Monday, July 16, 2018

 NO MORIR EN EL INTENTO I
Flor María Vargas

No morir en el intento es mi principal regla de sobrevivencia. Siendo mujer a la que le han crecido las ideas y de la que suelen decir cosas muy feas –como dice el verso de la canción aquella de Gloria Martín-  está dado por sentado que todo el tiempo deberé navegar a merced de  la corriente en este mundo androcéntrico regido por hombres machistas, con la colaboración decidida de  mujeres híper  machistas. En este navegar no soy única, somos muchas pasando por ese tránsito. En realidad somos legión.  Algún día, que llegará pronto, me dedicaré a escribir mi testimonio de la lucha continua por ser mujer y no morir en el intento.
Todavía era adolescente cuando llegó a mis manos un libro sorprendente, fue un best seller mexicano de la época titulado “Anecdotario de una vida inútil pero divertida”, cuya autora, “Fulana de tal”, permanecía en el anonimato. La escritora decidió publicar sus memorias, según ella misma lo afirmaba, por consejo de su terapeuta, en una edición mal hecha de imprenta. Se dice que llegó a colocar más de 40 mil ejemplares.
La autora tuvo la delicadeza de nunca revelar la identidad para no perjudicar a su familia, ya que Fulana de tal era, en la realidad, una joven perteneciente a la empoderada clase política nacional. Ella decidió poner en papel lo que veía cotidianamente, describiendo con pelos y señales el medio donde  se desenvolvía la inútil vida de una mujer joven de clase alta en aquel México de mediados del siglo XX, rodeada de lujos, privilegios y canonjías inmerecidas. La protagonista podía tener lo que quisiera, las mejores escuelas, auto, chofer, si quería trabajar por matar el tiempo tendría empleo bien remunerado por ser hija de quién era , aunque solo fuera de “aviadora”; atención de los playboys más codiciados de la clase política, de hecho posibilidades de un redituable enlace matrimonial; fines de semana en Acapulco, viajes a Europa en el avión presidencial, mientras que en los escalones más bajos de la burocracia se revolcaban como gusanos miles de empleados sometidos y explotados, que solo podrían levantar cabeza a base del servilismo y la corrupción.   Todo ello aderezado con una  narrativa muy divertida, como lo dice el título.  
Por su carácter anónimo, su espíritu crítico y tal vez sin proponérselo, “Anécdotario de una vida inútil pero divertida”  abreva indiscutiblemente de la tradición picaresca novohispana ( Periquillo Sarniento).
El libro llegó a mis manos como se fue, en una prestada, porque para eso son los libros, para que circulen. En fin, hace algunos años quise volver a leerlo y  empecé a preguntar aquí y allá, sin éxito. A lo sumo, localicé por vía telefónica a la secretaria del albacea de los bienes de la autora, ya fallecida, quien quedó de hablar después para confirmar si podría conseguirme un ejemplar. Pasó el tiempo y nada. Hoy me enteré que ya se encuentra en Amazon. ¡Excelente! Pediré  uno en cuanto se pueda.
Poco después aparecieron otros dos libros autobiográficos de escritoras mexicanas que también me causaron gran impresión: “Tal cual. Vida, amores y cadenas” de Irma Salinas, y “A calzón quitado” de Irma Serrano. “Las Irmas”, como solía decirse en  algunos círculos para referirse a las dos autoras y a su increíble irrupción en el mundo editorial de México como si fueran parte de una misma dupla, fueron mucho más reveladoras que Fulana de tal. Para empezar nunca ocultaron su identidad, ambas afamadas, una por la industria del espectáculo y la otra  por pertenecer a familias  extremadamente poderosas en la vida económica del país, simplemente le dieron rienda al desahogo, pero con mucho más cuidado editorial.
¿De la Serrano qué puedo decir? Se trataba de su primer libro autobiográfico, escrito con mucha amenidad, muy acorde a la estrambótica personalidad que portaba de mujer entrona y empoderada,  y desde luego que nos alimentó el morbo a millones de mexicanos ávidos de destrozar la imagen del expresidente Díaz Ordaz, odiado  por la masacre de Tlatelolco, tan feo pero tan cachondo según se supo. No se diga la imagen del presidente Echeverría que, siendo el Secretario de Gobernación, servilmente  le pelonaba las manzanas a la amante del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas  Mexicanas, o sea don Gustavo, y que muy probablemente habría intrigado con la primera dama para instrumentar la persecución de que fue objeto la Tigresa, a quien de pronto se le cancelaron contratos y compromisos artísticos de todo tipo por órden de la ñora Díaz, lo que ocasionaría a la postre  el rencorcillo de la diva de la canción vernácula que devino en el éxito de librería.  Situaciones de esas ocurrían en los años sesentas del siglo pasado y, aunque lo duden, suceden todavía en nuestras sociedades donde impera la doblemoral.
En cambio, a propósito de hipocrecía y doblemoral, la lectura de “Tal cual” solo podía suscitar dolor e indignación. Nos puso al tanto del clasismo y conservadurismo de los potentados postrevolucionarios ( aunque más más bien añorantes de Don Porfirio) , de la opresión en la que vivían las mujeres de la Hig Sociality en México, de la infinita discriminación por razones religiosas en una nación  pretendidamente laica, de la miseria y avaricia de una clase social que tiene todo  pero siempre quiere más. Simplemente para llorar.
El punto es: ¿Cómo escribiría la autora su testimonio de vida? Me gustaría, desde luego, un estilo divertido como el de Fulana de Tal, con el arrojo de la Serrano, pero ni soy divertida, mucho menos empoderada como lo era La tigresa. Lo más probable es que me acerque al doloroso caudal de indignación de la Salinas, con la diferencia de que la neolonesa escribió sus memorias cuando ya estaba del otro lado del arroyo, a salvo. Mientras que ésta,  la del teclado, sigue practicando el rafting en peligrosas aguas y sin salvavidas.    


Tuesday, May 01, 2018

LECCIÓN DE ECONOMÍA DOMÉSTICA 2





Mira, Bartola, ahí te dejo esos dos pesos, pagas la renta, el teléfono y la luz; de lo que sobre, coge de ahí para tu gasto, guárdame el resto para echarme mi alipús…”. El gran cronista musical de México, Chava Flores, siempre tan atinado, describió en una canción titulada Peso sobre peso, las penurias que suele sufrir el ama de casa común para estirar el “chivo” que da el marido para los gastos de la familia. El autor exploraba con comicidad el triste estatus de la esposa que hacía milagros para la sobrevivencia mientras el marido le escamoteaba hasta el último centavo. Desde luego subyace la crítica social y la denuncia, tanto de los bajos ingresos con que debe subsistir una familia promedio en México, como del  machismo que victimiza a la mujer haciéndola responsable de la insuficiencia. Esto era así en los años cincuenta del siglo XX cuando  la canción fue un éxito radial, y sigue siendo casi igual hasta  la fecha.
Algunas décadas después del lanzamiento de “la Bartola” –como se conoce la canción- un editorialista chihuahuense bastante reconocido  publicó un texto que yo recuerdo particularmente con agrado, en éste el autor elogia la capacidad de su esposa para cuidar la buena marcha del hogar, como dar de comer a la familia de seis con medio kilo de carne molida y aguantar toda la increíble cantidad de faenas hogareñas, desde preparar alimentos, ir al mercado, lavar y planchar la ropa, ayudar en las tareas escolares de los hijos y hasta hacerla de enfermera, chofer, jardinera y demás, llevando en el estómago solo una taza de café y una tostada.  En ese tiempo, siendo  yo también madre de familia con dos hijos pequeños, que reinaba en mi hogar a duras penas con los 100  o 150 pesos por semana que proporcionaba el príncipe consorte, le agradecía al editorialista su sensibilidad.
Como quiera, la fama de buenas administradoras de  las carencias sigue siendo privilegio de las amas de casa, de donde se infiere que cualquier empresa dirigida por mujeres podrá sobrevivir en la escasez.
Una de las formas más sutiles que adopta la violencia de género, pero no menos brutal en consecuencias, está relacionada con esa idea de que, como a la Bartola, a la mujer le basta con dos pesos para administrarse, por lo que en muchos  ambientes de la función pública los recursos destinados a proyectos de mujeres o bajo la dirección de mujeres, son mucho menores que otros, para no hablar de la disparidad de los sueldos que reciben en relación a los de los varones.
Actualmente se presume de que los gabinetes de funcionarios de la administración pública son totalmente pares, es decir que existe una participación 50/50 de los géneros en posiciones de primer nivel. Antes de aceptar como cierta esa aseveración me gustaría conocer los presupuestos que se le otorgan a cada dependencia, estoy segura que no resistirían una comparación de género pues es evidente que, en proporción,  aquellas áreas que son presididas por mujeres son las que detentan menos recursos económicos, humanos y de infraestructura. Podría decirse que  son  apreciadas como las menos importantes en los organigramas  organizacionales, las de menos trascendencia en las políticas de estado, las de menor influencia, las de menos “power” al final del día, aunque en algunos casos excepcionales sean las que mejor responden y las que permanecen más leales a los principios de la gestión. Es una pena realmente porque se desperdicia talento y vida.
El día en que sean mujeres las que estén a la cabeza de las dependencias con mayor influencia en el organigrama del ejecutivo de gobierno, cuando  sean ellas las titulares de las Secretarías de Gobierno, Hacienda, Educación, Salud, Desarrollo Social, Desarrollo Rural, Fiscalía y Obras Públicas, y no solamente en áreas donde se les escamotean hasta los dos pesos de la Bartola, entonces si será posible creer que existe igualdad entre géneros y reconocimiento pleno de la capacidad de las mujeres para conducir las políticas públicas. Por lo pronto solo es discurso sin contenido.


Friday, March 30, 2018

Una lección de economía doméstica





Doña María Trevizo de Frescas, mi abuela materna, tenía una frase para justificar su quehacer culinario: “A la cocinera, la hace el recaudo”. Lo cual tiene su trasfondo. En la economía del productor de autoconsumo, es decir, del agricultor temporalero como era mi abuelo, la cocina solía organizarse de acuerdo a lo que había en el año. Si había buena cosecha de maíz, frijol, calabaza, si se criaba el marranito, si las vacas  daban abundante leche, si las gallinas eran ponedoras, si la huerta era regada con oportunidad para producir alfalfa, frutas y hortalizas, habría siempre abundante comida. Si no, pues no. Por más esfuerzos que se hicieran para rendir lo poco, el menú de la cocina sería magro e insuficiente, y peor cuando se trataba de alimentar una decena de hijos.
Todavía me tocaron a mi lo esfuerzos de doña María por alimentar a su prole en esos tiempos en que una veintena de nietos, más los hijos, hijas y yernos, acampábamos impertinentes en su sencilla pero siempre pulcrísima  casita de adobe.   Solía preparar frijoles aguados en una enorme olla de peltre. Los hacía caldosos y ya sobre el plato les agregaba pico de gallo o, a veces, asadero o simplemente suero de leche para añadirles algo de sabor. A mí me parecían geniales y en algún momento llegué a exclamar que como los frijoles de mi abuela no había vuelto a probar, entonces mi madre me reveló lo obvio, que los preparaba con mucha agua para que rindieran.
De este modo, no puedo presumir de haber probado platillos  grandiosos en la cocina de mi abuela, sino únicamente  la sencillez de una culinaria definida por las carencias antes que por la abundancia. La sabrosura del alimento radicaba más bien en el hambre del comensal y en el amor que le imprimía la cocinera al prepararlo.
Esto viene a colación porque, de algún modo, los hacedores de políticas públicas para el bienestar del pueblo,  quienes llegaron ahí gracias al voto popular y nada más que por eso, a estas alturas del siglo XXI siguen considerando que sus gobernados de las clases bajas sobreviven mejor administrando las carencias y ahí los dejan a que se rasquen con sus propios medios antes que ofrecerles verdaderas opciones de mejoramiento, que al cabo son bien duchos para la economía doméstica.
Recuerdo con frecuencia otra frase dicha por un gran amigo, experto en planeación educativa: “Proyecto que no impacta en el presupuesto vale madre”. Por si alguien no comprende el alcance de esta frase diré que en las instituciones con frecuencia se presentan proyectos basados en ideas super maravillosas, revolucionarias a veces, destinadas a resolver sentidas problemáticas  sociales, llámense leyes, acuerdos interinstitucionales, proyectos o programas, que nunca se concretan efectivamente por carencia de presupuesto.
Así, en el estado se han aprobado, por ejemplo,  leyes que han quedado de ornato por muchos años debido a que no se establecieron reglamentos para su operación y mucho menos presupuestos para hacerlas efectivas. En este caso no dejo de preguntarme ¿Para qué aprobar una ley, diseñar un programa o plantear  un proyecto y luego dejarlos sin efecto al negarles los instrumentos necesarios? ¿Negligencia, descuido, falta de interés? ¿O bien, olvido deliberado para no permitir que ese “asunto” afecte intereses superiores de quién sabe quién?
Cualquier intento de corregir el rumbo, de retomar problemáticas postergadas, de formular nuevos planteamientos en las instituciones de gobierno para el bien de la comunidad, solo podrá hacerse realidad si se abordan con seriedad y compromiso por parte de las autoridades de primer nivel y de ahí para abajo toda la estructura;  como dijera mi abuela “El recaudo hace a la cocinera” y si se pretende desatar procesos que resuelvan problemáticas añejas de rezago  social, se les deberán destinar recursos humanos y financieros para lograrlo. De no ser así no pasan de ser buenas intenciones, que al contrario de la anécdota familiar, no se podrán compensar solo con amor materno.





Este Mundo loco: La guerra de los "estacionamientos"

En alguna revista de antaño, de las que se leían en mi casa en aquellos años de mi infancia, había una sección titulada “Este Mundo loco”. Ahí se describían sucesos insólitos, rarezas, costumbres extrañas de continentes lejanos. Era una lectura divertida y amena que al final   dejaba al lector una sensación como de reconfortamiento. En el fondo uno pensaba que, después de todo,  en el anodino universo personal se estaba bien. La realidad es que las locuras nos circundan mucho más de lo que uno quisiera hoy en día.
Esta que escribe vive en un barrio obrero desde hace más de tres décadas, en una sencilla casita de Infonavit con jardincito en el frente y espacio en la cochera para un auto. Mi casa es igual a todas las demás. Casi todas las familias cuentan con dos autos como mínimo y hasta tres, por lo que hay momentos del día o la noche que los espacios de estacionamiento en la calle son insuficientes. De los 365 días del año, por lo menos durante 300  alguno de los vecinos usa el espacio frente a mi cochera para estacionarse en algún momento del día. Cuando llego por las tardes a casa –esto ya se volvió rutina- detengo el auto frente a la casa, a veces toco el claxon y sale el vecino en cuestión o me bajo a tocar las puertas para pedirles que se retiren. Hace años que dejé de molestarme por eso, lo hago sin sufrir, pienso que todos son muy buenos vecinos y cuando pido alguna ayuda siempre acuden en mi auxilio con la mejor disposición. Es, digamos, un dar y recibir que nos ha permitido vivir en armonía por treinta años. Bien vale la pena un poco de amabilidad. Por eso no me explico ciertas actitudes que narraré a continuación.
Uno de estos días una amiga se estacionó en los cajones de un centro comercial que está frente a su trabajo, donde por cierto suele desayunar dos o tres veces por semana. A la hora que llegó todavía estaban cerradas las cortinas metálicas de los establecimientos y dado que planeaba salir en unos minutos no creyó hacer mal, pero no salió. Tuvo tal presión en el trabajo que no se levantó de su silla ni para ir al baño. Llegó la hora de salida y se quedó una hora más. Cuando por fin salió ni siquiera se acordaba donde se había estacionado –lo cual le sucede con frecuencia, es tal su despiste-, hasta que vio el auto bloqueado por otro que estaba detrás. Con resignación y consciente del  error fue entrando  a los cafés, boutiques y otros negocios para pedir que la desbloquearan. En uno de los lugares, el dependiente la puso como “palo de gallinero” y ella asentía pidiendo disculpas. ¿Cómo explicar su despiste? Pero el hombre continuaba y continuada su retahíla de amenazas, que les quitaba los clientes, que le iban a ponchar las llantas,   rayar la carrocería, quebrar los vidrios, que mejor se cuidara porque el dueño era de armas tomar. Al fin encontró en otro negocio a quien había dejado su vehículo detrás del suyo, a propósito debo decir, y nuevamente la cascada de reclamos por parte de la propietaria y disculpas por parte de mi amiga, a tal grado subió la agresión que ya estaba decidiendo irse, dejar el auto ahí o quedarse a pernoctar dentro de él, cuando en eso entra un muchacho de no más de 15 años amenazando con sacar la fusca. ¡Imagínense ustedes! ¡Por un asunto de un estacionamiento en una plaza comercial donde hay hasta 10 o más cajones para tal efecto, amenazar con sacar armas de fuego cual viles sicarios! ¡Amenazar a quien además es clienta frecuente del lugar! ¡Este mundo es de locos!  
Esta anécdota me hace recordar otra. Un amigo tenía una escuela de belleza bastante exitosa en una avenida con mucho tráfico vehicular. La Academia solo tenía dos cajones de estacionamiento por lo que las alumnas debían estacionarse en calle colindantes. En la esquina había un establecimiento atendido por un hombre exhibicionista e intolerante. Una tarde salió hecho un energúmeno, en camiseta de tirantes para mostrar los músculos, y agredió a las muchachas que se estaban estacionando en la banqueta de su fachada; entre las linduras de insultos que les profería estaba el clásico “pendejas”, lo cual las ofendió grandemente. Al día siguiente llegó el novio de una de ellas con sus escoltas armados hasta los dientes, sacaron al musculoso intolerante de su tienda y lo encañonaron con las armas largas al grito de: ¡A ver pochudo, ahora sí, atrévete a gritarle pendeja otra vez a mi novia! Si no lo ejecutaron en el momento seguramente que fue por no perjudicar a la muchacha. Desde luego, el hombre nunca más volvió a meterse con las alumnas de la academia. ¡Este mundo de locos!
En contraparte, tuve yo una experiencia positiva cuando este mediodía fui a comer en un restaurante popular. Solo había estacionamiento en los cajones de una tienda de lavadoras aledaña del negocio de comida. Teniendo conocimiento de lo anterior dudé en colocar ahí mi auto pero el propietario muy gentilmente me hizo señas para que tomara el lugar y así lo hice. Se lo agradecí al bajar pensando en que por fortuna todavía existimos ciudadanas y ciudadanos totalmente alejados de la violencia  fomentada por la narco cultura que, por desgracia, gana cada día más terreno, como lo demuestran con sus actitudes estas personas, capaces de blandir las armas hasta por una estúpida reyerta  de cajón de estacionamiento. ¡Este mundo de locos por los autos, los estacionamientos y las armas! 




 

Sunday, June 05, 2016

Instrucciones para criar un cenzontle



Mi abuela, doña María Trevizo, cultivaba una extraña devoción por la crianza de cenzontles, “chontes” como se les dice por aquí, y según recuerdo todo el tiempo había uno en su casa, allá en santa Isabel.  El sitio  regularmente estaba inundado de los cantos del  ave, lo cual era motivo de conversación y elogios de las visitas.
–María, pero cómo canta bonito tu chonte, se escucha desde que viene una dando vuelta por la esquina de Balbina—decía la Tía Lázara y soltaba una retahíla  de carcajadas de puro gusto, a lo que el ave respondía imitando las risotadas  y aquello se convertía en un concierto musical de varios decibeles.
Se cuentan historias graciosas, como lo que sucedió durante una crecida del río en que mis abuelos, ya ancianos, recibieron la instrucción de desalojar ante el peligro de  inundación. Un primo fue por ellos pero mi abuelo, terco como él solo, se negaba a dejar el hogar y la abuela no tenía corazón para dejarlo. El primo regresó a Chihuahua con el cenzontle en su jaula como único pasajero, su dueña decidió ponerlo a salvo en primer orden.
El cenzontle es un ave sorprendente, su nombre se origina del  náhuatl y significa “pájaro de las cuatrocientas voces” en alusión a la maravillosa multiplicidad de su  canto. Para los antiguos nahuas, el cuatrocientos representa el número infinito, así pues la  variación absoluta  del canto del cenzontle es incalculable debido a su capacidad de imitación. Cada cenzontle imitará cantos y ruidos de su entorno. No es extraño que ladren, maúllen o reproduzcan el canto de otras aves, risas de humanos, gritos, máquinas y todo lo que posea notas musicales. Bach habría palidecido ante el barroquismo y magnificencia del canto de  esta ave.
Los cenzontles fueron sumamente apreciados por los antiguos. Una hermosa leyenda purépecha dice que cuando  Nana-Kuerari (diosa de la Tierra) estaba esperando un hijo, quedó fascinada por el canto del cenzontle. Nana-Kuerari pintaba miles de colores a las aves de la Tierra, mientras el cenzontle posado en su hombro cantaba. Como este quedó al final del ejercicio, y la pintura se había terminado ya, entonces la diosa lo premió con 4 voces adicionales para que cantara también a los dioses del aire (Tariatacha) y el agua (Tiripime-jhuarencha).
Con frecuencia se le menciona en mitos, relatos, canciones  y textos poéticos,  como los versos del rey poeta Netzahualcoyotl  “Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces; amo el color del jade y el enervante perfume de las flores; pero amo más a mi hermano el hombre”, que aparece hoy en los billetes de  cien pesos.
El canto del cenzontle,  o chonte, despierta admiración  y la tradición de tenerlos en cautiverio se mantiene vigente  junto con la de criar canarios, periquitos australianos, loros,  gorriones, clarines y otras aves canoras, tan del afecto de las abuelitas. Si bien sigue  habiendo personas que gustan de mantener esta tradición, cada vez se pierden más los misteriosos saberes  que deben poseer quienes se dediquen a esta actividad.
Mi madre heredó la devoción de la abuela, así que  me consta de los extremos cuidados que deben recibir estas aves para mantenerse en buen estado de salud y talante, indispensables para que su canto sea prolijo.
He aquí las instrucciones de mis ancestras para bien criar un cenzontle en cautiverio:
1. Los cenzontles solo se reproducen en libertad, si se desea tener uno en casa se le captura valiéndose de trampas. Verse atrapado le puede ocasionar un gran disgusto y morir del susto o del enojo.  También hay quien acecha los nidos y los atrapa siendo todavía polluelos, pero estos tienen muchas menos probabilidades de sobrevivir. En casa tuvimos uno que llegó jovenzuelo, todavía no comía solo y le dábamos directamente en el pico con un dedo la purina para pollos remojada. El pobre animalito llegó a creer que éramos sus padres, cada que pasaba alguno cerca de la jaula pillaba y abría el pico pidiendo comida.
2.- Solo cantan los machos. Hembras y machos son muy parecidos, si acaso las hembras son un poco más esbeltas pero no gran cosa, confundirlos es frecuente y pueden pasar meses antes de percatarse de la confusión.
3. Son territorialistas y de alas y cola  muy  grandes en proporción a su cuerpecito, de ahí que necesitan jaulas de buenas dimensiones que les permitan extenderse a sus anchas, pero sobre todo no estar cerca de otro cenzontle macho porque se vuelven locos del disgusto y de tanto aletear. Incluso a veces se abalanzan sobre los humanos extraños que se acercan a la jaula.
4. La jaula debe asearse todos los días.  
5. Renovar el agua diariamente; les agrada bañarse por lo que es conveniente ponerles  dos o más recipientes con agua, uno para el baño y otro para beber.
6. La comida debe ser completa en nutrientes. Mi abuela en sus tiempos les daba una mezcla de masa o mazeca con chile molido revuelto con moscos secos y distintas frutas, moras, bayas, tomate. De pronto el abuelo llegaba con algunos chapulines los soltaba dentro de la jaula. Mi madre ahora les da purina y mosco, sin que les falten las manzanas que son de su predilección. La broma familiar es que el chonte era mejor alimentado que los hijos pues en más de una ocasión compraba manzanas de exportación para el ave y para nosotros las chiquitas y agujereadas de segunda.
7.  Sacar la jaula durante el día para que vea el cielo y respire aire fresco, a la sombra desde luego, no vaya a ser que le de insolación. De noche meterlo a resguardo y colocarle una manta encima para taparle la luz. Las aves funcionan con la luz del sol, despiertan al amanecer y lo normal es que al atardecer duerman. Desafortunadamente para ellas, en la ciudad hay muchas luces que las hacen confundirse, si ven luz creen que es de día y siguen comiendo y cantando. Había un chonte muy cantador en casa de mi madre que cantaba sin parar mañana, tarde y noche, le poníamos las mantas encima de la jaula para hacerlo callar pero éste si veía una esquinita despejada se agachaba, sacaba el pico y seguía cantando.

8. Finalmente recordar que todo ser vivo requiere afecto, mimos y cuidados para desarrollarse bien. Lo mismo es con los cenzontles en cautiverio, son bastante inteligentes y sensitivos, llegan a reconocer a sus amos y a crear lazos afectivos con ellos. Si se les cuida adecuadamente pueden vivir muchos años regalándonos  con  su prodigioso canto. Sin embargo, digo yo,  siempre será mejor para ellos vivir en libertad, hacer pareja y reproducirse. No olvidar que “Aunque sea de oro la jaula, no deja de ser jaula”.

Wednesday, February 11, 2015

Kaldi Café en Chihuahua




Desde mi tierna infancia adquirí el irrenunciable hábito de tomar café.  En mis afanes por buscar la salud física y emocional he podido abandonar por temporadas o para siempre  toda clase de adicciones potenciales: El cigarro, el juego, los azúcares, las harinas, la carne, los lácteos, el alcohol, los refrescos embotellados, los enamoramientos delirantes y hasta el sexo. Solo hay tres cosas que no he podido dejar: Los libros, los amores platónicos y el café.  De hecho he escrito estas líneas bajo la inspiración  de un par de tazas de delicioso café mezcla de la casa del  Kaldi Café de Saúl Murillo.
En diciembre de 2002, Saúl vio  realizado un sueño seguramente acariciado largo tiempo: abrir su propio café. Quienes lo estábamos esperando, lo agradecimos, porque finalmente tendríamos a partir de ese momento un servicio de buen café, qué tanta falta nos estaba haciendo. Un servicio de cafetería que girase exclusivamente alrededor del café y el té, pensado para degustar de estas reconfortantes debidas legendarias,  ideal para propiciar la charla, la lectura, el intercambio de ideas, sin intromisiones de otro tipo de distractores.
La historia del consumo de café, tema central de este encuentro, es tan antigua como la civilización humana. Se origina en Etiopía y su expansión en el mundo fue propiciada por los árabes, quienes lo llevaron consigo a sus tierras conquistadas. Su nombre se deriva del vocablo árabe “qahwah”.
Para 1500 d.c., la costumbre de beber café estaba presente en todo el mundo árabe, en donde  como ustedes saben se alcanzaron altos grados de sofisticación cultural. Los hombres se reunían en salones de gran confort a  jugar ajedrez, conversar, leer poemas y beber café. Los derviches de El Cairo  solían tomar café como parte del frenético ritual que los caracteriza hasta hoy.
El café cobró popularidad en Europa desde principios del siglo (17) XVII, italianos, holandeses, alemanes e ingleses, adoptaron rápidamente  el gusto por la energetizante  bebida y se abrieron las primeras cafeterías públicas.  El café entonces compitió fuertemente contra la costumbre de tomar té.
Mi teoría es que el consumo del té seguía teniendo uso en los hogares y salones de sociedad, mientras que el café se bebía en lugares underground, lo que no coincide con la imagen de los confortables espacios de los sofisticados árabes, pero así suele suceder en el tránsito de los intercambios culturales, lo que en unos es placentero en otros es motivo de persecución.
Pues bien, las cualidades estimulantes del café y la asiduidad a las cafeterías, espacios semi clandestinos o por lo menos marginales durante los siglos XVII (17)  y XVIII (18) en Europa y Estados Unidos, estuvieron de la mano con el  intercambio de las ideas y el surgimiento  de las aspiraciones libertarias que derrumbaron el viejo  régimen y dieron pie al nacimiento de las repúblicas democráticas y a la era moderna.
A lo largo de su historia el café como bebida reconstituyente del ánimo y capacidad para estimular  la creatividad ha sido propiciador del desarrollo del pensamiento filosófico, de buena parte de los descubrimientos científicos, de los avances en tecnología y hasta de la creación de grandes obras de arte, además de ser  el marco predilecto para la conspiración insurgente,  y pretexto idóneo para  la convivencia amistosa y familiar.
Las formas de consumir el café son tan diversas como las naciones, las posibilidades y gustos de cada quien. Recuerdo hoy nada más una referencia literaria, de las muchas que debe haber, García Márquez en su novela Cien años de soledad hace mención reiterada del modo  en que toma  café el coronel  Aureliano Buendía: Negro con azúcar.
A los degustadores aficionados nos gusta tomarlo de diferentes maneras, según el antojo, el ánimo o los requerimientos: Express, late, cortado, moka, capuchino caliente o frío, americano y hasta de olla –sin duda el más mexicano porque lleva canela, clavo, cáscara de naranja y piloncillo-, pero nunca soluble porque NOescafé.
Así pues, Kaldi Café vino a llenar  una necesidad  creciente de nuestro entorno, la de  ofrecer café para conocedores, género de los servicios restauranteros  que cualquier ciudad con pretensiones cosmopolitas debe tener, y aunque hubo algunos antecedentes previos, éstos sucumbieron pronto o se mezclaron con distintos servicios, por lo cual el nicho permanecía incólume en aquel momento.
El  proyecto inicial de la familia Murillo triunfó en definitiva y partir de esa fecha contamos con este espacio, preferido por los habituales del buen café, de la conversación con contenido y de los artistas, puesto que Kaldi no solo es una cafetería, es también un foro para la difusión de la cultura y el arte. Es más, ya no es sólo un espacio, son tres gracias al impulso empresarial expansivo de Saúl.
Hablaré de Saúl ahora, un joven empresario de gustos refinados, sensible a la cultura contemporánea, a quien he visto cuidar con gran esmero cada detalle de sus establecimientos, desde el color de las paredes, la colocación del mobiliario  hasta el diseño de los  impresos, sin descuidar un instante la calidad del servicio y la nitidez de las cualidades del grano que utiliza en  las mezclas que ofrece a sus parroquianos.





Monday, June 30, 2014

De cuando los Carrión vinieron al Club de Leones o Lanza tus penas al viento.


Llegamos temprano al Club de Leones, en punto de las 3 de la tarde, donde a pesar del inclemente sol de  junio ya había bastante gente  esperando que se abrieran las puertas del lugar. La expectación era grande pues en la tardeada de ese domingo se presentaban los legendarios Hermanos Carrión.
Desde hace años es costumbre en Chihuahua que los domingos por la tarde se destinen a la convivencia de las personas de edad madura  en salones de fiestas. El baile con orquesta se mantiene así como una tradición viva para el disfrute y solaz de los que, aunque ya pintan canas en las sienes, aún poseen un corazón que late fuerte y a todos los  ritmos posibles,  desde   la cumbia, el cha cha, el mambo  y el rock and roll.
Este divertimento atrae a los mayores pero también a los no tanto, así es que  cada domingo vemos  cómo conviven entusiastas bailadores de varias generaciones,  al son de  agrupaciones musicales casi  siempre locales pero con mucha experiencia, como la Soul de Camargo que es la orquesta que justamente en este día alterna con los afamados Hermanos Carrión.
Los Carrión iniciaron su trayectoria en el año de 1960 del siglo pasado, o sea tienen ya más de cincuenta años en el tablado. Entre sus éxitos se cuentan Lágrimas de Cristal, Las Cerezas, Magia Blanca y otras inolvidables melodías cargadas de sutilezas románticas que  en su tiempo hacían suspirar profundamente a las  adolescentes. Vea usted nomás: “ Siempre soñé que tú vendrías a mí,  y hoy que es así, creo estar soñando cuando tú me besas a mí..”; o esta otra: “Fueron lágrimas de cristal las que derramaste al partir, tu sueño voy construir para soñarlo en mi  soledad, …los diamantes que tu lloraste yo los guardé…”. Ni qué decir de aquel superéxito: “Oh, magia  blanca magia blanca que me embrujó, magia blanca tienes tú…”, y tantas otras infaltables en los bailes escolares de los sesenta y setenta del siglo pasado, que se bailaban de cachetito sin salirse del  cuadro y que toooodos los asistentes coreaban al unísono.
Pues bien, los adolescentes de aquellos días son los abuelos de ahora y como los ánimos no decaen sino por el contrario se incrementan con el transcurrir de las décadas, más de una centena de seguidores de los artistas se dieron cita aquel domingo de junio en el salón de la calle Carbonel, e igual que antaño  ovacionaron a sus  ídolos, los corearon y les aplaudieron a más no poder. Los Carrión, con más de setenta años de edad cada uno, demostraron estar  en óptimas condiciones físicas y artísticas;  y aquello de que  como los vinos, entre más años mejores, se cumplió totalmente.
Como en un  “volver al pasado”, cada set  de presentación de los Carrión  convocó a sus seguidores a colocarse frente al escenario, corear con mucho sentimiento las canciones, levantar los brazos, balancearse al ritmo de la melodía y tenerlos tan de cerca que casi  podían tocarlos  y establecer contacto visual con ellos. Estas escenas me hicieron recordar las viejas fotografías y reseñas de la época y me pregunto: ¿Cuántas de estas adorables cabecitas blancas de hoy fueron alocadas e  inocentes jovencitas  de  aquel ayer?  En eso estoy, cabilando, cuando un brazo se extiende hacia mi y escucho  la pregunta  obligada: ¿Bailamos? Levanto la vista para encontrarme con el rostro de un amable galán maduro que me ofrece su mano con ese gesto tan conocido, casi una reverencia con la palma abierta. Acepto.
Desde ese día  no dejo de  cantar para mi:  “…Si triste estás por un amor que te causó un gran dolor, en despejar ya haz de pensar  y lanza tus penas al viento, que el viento las borrará, lalala, lalala…”.



Saturday, June 07, 2014

¿Centro de Convenciones o Casa Redonda ?



El inmueble de la Casa Redonda, construido a mediados del siglo XIX, es calificado como Monumento Histórico por la Ley Federal de Monumentos Históricos y Arqueológicos de México, lo que implica no solo el cuidado y  conservación de los muros y techos que lo conforman sino también su entorno próximo, el cual al ser afectado puede repercutir en el inmueble.  Así mismo tiene un importante valor icónico puesto que refiere a la época de la historia económica y social de nuestro país  cuando los ferrocarriles fueron  puntal para  el desarrollo y vía de acceso a la modernidad. Hoy el edificio alberga un museo de sitio que rememora esa etapa.
La Casa Redonda de Chihuahua es única en el mundo que se ha conservado de esa época y que actualmente funcione como centro cultural y museo de arte.
 Existe ciertamente no gracias al interés del Centro de Convenciones, puesto que en los años que se destinaron los antiguos patios de Ferronales para levantar sus salones, sus ignorantes constructores  prácticamente derrumbaron todo a su paso sin importar antigüedad, lográndose salvar la Casa Redonda y otro pequeño inmueble solo porque se levantaron voces que con argumentos y razones defendieron el punto, contándose además  con  la intervención de las autoridades del INAH en ese momento. De no  ser por  aquella intervención oportuna, ni con esto contaríamos hoy en día, lo más probable es que únicamente habría estacionamiento y más estacionamiento.
Del pequeño inmueble que cito, que de hecho fue derribado antes de que llegara la orden de detener la destrucción, se supone se debieron resguardar sus materiales y partes originales para ser reconstruido justamente en los terrenos que están en disputa. Las preguntas inevitables son: ¿Qué pasó con este edificio? ¿Efectivamente se resguardan aún sus partes o ya las desaparecieron? ¿Por qué no se levantó el inmueble como fue el acuerdo?
 Los terrenos en disputa se consideraron para ese fin, y para construir los anexos necesarios para el buen funcionamiento del museo, es decir: oficina y bodegas. Esto es indispensable porque el edificio debe ser destinado exclusivamente a la galería por razones de seguridad a mediano plazo.
 Lo más lamentable es que hayan pasado las administraciones de Arturo Rico Bovio, la de Jorge Carrera y la que va de Fermín Gutiérrez sin que el Gobierno del Estado destinara los recursos necesarios para reforzar estructuralmente este espacio cultural. Ahora vemos las consecuencias del semi abandono de un proyecto de origen  noble, el cual se ve agredido por la desmesura y prepotencia de una entidad que se escuda en  supuestos y sobrentendidos.
 Aquí el Centro de Convenciones ha mostrado una cara  sumamente insensible y ajena a la cultura con el absurdo de privilegiar el parque vehícular.  Deberían ser más cautos, los chihuahuenses ya no nos tragamos el discurso del automóvil por sobre el paisaje urbano, de eso estamos hartos.