dejado su vehículo detrás del suyo, a propósito debo decir, y nuevamente la cascada de reclamos por parte de la propietaria y disculpas por parte de mi amiga, a tal grado subió la agresión que ya estaba decidiendo irse, dejar el auto ahí o quedarse a pernoctar dentro de él, cuando en eso entra un muchacho de no más de 15 años amenazando con sacar la fusca. ¡Imagínense ustedes! ¡Por un asunto de un estacionamiento en una plaza comercial donde hay hasta 10 o más cajones para tal efecto, amenazar con sacar armas de fuego cual viles sicarios! ¡Amenazar a quien además es clienta frecuente del lugar! ¡Este mundo es de locos!  
Esta anécdota me hace recordar otra. Un amigo tenía una escuela de belleza bastante exitosa en una avenida con mucho tráfico vehicular. La Academia solo tenía dos cajones de estacionamiento por lo que las alumnas debían estacionarse en calle colindantes. En la esquina había un establecimiento atendido por un hombre exhibicionista e intolerante. Una tarde salió hecho un energúmeno, en camiseta de tirantes para mostrar los músculos, y agredió a las muchachas que se estaban estacionando en la banqueta de su fachada; entre las linduras de insultos que les profería estaba el clásico “pendejas”, lo cual las ofendió grandemente. Al día siguiente llegó el novio de una de ellas con sus escoltas armados hasta los dientes, sacaron al musculoso intolerante de su tienda y lo encañonaron con las armas largas al grito de: ¡A ver pochudo, ahora sí, atrévete a gritarle pendeja otra vez a mi novia! Si no lo ejecutaron en el momento seguramente que fue por no perjudicar a la muchacha. Desde luego, el hombre nunca más volvió a meterse con las alumnas de la academia. ¡Este mundo de locos!
En contraparte, tuve yo una experiencia positiva cuando este mediodía fui a comer en un restaurante popular. Solo había estacionamiento en los cajones de una tienda de lavadoras aledaña del negocio de comida. Teniendo conocimiento de lo anterior dudé en colocar ahí mi auto pero el propietario muy gentilmente me hizo señas para que tomara el lugar y así lo hice. Se lo agradecí al bajar pensando en que por fortuna todavía existimos ciudadanas y ciudadanos totalmente alejados de la violencia  fomentada por la narco cultura que, por desgracia, gana cada día más terreno, como lo demuestran con sus actitudes estas personas, capaces de blandir las armas hasta por una estúpida reyerta  de cajón de estacionamiento. ¡Este mundo de locos por los autos, los estacionamientos y las armas! 




 

Sunday, June 05, 2016

Instrucciones para criar un cenzontle



Mi abuela, doña María Trevizo, cultivaba una extraña devoción por la crianza de cenzontles, “chontes” como se les dice por aquí, y según recuerdo todo el tiempo había uno en su casa, allá en santa Isabel.  El sitio  regularmente estaba inundado de los cantos del  ave, lo cual era motivo de conversación y elogios de las visitas.
–María, pero cómo canta bonito tu chonte, se escucha desde que viene una dando vuelta por la esquina de Balbina—decía la Tía Lázara y soltaba una retahíla  de carcajadas de puro gusto, a lo que el ave respondía imitando las risotadas  y aquello se convertía en un concierto musical de varios decibeles.
Se cuentan historias graciosas, como lo que sucedió durante una crecida del río en que mis abuelos, ya ancianos, recibieron la instrucción de desalojar ante el peligro de  inundación. Un primo fue por ellos pero mi abuelo, terco como él solo, se negaba a dejar el hogar y la abuela no tenía corazón para dejarlo. El primo regresó a Chihuahua con el cenzontle en su jaula como único pasajero, su dueña decidió ponerlo a salvo en primer orden.
El cenzontle es un ave sorprendente, su nombre se origina del  náhuatl y significa “pájaro de las cuatrocientas voces” en alusión a la maravillosa multiplicidad de su  canto. Para los antiguos nahuas, el cuatrocientos representa el número infinito, así pues la  variación absoluta  del canto del cenzontle es incalculable debido a su capacidad de imitación. Cada cenzontle imitará cantos y ruidos de su entorno. No es extraño que ladren, maúllen o reproduzcan el canto de otras aves, risas de humanos, gritos, máquinas y todo lo que posea notas musicales. Bach habría palidecido ante el barroquismo y magnificencia del canto de  esta ave.
Los cenzontles fueron sumamente apreciados por los antiguos. Una hermosa leyenda purépecha dice que cuando  Nana-Kuerari (diosa de la Tierra) estaba esperando un hijo, quedó fascinada por el canto del cenzontle. Nana-Kuerari pintaba miles de colores a las aves de la Tierra, mientras el cenzontle posado en su hombro cantaba. Como este quedó al final del ejercicio, y la pintura se había terminado ya, entonces la diosa lo premió con 4 voces adicionales para que cantara también a los dioses del aire (Tariatacha) y el agua (Tiripime-jhuarencha).
Con frecuencia se le menciona en mitos, relatos, canciones  y textos poéticos,  como los versos del rey poeta Netzahualcoyotl  “Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces; amo el color del jade y el enervante perfume de las flores; pero amo más a mi hermano el hombre”, que aparece hoy en los billetes de  cien pesos.
El canto del cenzontle,  o chonte, despierta admiración  y la tradición de tenerlos en cautiverio se mantiene vigente  junto con la de criar canarios, periquitos australianos, loros,  gorriones, clarines y otras aves canoras, tan del afecto de las abuelitas. Si bien sigue  habiendo personas que gustan de mantener esta tradición, cada vez se pierden más los misteriosos saberes  que deben poseer quienes se dediquen a esta actividad.
Mi madre heredó la devoción de la abuela, así que  me consta de los extremos cuidados que deben recibir estas aves para mantenerse en buen estado de salud y talante, indispensables para que su canto sea prolijo.
He aquí las instrucciones de mis ancestras para bien criar un cenzontle en cautiverio:
1. Los cenzontles solo se reproducen en libertad, si se desea tener uno en casa se le captura valiéndose de trampas. Verse atrapado le puede ocasionar un gran disgusto y morir del susto o del enojo.  También hay quien acecha los nidos y los atrapa siendo todavía polluelos, pero estos tienen muchas menos probabilidades de sobrevivir. En casa tuvimos uno que llegó jovenzuelo, todavía no comía solo y le dábamos directamente en el pico con un dedo la purina para pollos remojada. El pobre animalito llegó a creer que éramos sus padres, cada que pasaba alguno cerca de la jaula pillaba y abría el pico pidiendo comida.
2.- Solo cantan los machos. Hembras y machos son muy parecidos, si acaso las hembras son un poco más esbeltas pero no gran cosa, confundirlos es frecuente y pueden pasar meses antes de percatarse de la confusión.
3. Son territorialistas y de alas y cola  muy  grandes en proporción a su cuerpecito, de ahí que necesitan jaulas de buenas dimensiones que les permitan extenderse a sus anchas, pero sobre todo no estar cerca de otro cenzontle macho porque se vuelven locos del disgusto y de tanto aletear. Incluso a veces se abalanzan sobre los humanos extraños que se acercan a la jaula.
4. La jaula debe asearse todos los días.  
5. Renovar el agua diariamente; les agrada bañarse por lo que es conveniente ponerles  dos o más recipientes con agua, uno para el baño y otro para beber.
6. La comida debe ser completa en nutrientes. Mi abuela en sus tiempos les daba una mezcla de masa o mazeca con chile molido revuelto con moscos secos y distintas frutas, moras, bayas, tomate. De pronto el abuelo llegaba con algunos chapulines los soltaba dentro de la jaula. Mi madre ahora les da purina y mosco, sin que les falten las manzanas que son de su predilección. La broma familiar es que el chonte era mejor alimentado que los hijos pues en más de una ocasión compraba manzanas de exportación para el ave y para nosotros las chiquitas y agujereadas de segunda.
7.  Sacar la jaula durante el día para que vea el cielo y respire aire fresco, a la sombra desde luego, no vaya a ser que le de insolación. De noche meterlo a resguardo y colocarle una manta encima para taparle la luz. Las aves funcionan con la luz del sol, despiertan al amanecer y lo normal es que al atardecer duerman. Desafortunadamente para ellas, en la ciudad hay muchas luces que las hacen confundirse, si ven luz creen que es de día y siguen comiendo y cantando. Había un chonte muy cantador en casa de mi madre que cantaba sin parar mañana, tarde y noche, le poníamos las mantas encima de la jaula para hacerlo callar pero éste si veía una esquinita despejada se agachaba, sacaba el pico y seguía cantando.

8. Finalmente recordar que todo ser vivo requiere afecto, mimos y cuidados para desarrollarse bien. Lo mismo es con los cenzontles en cautiverio, son bastante inteligentes y sensitivos, llegan a reconocer a sus amos y a crear lazos afectivos con ellos. Si se les cuida adecuadamente pueden vivir muchos años regalándonos  con  su prodigioso canto. Sin embargo, digo yo,  siempre será mejor para ellos vivir en libertad, hacer pareja y reproducirse. No olvidar que “Aunque sea de oro la jaula, no deja de ser jaula”.

Wednesday, February 11, 2015

Kaldi Café en Chihuahua




Desde mi tierna infancia adquirí el irrenunciable hábito de tomar café.  En mis afanes por buscar la salud física y emocional he podido abandonar por temporadas o para siempre  toda clase de adicciones potenciales: El cigarro, el juego, los azúcares, las harinas, la carne, los lácteos, el alcohol, los refrescos embotellados, los enamoramientos delirantes y hasta el sexo. Solo hay tres cosas que no he podido dejar: Los libros, los amores platónicos y el café.  De hecho he escrito estas líneas bajo la inspiración  de un par de tazas de delicioso café mezcla de la casa del  Kaldi Café de Saúl Murillo.
En diciembre de 2002, Saúl vio  realizado un sueño seguramente acariciado largo tiempo: abrir su propio café. Quienes lo estábamos esperando, lo agradecimos, porque finalmente tendríamos a partir de ese momento un servicio de buen café, qué tanta falta nos estaba haciendo. Un servicio de cafetería que girase exclusivamente alrededor del café y el té, pensado para degustar de estas reconfortantes debidas legendarias,  ideal para propiciar la charla, la lectura, el intercambio de ideas, sin intromisiones de otro tipo de distractores.
La historia del consumo de café, tema central de este encuentro, es tan antigua como la civilización humana. Se origina en Etiopía y su expansión en el mundo fue propiciada por los árabes, quienes lo llevaron consigo a sus tierras conquistadas. Su nombre se deriva del vocablo árabe “qahwah”.
Para 1500 d.c., la costumbre de beber café estaba presente en todo el mundo árabe, en donde  como ustedes saben se alcanzaron altos grados de sofisticación cultural. Los hombres se reunían en salones de gran confort a  jugar ajedrez, conversar, leer poemas y beber café. Los derviches de El Cairo  solían tomar café como parte del frenético ritual que los caracteriza hasta hoy.
El café cobró popularidad en Europa desde principios del siglo (17) XVII, italianos, holandeses, alemanes e ingleses, adoptaron rápidamente  el gusto por la energetizante  bebida y se abrieron las primeras cafeterías públicas.  El café entonces compitió fuertemente contra la costumbre de tomar té.
Mi teoría es que el consumo del té seguía teniendo uso en los hogares y salones de sociedad, mientras que el café se bebía en lugares underground, lo que no coincide con la imagen de los confortables espacios de los sofisticados árabes, pero así suele suceder en el tránsito de los intercambios culturales, lo que en unos es placentero en otros es motivo de persecución.
Pues bien, las cualidades estimulantes del café y la asiduidad a las cafeterías, espacios semi clandestinos o por lo menos marginales durante los siglos XVII (17)  y XVIII (18) en Europa y Estados Unidos, estuvieron de la mano con el  intercambio de las ideas y el surgimiento  de las aspiraciones libertarias que derrumbaron el viejo  régimen y dieron pie al nacimiento de las repúblicas democráticas y a la era moderna.
A lo largo de su historia el café como bebida reconstituyente del ánimo y capacidad para estimular  la creatividad ha sido propiciador del desarrollo del pensamiento filosófico, de buena parte de los descubrimientos científicos, de los avances en tecnología y hasta de la creación de grandes obras de arte, además de ser  el marco predilecto para la conspiración insurgente,  y pretexto idóneo para  la convivencia amistosa y familiar.
Las formas de consumir el café son tan diversas como las naciones, las posibilidades y gustos de cada quien. Recuerdo hoy nada más una referencia literaria, de las muchas que debe haber, García Márquez en su novela Cien años de soledad hace mención reiterada del modo  en que toma  café el coronel  Aureliano Buendía: Negro con azúcar.
A los degustadores aficionados nos gusta tomarlo de diferentes maneras, según el antojo, el ánimo o los requerimientos: Express, late, cortado, moka, capuchino caliente o frío, americano y hasta de olla –sin duda el más mexicano porque lleva canela, clavo, cáscara de naranja y piloncillo-, pero nunca soluble porque NOescafé.
Así pues, Kaldi Café vino a llenar  una necesidad  creciente de nuestro entorno, la de  ofrecer café para conocedores, género de los servicios restauranteros  que cualquier ciudad con pretensiones cosmopolitas debe tener, y aunque hubo algunos antecedentes previos, éstos sucumbieron pronto o se mezclaron con distintos servicios, por lo cual el nicho permanecía incólume en aquel momento.
El  proyecto inicial de la familia Murillo triunfó en definitiva y partir de esa fecha contamos con este espacio, preferido por los habituales del buen café, de la conversación con contenido y de los artistas, puesto que Kaldi no solo es una cafetería, es también un foro para la difusión de la cultura y el arte. Es más, ya no es sólo un espacio, son tres gracias al impulso empresarial expansivo de Saúl.
Hablaré de Saúl ahora, un joven empresario de gustos refinados, sensible a la cultura contemporánea, a quien he visto cuidar con gran esmero cada detalle de sus establecimientos, desde el color de las paredes, la colocación del mobiliario  hasta el diseño de los  impresos, sin descuidar un instante la calidad del servicio y la nitidez de las cualidades del grano que utiliza en  las mezclas que ofrece a sus parroquianos.





Monday, June 30, 2014

De cuando los Carrión vinieron al Club de Leones o Lanza tus penas al viento.


Llegamos temprano al Club de Leones, en punto de las 3 de la tarde, donde a pesar del inclemente sol de  junio ya había bastante gente  esperando que se abrieran las puertas del lugar. La expectación era grande pues en la tardeada de ese domingo se presentaban los legendarios Hermanos Carrión.
Desde hace años es costumbre en Chihuahua que los domingos por la tarde se destinen a la convivencia de las personas de edad madura  en salones de fiestas. El baile con orquesta se mantiene así como una tradición viva para el disfrute y solaz de los que, aunque ya pintan canas en las sienes, aún poseen un corazón que late fuerte y a todos los  ritmos posibles,  desde   la cumbia, el cha cha, el mambo  y el rock and roll.
Este divertimento atrae a los mayores pero también a los no tanto, así es que  cada domingo vemos  cómo conviven entusiastas bailadores de varias generaciones,  al son de  agrupaciones musicales casi  siempre locales pero con mucha experiencia, como la Soul de Camargo que es la orquesta que justamente en este día alterna con los afamados Hermanos Carrión.
Los Carrión iniciaron su trayectoria en el año de 1960 del siglo pasado, o sea tienen ya más de cincuenta años en el tablado. Entre sus éxitos se cuentan Lágrimas de Cristal, Las Cerezas, Magia Blanca y otras inolvidables melodías cargadas de sutilezas románticas que  en su tiempo hacían suspirar profundamente a las  adolescentes. Vea usted nomás: “ Siempre soñé que tú vendrías a mí,  y hoy que es así, creo estar soñando cuando tú me besas a mí..”; o esta otra: “Fueron lágrimas de cristal las que derramaste al partir, tu sueño voy construir para soñarlo en mi  soledad, …los diamantes que tu lloraste yo los guardé…”. Ni qué decir de aquel superéxito: “Oh, magia  blanca magia blanca que me embrujó, magia blanca tienes tú…”, y tantas otras infaltables en los bailes escolares de los sesenta y setenta del siglo pasado, que se bailaban de cachetito sin salirse del  cuadro y que toooodos los asistentes coreaban al unísono.
Pues bien, los adolescentes de aquellos días son los abuelos de ahora y como los ánimos no decaen sino por el contrario se incrementan con el transcurrir de las décadas, más de una centena de seguidores de los artistas se dieron cita aquel domingo de junio en el salón de la calle Carbonel, e igual que antaño  ovacionaron a sus  ídolos, los corearon y les aplaudieron a más no poder. Los Carrión, con más de setenta años de edad cada uno, demostraron estar  en óptimas condiciones físicas y artísticas;  y aquello de que  como los vinos, entre más años mejores, se cumplió totalmente.
Como en un  “volver al pasado”, cada set  de presentación de los Carrión  convocó a sus seguidores a colocarse frente al escenario, corear con mucho sentimiento las canciones, levantar los brazos, balancearse al ritmo de la melodía y tenerlos tan de cerca que casi  podían tocarlos  y establecer contacto visual con ellos. Estas escenas me hicieron recordar las viejas fotografías y reseñas de la época y me pregunto: ¿Cuántas de estas adorables cabecitas blancas de hoy fueron alocadas e  inocentes jovencitas  de  aquel ayer?  En eso estoy, cabilando, cuando un brazo se extiende hacia mi y escucho  la pregunta  obligada: ¿Bailamos? Levanto la vista para encontrarme con el rostro de un amable galán maduro que me ofrece su mano con ese gesto tan conocido, casi una reverencia con la palma abierta. Acepto.
Desde ese día  no dejo de  cantar para mi:  “…Si triste estás por un amor que te causó un gran dolor, en despejar ya haz de pensar  y lanza tus penas al viento, que el viento las borrará, lalala, lalala…”.



Saturday, June 07, 2014

¿Centro de Convenciones o Casa Redonda ?



El inmueble de la Casa Redonda, construido a mediados del siglo XIX, es calificado como Monumento Histórico por la Ley Federal de Monumentos Históricos y Arqueológicos de México, lo que implica no solo el cuidado y  conservación de los muros y techos que lo conforman sino también su entorno próximo, el cual al ser afectado puede repercutir en el inmueble.  Así mismo tiene un importante valor icónico puesto que refiere a la época de la historia económica y social de nuestro país  cuando los ferrocarriles fueron  puntal para  el desarrollo y vía de acceso a la modernidad. Hoy el edificio alberga un museo de sitio que rememora esa etapa.
La Casa Redonda de Chihuahua es única en el mundo que se ha conservado de esa época y que actualmente funcione como centro cultural y museo de arte.
 Existe ciertamente no gracias al interés del Centro de Convenciones, puesto que en los años que se destinaron los antiguos patios de Ferronales para levantar sus salones, sus ignorantes constructores  prácticamente derrumbaron todo a su paso sin importar antigüedad, lográndose salvar la Casa Redonda y otro pequeño inmueble solo porque se levantaron voces que con argumentos y razones defendieron el punto, contándose además  con  la intervención de las autoridades del INAH en ese momento. De no  ser por  aquella intervención oportuna, ni con esto contaríamos hoy en día, lo más probable es que únicamente habría estacionamiento y más estacionamiento.
Del pequeño inmueble que cito, que de hecho fue derribado antes de que llegara la orden de detener la destrucción, se supone se debieron resguardar sus materiales y partes originales para ser reconstruido justamente en los terrenos que están en disputa. Las preguntas inevitables son: ¿Qué pasó con este edificio? ¿Efectivamente se resguardan aún sus partes o ya las desaparecieron? ¿Por qué no se levantó el inmueble como fue el acuerdo?
 Los terrenos en disputa se consideraron para ese fin, y para construir los anexos necesarios para el buen funcionamiento del museo, es decir: oficina y bodegas. Esto es indispensable porque el edificio debe ser destinado exclusivamente a la galería por razones de seguridad a mediano plazo.
 Lo más lamentable es que hayan pasado las administraciones de Arturo Rico Bovio, la de Jorge Carrera y la que va de Fermín Gutiérrez sin que el Gobierno del Estado destinara los recursos necesarios para reforzar estructuralmente este espacio cultural. Ahora vemos las consecuencias del semi abandono de un proyecto de origen  noble, el cual se ve agredido por la desmesura y prepotencia de una entidad que se escuda en  supuestos y sobrentendidos.
 Aquí el Centro de Convenciones ha mostrado una cara  sumamente insensible y ajena a la cultura con el absurdo de privilegiar el parque vehícular.  Deberían ser más cautos, los chihuahuenses ya no nos tragamos el discurso del automóvil por sobre el paisaje urbano, de eso estamos hartos.

Monday, September 02, 2013



EL TRANVIA

El 1 de enero de 1900 se inauguró en la ciudad de México la primera línea de tranvías eléctricos. Fue todo un acontecimiento que sería reseñado en los medios impresos de aquel entonces; de la experiencia tranviaria en sus inicios José Guadalupe Posada nos da cuenta en ese ingenioso grabado donde aparece una multitud de calaveras esperando el vehículo que las llevaría al panteón. El sistema de transporte eléctrico se prolongaría en aquella ciudad por muchas décadas en vista de la conveniencia de usar un medio que permite ahorrar combustible.
En Chihuahua, como era natural, el tranvía apareció unos años después y ya para 1908 contaba con dos rutas, una que partía de la Calle Pacheco por la Avenida Juárez, subía por la Ocampo hasta culminar en las instalaciones del Ferrocarril Chihuahua al Pacífico y de regreso bajaba por la Ocampo, Paseo Bolívar, Avenida Independencia, Plaza Constitución (Armas), Calle Aldama y terminaba en el Monumento a Juárez.
La segunda ruta partía del barrio de Santo Niño, cruzaba el puente de la Ave. Colón, tomaba por la Juárez, doblaba por la Libertad hasta la Ave. Cuahutémoc y llegaba al Santuario de Guadalupe. Esta línea posteriormente se ampliaría hasta Nombre de Dios.
Haciendo eco de los afanes porfirianos, Chihuahua se llenaba de palacetes de aires afrancesados y a la vez que surgían prósperas industrias, y venciendo todos los temores se aprendía a viajar en el tranvía.
Antes de eso, el transporte público se hacía en carros arrastrados por mulas. Imaginen ustedes la reacción de los pobladores de nuestra provinciana ciudad de principios de siglo XX ante la llegada de un trasporte colectivo accionado por electricidad, que viajaba a velocidades considerablemente mayores que los atraídos por bestias. Seguramente, aquello era cosa del demonio para las mentes más sencillas. La reacción debió ser tan airada como la de hoy ante el nuevo sistema de transporte.
Mi abuela María Gamboa Loera aborreció el tranvía hasta el fin de sus días desde que su hijo David, todavía niño, perdió una pierna al ser atrapado entre las vía por uno. Algunos filarmónicos de la época aún lo recuerdan, aunque le faltaba una extremidad durante muchos años destacó en el medio de la música popular como violinista de excelencia.
Para la mayoría de los chihuahuenses progresistas, con la mirada siempre puesta en el futuro, el tranvía le dio glamour y modernidad a la ciudad que buscaba encajar con sus hermanas del otro lado de la frontera.
Con el tiempo desapareció este transporte para darle cabida al más “moderno y eficiente” sistema de autobuses, se abrieron las calles a punta de Caterpillar para darle espacio al tráfico y lo demás ya es historia reciente.
A veces pienso que, al menos en el Centro Histórico, debiéramos haber conservado los tranvías, sería un gesto bastante pintoresco para el turismo, porque la verdad ¿Qué necesidad había de retirarlos para abrir más las calles a los automotores? Si al final, ahora caemos en la cuenta que nos saturamos de tráfico innecesario y por más intentos que se hacen no se pueden encontrar soluciones fáciles al difícil tema del trasporte colectivo.

Wednesday, August 28, 2013

Chihuahua en Jazz



OPINA UN LECTOR
Cuando salió publicado el cuento del “féretro” en cierta revista local, en donde relato la historia de un corrupto policía de caminos cuya vida termina en condiciones misteriosas, vino hasta mi espacio laboral un hombre desconocido con el fin de darme su opinión. Esta persona llegó bajo un pretexto cualquiera, me entregó un oficio cuyo asunto era intrascendente, se lo firmé de recibido y traté de despedirlo sin éxito, el sujeto se quedaba parado frente a mi escritorio en actitud típica de quien quiere decir algo pero se le traban las palabras en la garganta, yo lo miraba con signos de interrogación. ¿Qué se traerá éste? Pensé durante varios y largos segundos de silencio incómodo. Finalmente me preguntó: -¿Es usted Flor Vargas?-
-Si, a la orden,
-¿Usted escribió el cuento del féretro?
-Si señor. ¿Qué le pareció?-
-Es usted una vengativa
-¿Le parece que soy vengativa porque el personaje muere? Es solamente ficción, es un cuento.
-Pero usted podría haber elegido otro final.
-Ajá, si, pero la historia debe seguir su curso para ser verosímil y extraordinaria a la vez.
-No, es usted vengativa y yo que la creía buena gente porque todos dicen que es buena gente.
-Si soy buena gente pero una cosa es ser buena gente y otra pretender escribir un cuento que tenga cierta intención.
-Pues qué mal.
Ya en este punto decidí quedarme callada porque era obvio que a la persona de pocas luces le era muy difícil desligar la ficción de la realidad y que no había explicación posible que lo lograse hacer comprender la diferencia sutil entre una y otra, así que simplemente le dije, con un gesto de por favor ya retírese: -Está bien, tomaré en cuenta sus comentarios- , aunque por dentro pensando que cómo había gente boba en este mundo chihuahuita.

TERCER FESTIVAL DE JAZZ
Chihuahua vivió momentos verdaderamente sublimes la semana del 19 al 25 de agosto durante el desarrollo del Tercer Festival Internacional de Jazz Chihuahua, festival que tuvo un importante posicionamiento después del éxito logrado en sus dos ediciones anteriores. Todos los conciertos tuvieron lleno total y se presentaron varios destacados intérpretes del género musical que el año pasado fue reconocido como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. Ramón Bermudez se llama el joven músico chihuahuense que luego de haber estado varios años estudiando en el conservatorio de Puerto Rico regresó a su ciudad natal para darse a la tarea de impulsar el reconocimiento social de esta modalidad musical que ha ganado adeptos, sobre todo entre los entendidos de las expresiones musicales más netas y genuinas. Acá, Ramón hizo mancuerna con el Mtro. Armando Nuñez, mejor conocido como “Mandis”, antiguamente líder de nuestra legendaria banda local de jazz fusión “Espacios Vacíos”, actualmente director académico del Conservatorio de Chihuahua, para traer a una cuidada selección de invitados. Llenar teatros en un lugar como Chihuahua donde campea la banda sinaloense, la música norteña, el narcorrido y la más excelsa cursilería de la trova, es mucho más que una hazaña. Las dos primeras ediciones fueron verdaderos actos heroicos pues no se contó con grandes apoyos oficiales, aún así la respuesta fue más que explícita sobre el poder de convocatoria del jazz. La tercera edición logró un éxito mayúsculo, bien para los jóvenes promotores y para el Ichicult que aportó gran parte de los recursos.

Wednesday, August 21, 2013

Muerte de un litigante sin escrúpulos


MUERTE DE UN LITIGANTE SIN ESCRÚPULOS

Su muerte estuvo a punto de pasar desapercibida. Una noche, de acuerdo a la costumbre en Chihuahua, la fiscalía filtró la siguiente información: “Sujeto desconocido muere acribillado en la calle Allende entre 19ª y 21ª en la zona centro de la ciudad. El hombre, como de sesenta años de edad fue encontrado a un lado de su vehículo, marca Ford, de modelo atrasado, mostraba el tiro de gracia en la cabeza. Testigos presenciales cuyos nombres se omiten por razones de seguridad informan que cuando el hombre estaba a punto de abordar su vehículo se acercaron dos encapuchados a bordo de una lobo negra de modelo reciente, se bajaron y mientras uno tiraba otro mantenía vigilancia, una vez que el sorprendido cayó inconsciente al suelo, el vigilante se acercó y le disparó en la cabeza”. Tal cual apareció la nota al lado de la foto del cadáver en los diferentes medios digitales que circulan por la red local. Nada notable ni fuera de lo común, simplemente el segundo o tercer ejecutado del día.
También, como es la costumbre, media hora después se difundió más información: “Identifican a muerto en calle Allende, llevaba el nombre de Gerardo Prieto, con 65 años de edad, abogado litigante que tenía su despacho frente al lugar de los hechos. Su último trabajo como abogado defensor fue en el controversial caso del estudiante que asesinó a un profesor universitario”.
No hubo más, la información en medios cesó como por arte de magia y ya nunca se volvió a mencionar este suceso como muchos otros que ocurren a diario. El muerto es noticia de unas horas, después se vuelve obsoleto, a nadie le importa si deja viuda o huérfanos, menos si los asesinos son detenidos y castigados. Los protagonistas de estas historias cotidianas inevitablemente se convierten en fantasmas de la red.
La muerte del litigante, para mi hubiera pasado totalmente desapercibida pero mi amiga Laura Céspedes habló para recordarme algo que me confío muchos años atrás, de cómo este abogado le había tendido una trampa por demás indigna.
Gerardo Prieto había estudiado la carrera de leyes en la Universidad de Chihuahua en los años setentas y formado parte de los grupos estudiantiles de izquierda más radicales, de esos que regularmente iban al frente de las movilizaciones cargando los bats en actitud agresiva y francamente violenta en los momentos álgidos. Era de los de la ofensiva blanquista, denominados así porque tenían por caudillo a un personaje de apellido Blanco.
Olvidados los ideales estudiantiles, Prieto ejerció su carrera de un modo mediocre aunque constante, digamos que vivió regularmente de ella pero mal, básicamente por sus adicciones. Había nacido y crecido, como hijo de ferrocarrilero, en la Colonia Industrial de la ciudad de Chihuahua, donde se decía “mataban y enterraban”. Tal fama tenía la gente de ese lugar y Prieto le hacía honor a la fama. Violento y leguleyo, pésima combinación, desde muy joven comenzó a frecuentar las cantinas, no solo abusó del alcohol sino también de la mariguana, la coca en abundancia y en los últimos tiempos las anfetaminas y el crack, aficiones que le exigían mantener un tren de vida y cuantiosos ingresos para sostenerse. Se le veía deambulando por los juzgados, eternamente acelerado, a veces crudo y desaliñado, llevando y trayendo papeles o arrastrando a sus incautos clientes. Pero hay que reconocer que se las sabía de todas todas tratándose de argucias y trácalas.
Laura se lo topó un día a las afueras del juzgado de lo civil. Habían sido compañeros en la Preparatoria y dejado de verse unos quince años, mismos que ella tenía de casada. Luego del saludo habitual, él preguntó por su estado civil a lo que ella, ignorante del anterior perfil, le confío que estaba procediendo a la separación porque el hombre resultó golpeador.
Mi amiga Laura había vivido un matrimonio terrible en muchos sentidos, casada a los 18 años con el que había sido su novio desde los 15, no había continuado sus estudios debido al continuo chantaje de que era objeto por el marido, quien se oponía a que ella mejorara en ese aspecto y como ganaba muy poco en su empleo si le exigía trabajar para traer ingresos al hogar ya que el sueldo de él no alcanzaba, además de atender sola a los hijos pues el señor nunca estaba. Con el paso de los años, Laura se dio cuenta que el hombre nunca estaba porque no quería y no le alcanzaba porque tenía otras obligaciones.
Lo más grave, sin duda, era la violencia. Laura había sido objeto de menosprecio y abandono desde los primeros días de casada y recibido los primeros golpes cuando el hijo mayor era un bebé, reaccionó como todas las mujeres víctimas de violencia intraconyugal, justificando al agresor y asumiendo que ella era la culpable. En pocas palabras, se sometió a los designios de su machista esposo tratando de evitar la recurrencia de los accesos de violencia, solo que con el tiempo el círculo se fue cerrando cada vez más y las agresiones psicológicas, verbales y físicas iban subiendo de tono y frecuencia.
En una ocasión el tipo la aventó embarazada contra una pared provocándole una fractura de omóplato, en otra la persiguió por la casa blandiendo las tijeras de cortar tela, en otra la estrangulaba sobre los sillones de la sala cuando bajó el hijo pequeño por las escaleras, momento de sorpresa que ella aprovechó para zafarse. Laura decía que la sola idea de estarle dando ese espectáculo al niño le dio fuerzas para salvar su vida que ya sentía perdida.
Este último suceso la hizo reflexionar, en ella estaba el poder de cambiar el rumbo de los hechos y garantizar que sus niños no quedaran huérfanos, con la madre en el panteón y el padre en la cárcel, por lo que unos días después de que una vecina le vino con la queja de que el niño de Laura había pretendido estrangular a su hijo, encaró al hombre y le pidió atentamente que se fuera de la casa.
El hombre se negó desde luego. No aceptaba argumentos. No podía entender el grave ejemplo que daba a sus hijos ni el riesgo en que ponía a su mujer quien ya presentaba los síntomas de agotamiento de la salud típicos de las esposas víctimas de violencia. Laura en esos momentos sufría desde depresión hasta un diagnóstico de cáncer cervicouterino (morbilidad y mortalidad estadísticamente relacionadas con el círculo de la violencia intraconyugal ) por el cual estaba sometida a tratamientos sumamente fuertes sin que él aceptara, a su vez, tratarse. No, el hombre en su papel de macho se creía el rector del universo.
En la discusión Laura le arrojó el café que en ese momento se estaba tomando y se mantuvo firme, así que aquel no tuvo más remedio que irse. Claro que la violencia no terminó ahí, luego siguió la negación para compartir la atención a los hijos y la suspensión de recursos económicos, la incursión inesperada a la casa para llevarse cosas o descomponer otras para hacerle la vida imposible, etecé, etecé, situaciones tan comunes en estos rompimientos. Pero por lo menos, asumía ella, logró poner tierra de por medio e impedir acercamientos que derivasen en golpes.
Dos años después y luego de cuatro años de tratamientos diversos, el médico la dio de alta y con una amplia sonrisa en el rostro le dijo: “Qué bueno señora que dejó a su marido, el señor nunca quiso atenderse y la hubiera seguido perjudicando…muy probablemente siguiera usted con el problema”.
En este punto se encuentra Laura con Prieto y a pregunta concreta del abogado quien quiso saber si había alguna situación específica que ella considerara le pudiese afectar a la hora del divorcio, ella le confesó que le había arrojado líquido de café cuando lo echó de casa. ¿Por qué le vino eso a la mente? Por la culpa que forma parte del síndrome de la víctima de violencia y por ingenua. Su ingenuidad la puso en un estado de indefensión, muy frecuente en los casos de mujeres que durante años han confiado en quien menos deben, sus agresores.
Esa tarde Laura nos contó sobre su encuentro con el abogado a varios amigos, uno de los que estaba en la mesa le advirtió:
--Oye, si se trata del mismo Gerardo Prieto que estoy pensando creo que cometiste un grandísimo error, porque ese le hizo lo mismo a mi expesposa cuando andábamos en los trámites del divorcio, le preguntó detalles y ella le contó cosas que luego Prieto me vino a vender, solo que yo no acepté seguirle la corriente, no me considero tan ojete.
Laura un tanto preocupada pero siempre justificando al otro contestó que tampoco creía que “aquel” fuera --tan así, tan ojete como tú dices---.
Peroooo, dicho y hecho, el abogado encontró la oportunidad de citar al marido de Laura en una cantina y entre copa y copa que pagó éste último, aquel le ofreció el recurso por una módica cantidad, suficiente para los pericos de una semana, con eso se conformaba siempre pensando en el bien del antiguo camarada que necesitaba un brazo de apoyo para defenderse de la viejas. Eso si quería también lo podía representar en la demanda.
El marido pagó lo convenido pero lo último no lo aceptó porque astuto como era consideró la poca credibilidad de tal espécimen y dado que ya andaba de novio con una muchacha hija de familia, su alumna en la Universidad, obviamente joven e inexperta cuyos padres le pusieron un ultimátum para que legalizara su situación, acudió a la Licenciada Ema María Guzmán, su amiga personal, connotada abogada casada con un prominente médico de amplio reconocimiento social, para que llevase su caso.
La abogada en cuestión tenía lo suyo, santa no era, ni en su vida personal ni en el ejercicio profesional por lo visto, y valiéndose del recurso que les dio Gerardo Prieto, procedió a demandar a mi amiga. Ésta no daba crédito, se preguntaba qué cómo una mujer que se decía y asumía de avanzada podía actuar así contra otra que por fortuna había logrado sobrevivir de una relación violenta en la que estuvo a punto de morir. Pero entre abogados se cuecen habas, eso es sabido y cuando hay intereses personales peor.
Entre broma y escarnio la tal abogada pasó a llamarse la “Kiti Manver” para nosotras, en alusión a aquel personaje de Almodovar en Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, la abogada feminista Paulina Morales que traiciona a su clienta para fugarse con el marido de ella, que era representado por la actriz Kiti Manver, a la cual le daba un aire la abogada Guzmán.
Al final Laura salió avante, pese a todo, sin marido, sin dinero, sin apoyos, pero con unos hijos hermosos y eso sí: libre del golpeador. El hombre para estas fechas lleva dos matrimonios más y todo parece indicar que sus dos sucesivas esposas sufrieron, por lo menos la segunda, de la misma sintomatología de la mujer maltratada. Habrá que ver la tercera.
Del abogado Prieto nunca volvió a saber nada, ni yo tampoco hasta que ocurrió el deceso y más por morbo que por otra cosa, intercambiando conversaciones con amigos comunes me di cuenta de cómo fueron sus últimos días.
Gracias a su extraña capacidad para estar cerca de algunos sucesos, Prieto estaba al tanto de la inminente aprehensión del sospechoso de haber tenido algo que ver con la desaparición de un profesor universitario, cuya repentina e inexplicable ausencia había levantado el clamor de las fuerzas vivas universitarias y de la cultura local. En cuanto fue enterado por sus contactos de la detención acudió a la fiscalía y oficioso como era le ofreció sus servicios.
--La regaste compa—le dijo—pero alguna razón habrás tenido. Dime: ¿El tal maestro, era joto? De seguro era joto, esos que andan en la cultura todos son maricones. ¿Te hizo propuestas? ¿Qué te dijo para que te enfurecieras, qué te pidió? ¿Que se la … o qué? ¿Sabes qué? Eso vamos a decir, cuando declares mejor acepta que lo hiciste y pide perdón, todos los indicios te señalan y no vas a poder alegar inocencia, acepta que lo hiciste por coraje, porque te acosó, que actuaste en defensa propia, a ver si logramos un atenuante.
El caso no era tan simple y aún cuando el espurio originado por el inescrupuloso litigante y difundido a través de los medios le dio una ventaja al asesino, finalmente cayó por su propio peso. Prieto, por supuesto cobró su asesoría como siempre, lo suficiente para una semana de perico.
Con esos antecedentes es de suponerse que algunos de los litigios mal transados que hizo el abogado ocasionaron la molestia de alguien y con eso selló su sentencia de muerte.
¿Sabes que es lo más paradójico? –me comentó Laura cuando me informó de la ejecución del litigante-- que un antiguo cliente de Prieto, ese que tú y yo sabemos, fue el que más se lució exigiendo justicia para el profesor de la universidad con declaraciones en todas partes, señalando con dedo acusador a los medios por utilizar un recurso vil y la Kiti Marven, la primera en firmar un desplegado de apoyo.








Tuesday, August 13, 2013

Bolita o de cómo enfrentar los pleitos entre amigas

Hace poco alguien me contó acerca de la confrontación que tuvo con una ex amiga. Se sentía humillada y dado el reciente empoderamiento de ésta última, en peligro de sufrir algún otro tipo de agresión en su medio laboral. Su relato, contado luego de que sucedieron los hechos, ya se antojaba un poco chistoso por esa reacción tan común que tenemos de evadir las malas experiencias imprimiéndoles algo de humor. Siempre he dicho que hay sucesos ridículamente peligrosos que podrían ser muy cómicos si no tuvieran consecuencias tan trágicas. Espero que no sea este el caso de mis dos amigas ahora enemigas entre ellas y que la sangre no llegue al río.
Este relato me trajo a la memoria una vieja historia de amistad y enemistad vivida en la infancia, que vista a la distancia de los años resulta mucho más que cómica, es reveladora de cómo las personas y los hechos que nos ocasionan conflictos de principios nos mueven a olvidarlas por completo.



"BOLITA"


Cursaba el quinto grado de primaria cuando tuve por “mejor amiga” a Dolores Méndez, Lolita de cariño, bolita para los malosos. Por esas fechas andaba yo medio tristona ya que por recomendación médica debía guardar reposo casi absoluto, únicamente se me permitía ir a la escuela, pero no correr y menos jugar deportes. Desde luego, tuve que hacer un impasse en las clases de ballet, actividad que era para mi entrañable puesto que mi plan para el futuro contemplaba ser bailarina profesional, vestir de colombina, bailar en grandes teatros y viajar por todo el mundo.
Las clases de ballet era lo que más amaba en la vida. Para mi cumpleaños anterior el Mtro. Alfonso Amparán me había obsequiado un LP con la música del Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, solía pasar horas oyéndolo y admirando la fotografía de la bailarina que aparecía en la portada, imaginándome interpretar la muerte del cisne con un atuendo de tul muy elegante.
Pues bien, debido a mi poco agradable condición temporal, durante la hora de recreo en la escuela simplemente me sentaba en alguna banqueta a ver jugar a los demás. Así fue como me percaté de la existencia de una compañerita que también permanecía sentada ese rato, pero por otras razones.
¡Gorda cerillo, gorda cerillo, gorda cerillo! Le gritaban a la niña que se hallaba sentada en la banqueta de los salones de cuarto grado, cuya complexión obesa y su cabellera de un rojo encendido explicaban el grito de los majaderos e inaguantables - según palabras de las maestras- chavalos que la acosaban. Me dio tanta pena que fui a sentarme a su lado. Ahora ninguna de las dos estaba sola.
La observé detenidamente mientras intercambiábamos el cómo te llamas y cuántos años tienes. Era redondita, redondita, gráficamente parecía una pelota con dos piernitas y dos bracitos, mientras que arriba sobresalía una cabeza que se antojaba pequeña para su cuerpo. Cabello, cejas y pestañas de un rojo intenso, piel de un blanco lechoso y pecas en las mejillas. Tenía un aire gracioso, su rostro era realmente bonito.
Lolita (bolita para los malosos) y yo iniciamos una gran amistad a partir de ese momento, amistad que duró casi todo el año escolar, estábamos en el mismo salón y nos sentábamos la misma banca, hacíamos las tareas juntas por las tardes, en resumen hicimos equipo. Yo era la sabihonda, ella la habilidosa; yo leía los libros y ella plasmaba en cartulinas los textos adornados con garigoles; yo dibujaba y ella recortaba y pegaba. Nos iba bien.
Estaba tan motivada con su amistad que no me importó ser receptora del bulling por extensión. Ahora no era solo la gorda cerillo, sino ahora éramos (si, en plural, éramos) “Stanley y Hard” o “El gordo y el Flaco”. Yo cerraba oídos, así que no recuerdo qué tantas linduras más nos gritaban los malosos porque en el fondo a mi no me importaba. En cambio ella si guardaba viejos y nuevos rencores, acrecentados por la presión constante que sus padres ejercían sobre ella para que dejase de comer. La gordura y por consecuencia la comida, eran los temas permanentes de conflicto entre ella y su familia.
La veía sufrir y trataba de compensarla trayendo diariamente de mi casa un par de tortas de huevo que le daba en el recreo, con lo cual Lolita se comía tres tortas, la de ella, las dos mías y alguna gelatina y un jugo cada mañana.
Mi madre vivía engañada creyendo que las tortas eran para mi y con muchísimo entusiasmo las preparaba antes de irse a su escuela, feliz de que su flaca tuviera apetito suficiente para comer tanto (como ven, también en mi familia el tema de conflicto era la comida, pero a la inversa).
Así pues, una mañana el maestro Eligio nos invitó a realizar actividades para recolectar fondos que serían destinados a los festejos del Día del Niño, prontamente Lolita levantó la mano y nos propuso a ella y a mi para donar un pastel con fines de hacer una rifa. Ya saben, vender boletitos para que el ganador se llevara un premio. Así lo hicimos la tarde previa a la rifa, nos reunimos en casa de ella a elaborar el pastel.
Resultó que mi amiguita era experta en preparar pasteles, yo estaba hechizada viendo con que presteza dominaba con sus manitas regordetas el arte de la pastelería: cernir la harina y el royal, acremar la mantequilla con azúcar, batir la masa, agregar yemas y vainilla, esponjar las claras, mezclar todo y hornear. Después de dos horas teníamos a nuestra vista dos hermosos cakes (“quequis” según la tradición oral norteña), dorados, esponjosos y suficientemente fríos para el paso siguiente: la decoración.
Procedimos a preparar el betún y entonces sucedió lo impensado, Lolita uso un cuchillo afilado para ahuecar los panes, a cada uno le sacó una buena tajada del centro y se la comió. Yo estaba atónita.
--Pero cómo se te ocurre? ¡Vamos a llevar un pastel incompleto!
--¿Qué tiene? Va a quedar tan bonito que no se va a notar, nadie se va a dar cuenta.
-- No se vale, vamos a vender boletos y entregar ese pastel hueco es una mentira, un fraude.
-- Mira, ya cállate, no digas nada, nadie se va a dar cuenta.
Ciertamente el pastel de dos pisos ya decorado no mostraba ningún signo de su falsedad interior y así lo presentamos al día siguiente. Fue un éxito.
Sin embargo, a partir de ese momento todo cambió. Lolita me provocaba sentimientos encontrados, sentía compasión por su incapacidad para controlar la compulsión por la comida y a la vez me daba miedo su capacidad de manipulación puesto que me había obligado a hacer algo contrario a mis principios. Durante meses le había seguido la corriente, la había alimentado sin hacerle ningún bien y ella había adquirido paulatinamente tanto poder sobre mí que no me atreví a denunciar, o vaya por lo menos a claudicar.
Claro que a los diez años de edad, estas reflexiones que ahora muestro profundas eran solo razonamientos intuitivos, digamos que no me dolió tanto la revelación de la verdad, sobre todo porque en el mes de abril gané el primer lugar en el concurso de dibujo del plantel con un caballo plasmado a lápiz de color y me levantaron muy oportunamente la restricción médica por lo que logré colarme a los preparativos del festival de mayo y…¡A bailar de nuevo!
Mis tardes dedicadas a los ensayos fueron enfriando la amistad con Lolita y un día la descubrí jugando a las barbies ( las cuales antes detestaba obviamente) con otras niñas, apenas me vieron hicieron círculo y nada discretas volteaban a verme , claramente las escuché diciendo:
--Es una sabihonda, se cree mucho porque su mamá es maestra.
-Ay, si mira como está flaca, tiene piernas de popotitos
Lo que dio pie para que en coro cantaran: “Popotitos es un primor pero baila que da pavor”.
En ese justo momento monté en cólera como el pélida Aquiles según relata Homero en la Iliada , y las confronté; aún así no me atreví a decirle a Lolita lo que internamente estaba pensando le haría más daño, o sea “gorda”, porque por ningún motivo habría de violar mis principios una vez más, pero si le reclamé su traición a la amistad. Por respuesta me retó a liarnos a golpes a la hora de salida. Acepté el reto y me fui a ensayar.
En el ínter, entre ensayo y clases, medité la situación, nunca me había enfrentado físicamente con nadie, la violencia era contraria a mis principios, yo estaba flaca y chaparra, ella pesaba tres o cuatro veces más que yo y un golpe con sus manitas pasteleras me iba a dejar turulata. De modo que llegado el momento opté por asumir las ventajas que me daban un cuerpo esbelto más el entrenamiento del ballet y el baile folklórico, corrí. Lolita, desde luego se quedó atrás, pasmada, ya que no podía dar un paso sin agitarse, menos correr.
Afortunadamente llegaron los exámenes de fin de curso y las vacaciones largas. Lolita quedó definitivamente eliminada de mi espectro de relaciones de inmediato. El año escolar siguiente, el último de primaria, no coincidimos en el grupo, ni siquiera la vi una sola vez, si siguió en esa escuela o no, lo ignoro, tal era mi convicción por olvidarme de ese penoso incidente que la borré del mapa de mi vida.
Muchos años después, como veinte, leí una nota en la sección policíaca donde se registraba que una mujer de nombre Dolores Méndez había sido detenida acusada de adulterio, ya saben ustedes qué
amarillistas son los medios. En resumen la nota explicaba que una esposa la acusaba de sostener relaciones extramaritales con su cónyuge y que los había sorprendido en su casa. ¿Será?-pensé.