Sunday, June 05, 2016

Instrucciones para criar un cenzontle



Mi abuela, doña María Trevizo, cultivaba una extraña devoción por la crianza de cenzontles, “chontes” como se les dice por aquí, y según recuerdo todo el tiempo había uno en su casa, allá en santa Isabel.  El sitio  regularmente estaba inundado de los cantos del  ave, lo cual era motivo de conversación y elogios de las visitas.
–María, pero cómo canta bonito tu chonte, se escucha desde que viene una dando vuelta por la esquina de Balbina—decía la Tía Lázara y soltaba una retahíla  de carcajadas de puro gusto, a lo que el ave respondía imitando las risotadas  y aquello se convertía en un concierto musical de varios decibeles.
Se cuentan historias graciosas, como lo que sucedió durante una crecida del río en que mis abuelos, ya ancianos, recibieron la instrucción de desalojar ante el peligro de  inundación. Un primo fue por ellos pero mi abuelo, terco como él solo, se negaba a dejar el hogar y la abuela no tenía corazón para dejarlo. El primo regresó a Chihuahua con el cenzontle en su jaula como único pasajero, su dueña decidió ponerlo a salvo en primer orden.
El cenzontle es un ave sorprendente, su nombre se origina del  náhuatl y significa “pájaro de las cuatrocientas voces” en alusión a la maravillosa multiplicidad de su  canto. Para los antiguos nahuas, el cuatrocientos representa el número infinito, así pues la  variación absoluta  del canto del cenzontle es incalculable debido a su capacidad de imitación. Cada cenzontle imitará cantos y ruidos de su entorno. No es extraño que ladren, maúllen o reproduzcan el canto de otras aves, risas de humanos, gritos, máquinas y todo lo que posea notas musicales. Bach habría palidecido ante el barroquismo y magnificencia del canto de  esta ave.
Los cenzontles fueron sumamente apreciados por los antiguos. Una hermosa leyenda purépecha dice que cuando  Nana-Kuerari (diosa de la Tierra) estaba esperando un hijo, quedó fascinada por el canto del cenzontle. Nana-Kuerari pintaba miles de colores a las aves de la Tierra, mientras el cenzontle posado en su hombro cantaba. Como este quedó al final del ejercicio, y la pintura se había terminado ya, entonces la diosa lo premió con 4 voces adicionales para que cantara también a los dioses del aire (Tariatacha) y el agua (Tiripime-jhuarencha).
Con frecuencia se le menciona en mitos, relatos, canciones  y textos poéticos,  como los versos del rey poeta Netzahualcoyotl  “Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces; amo el color del jade y el enervante perfume de las flores; pero amo más a mi hermano el hombre”, que aparece hoy en los billetes de  cien pesos.
El canto del cenzontle,  o chonte, despierta admiración  y la tradición de tenerlos en cautiverio se mantiene vigente  junto con la de criar canarios, periquitos australianos, loros,  gorriones, clarines y otras aves canoras, tan del afecto de las abuelitas. Si bien sigue  habiendo personas que gustan de mantener esta tradición, cada vez se pierden más los misteriosos saberes  que deben poseer quienes se dediquen a esta actividad.
Mi madre heredó la devoción de la abuela, así que  me consta de los extremos cuidados que deben recibir estas aves para mantenerse en buen estado de salud y talante, indispensables para que su canto sea prolijo.
He aquí las instrucciones de mis ancestras para bien criar un cenzontle en cautiverio:
1. Los cenzontles solo se reproducen en libertad, si se desea tener uno en casa se le captura valiéndose de trampas. Verse atrapado le puede ocasionar un gran disgusto y morir del susto o del enojo.  También hay quien acecha los nidos y los atrapa siendo todavía polluelos, pero estos tienen muchas menos probabilidades de sobrevivir. En casa tuvimos uno que llegó jovenzuelo, todavía no comía solo y le dábamos directamente en el pico con un dedo la purina para pollos remojada. El pobre animalito llegó a creer que éramos sus padres, cada que pasaba alguno cerca de la jaula pillaba y abría el pico pidiendo comida.
2.- Solo cantan los machos. Hembras y machos son muy parecidos, si acaso las hembras son un poco más esbeltas pero no gran cosa, confundirlos es frecuente y pueden pasar meses antes de percatarse de la confusión.
3. Son territorialistas y de alas y cola  muy  grandes en proporción a su cuerpecito, de ahí que necesitan jaulas de buenas dimensiones que les permitan extenderse a sus anchas, pero sobre todo no estar cerca de otro cenzontle macho porque se vuelven locos del disgusto y de tanto aletear. Incluso a veces se abalanzan sobre los humanos extraños que se acercan a la jaula.
4. La jaula debe asearse todos los días.  
5. Renovar el agua diariamente; les agrada bañarse por lo que es conveniente ponerles  dos o más recipientes con agua, uno para el baño y otro para beber.
6. La comida debe ser completa en nutrientes. Mi abuela en sus tiempos les daba una mezcla de masa o mazeca con chile molido revuelto con moscos secos y distintas frutas, moras, bayas, tomate. De pronto el abuelo llegaba con algunos chapulines los soltaba dentro de la jaula. Mi madre ahora les da purina y mosco, sin que les falten las manzanas que son de su predilección. La broma familiar es que el chonte era mejor alimentado que los hijos pues en más de una ocasión compraba manzanas de exportación para el ave y para nosotros las chiquitas y agujereadas de segunda.
7.  Sacar la jaula durante el día para que vea el cielo y respire aire fresco, a la sombra desde luego, no vaya a ser que le de insolación. De noche meterlo a resguardo y colocarle una manta encima para taparle la luz. Las aves funcionan con la luz del sol, despiertan al amanecer y lo normal es que al atardecer duerman. Desafortunadamente para ellas, en la ciudad hay muchas luces que las hacen confundirse, si ven luz creen que es de día y siguen comiendo y cantando. Había un chonte muy cantador en casa de mi madre que cantaba sin parar mañana, tarde y noche, le poníamos las mantas encima de la jaula para hacerlo callar pero éste si veía una esquinita despejada se agachaba, sacaba el pico y seguía cantando.

8. Finalmente recordar que todo ser vivo requiere afecto, mimos y cuidados para desarrollarse bien. Lo mismo es con los cenzontles en cautiverio, son bastante inteligentes y sensitivos, llegan a reconocer a sus amos y a crear lazos afectivos con ellos. Si se les cuida adecuadamente pueden vivir muchos años regalándonos  con  su prodigioso canto. Sin embargo, digo yo,  siempre será mejor para ellos vivir en libertad, hacer pareja y reproducirse. No olvidar que “Aunque sea de oro la jaula, no deja de ser jaula”.

Wednesday, February 11, 2015

Kaldi Café en Chihuahua




Desde mi tierna infancia adquirí el irrenunciable hábito de tomar café.  En mis afanes por buscar la salud física y emocional he podido abandonar por temporadas o para siempre  toda clase de adicciones potenciales: El cigarro, el juego, los azúcares, las harinas, la carne, los lácteos, el alcohol, los refrescos embotellados, los enamoramientos delirantes y hasta el sexo. Solo hay tres cosas que no he podido dejar: Los libros, los amores platónicos y el café.  De hecho he escrito estas líneas bajo la inspiración  de un par de tazas de delicioso café mezcla de la casa del  Kaldi Café de Saúl Murillo.
En diciembre de 2002, Saúl vio  realizado un sueño seguramente acariciado largo tiempo: abrir su propio café. Quienes lo estábamos esperando, lo agradecimos, porque finalmente tendríamos a partir de ese momento un servicio de buen café, qué tanta falta nos estaba haciendo. Un servicio de cafetería que girase exclusivamente alrededor del café y el té, pensado para degustar de estas reconfortantes debidas legendarias,  ideal para propiciar la charla, la lectura, el intercambio de ideas, sin intromisiones de otro tipo de distractores.
La historia del consumo de café, tema central de este encuentro, es tan antigua como la civilización humana. Se origina en Etiopía y su expansión en el mundo fue propiciada por los árabes, quienes lo llevaron consigo a sus tierras conquistadas. Su nombre se deriva del vocablo árabe “qahwah”.
Para 1500 d.c., la costumbre de beber café estaba presente en todo el mundo árabe, en donde  como ustedes saben se alcanzaron altos grados de sofisticación cultural. Los hombres se reunían en salones de gran confort a  jugar ajedrez, conversar, leer poemas y beber café. Los derviches de El Cairo  solían tomar café como parte del frenético ritual que los caracteriza hasta hoy.
El café cobró popularidad en Europa desde principios del siglo (17) XVII, italianos, holandeses, alemanes e ingleses, adoptaron rápidamente  el gusto por la energetizante  bebida y se abrieron las primeras cafeterías públicas.  El café entonces compitió fuertemente contra la costumbre de tomar té.
Mi teoría es que el consumo del té seguía teniendo uso en los hogares y salones de sociedad, mientras que el café se bebía en lugares underground, lo que no coincide con la imagen de los confortables espacios de los sofisticados árabes, pero así suele suceder en el tránsito de los intercambios culturales, lo que en unos es placentero en otros es motivo de persecución.
Pues bien, las cualidades estimulantes del café y la asiduidad a las cafeterías, espacios semi clandestinos o por lo menos marginales durante los siglos XVII (17)  y XVIII (18) en Europa y Estados Unidos, estuvieron de la mano con el  intercambio de las ideas y el surgimiento  de las aspiraciones libertarias que derrumbaron el viejo  régimen y dieron pie al nacimiento de las repúblicas democráticas y a la era moderna.
A lo largo de su historia el café como bebida reconstituyente del ánimo y capacidad para estimular  la creatividad ha sido propiciador del desarrollo del pensamiento filosófico, de buena parte de los descubrimientos científicos, de los avances en tecnología y hasta de la creación de grandes obras de arte, además de ser  el marco predilecto para la conspiración insurgente,  y pretexto idóneo para  la convivencia amistosa y familiar.
Las formas de consumir el café son tan diversas como las naciones, las posibilidades y gustos de cada quien. Recuerdo hoy nada más una referencia literaria, de las muchas que debe haber, García Márquez en su novela Cien años de soledad hace mención reiterada del modo  en que toma  café el coronel  Aureliano Buendía: Negro con azúcar.
A los degustadores aficionados nos gusta tomarlo de diferentes maneras, según el antojo, el ánimo o los requerimientos: Express, late, cortado, moka, capuchino caliente o frío, americano y hasta de olla –sin duda el más mexicano porque lleva canela, clavo, cáscara de naranja y piloncillo-, pero nunca soluble porque NOescafé.
Así pues, Kaldi Café vino a llenar  una necesidad  creciente de nuestro entorno, la de  ofrecer café para conocedores, género de los servicios restauranteros  que cualquier ciudad con pretensiones cosmopolitas debe tener, y aunque hubo algunos antecedentes previos, éstos sucumbieron pronto o se mezclaron con distintos servicios, por lo cual el nicho permanecía incólume en aquel momento.
El  proyecto inicial de la familia Murillo triunfó en definitiva y partir de esa fecha contamos con este espacio, preferido por los habituales del buen café, de la conversación con contenido y de los artistas, puesto que Kaldi no solo es una cafetería, es también un foro para la difusión de la cultura y el arte. Es más, ya no es sólo un espacio, son tres gracias al impulso empresarial expansivo de Saúl.
Hablaré de Saúl ahora, un joven empresario de gustos refinados, sensible a la cultura contemporánea, a quien he visto cuidar con gran esmero cada detalle de sus establecimientos, desde el color de las paredes, la colocación del mobiliario  hasta el diseño de los  impresos, sin descuidar un instante la calidad del servicio y la nitidez de las cualidades del grano que utiliza en  las mezclas que ofrece a sus parroquianos.





Monday, June 30, 2014

De cuando los Carrión vinieron al Club de Leones o Lanza tus penas al viento.


Llegamos temprano al Club de Leones, en punto de las 3 de la tarde, donde a pesar del inclemente sol de  junio ya había bastante gente  esperando que se abrieran las puertas del lugar. La expectación era grande pues en la tardeada de ese domingo se presentaban los legendarios Hermanos Carrión.
Desde hace años es costumbre en Chihuahua que los domingos por la tarde se destinen a la convivencia de las personas de edad madura  en salones de fiestas. El baile con orquesta se mantiene así como una tradición viva para el disfrute y solaz de los que, aunque ya pintan canas en las sienes, aún poseen un corazón que late fuerte y a todos los  ritmos posibles,  desde   la cumbia, el cha cha, el mambo  y el rock and roll.
Este divertimento atrae a los mayores pero también a los no tanto, así es que  cada domingo vemos  cómo conviven entusiastas bailadores de varias generaciones,  al son de  agrupaciones musicales casi  siempre locales pero con mucha experiencia, como la Soul de Camargo que es la orquesta que justamente en este día alterna con los afamados Hermanos Carrión.
Los Carrión iniciaron su trayectoria en el año de 1960 del siglo pasado, o sea tienen ya más de cincuenta años en el tablado. Entre sus éxitos se cuentan Lágrimas de Cristal, Las Cerezas, Magia Blanca y otras inolvidables melodías cargadas de sutilezas románticas que  en su tiempo hacían suspirar profundamente a las  adolescentes. Vea usted nomás: “ Siempre soñé que tú vendrías a mí,  y hoy que es así, creo estar soñando cuando tú me besas a mí..”; o esta otra: “Fueron lágrimas de cristal las que derramaste al partir, tu sueño voy construir para soñarlo en mi  soledad, …los diamantes que tu lloraste yo los guardé…”. Ni qué decir de aquel superéxito: “Oh, magia  blanca magia blanca que me embrujó, magia blanca tienes tú…”, y tantas otras infaltables en los bailes escolares de los sesenta y setenta del siglo pasado, que se bailaban de cachetito sin salirse del  cuadro y que toooodos los asistentes coreaban al unísono.
Pues bien, los adolescentes de aquellos días son los abuelos de ahora y como los ánimos no decaen sino por el contrario se incrementan con el transcurrir de las décadas, más de una centena de seguidores de los artistas se dieron cita aquel domingo de junio en el salón de la calle Carbonel, e igual que antaño  ovacionaron a sus  ídolos, los corearon y les aplaudieron a más no poder. Los Carrión, con más de setenta años de edad cada uno, demostraron estar  en óptimas condiciones físicas y artísticas;  y aquello de que  como los vinos, entre más años mejores, se cumplió totalmente.
Como en un  “volver al pasado”, cada set  de presentación de los Carrión  convocó a sus seguidores a colocarse frente al escenario, corear con mucho sentimiento las canciones, levantar los brazos, balancearse al ritmo de la melodía y tenerlos tan de cerca que casi  podían tocarlos  y establecer contacto visual con ellos. Estas escenas me hicieron recordar las viejas fotografías y reseñas de la época y me pregunto: ¿Cuántas de estas adorables cabecitas blancas de hoy fueron alocadas e  inocentes jovencitas  de  aquel ayer?  En eso estoy, cabilando, cuando un brazo se extiende hacia mi y escucho  la pregunta  obligada: ¿Bailamos? Levanto la vista para encontrarme con el rostro de un amable galán maduro que me ofrece su mano con ese gesto tan conocido, casi una reverencia con la palma abierta. Acepto.
Desde ese día  no dejo de  cantar para mi:  “…Si triste estás por un amor que te causó un gran dolor, en despejar ya haz de pensar  y lanza tus penas al viento, que el viento las borrará, lalala, lalala…”.



Saturday, June 07, 2014

¿Centro de Convenciones o Casa Redonda ?



El inmueble de la Casa Redonda, construido a mediados del siglo XIX, es calificado como Monumento Histórico por la Ley Federal de Monumentos Históricos y Arqueológicos de México, lo que implica no solo el cuidado y  conservación de los muros y techos que lo conforman sino también su entorno próximo, el cual al ser afectado puede repercutir en el inmueble.  Así mismo tiene un importante valor icónico puesto que refiere a la época de la historia económica y social de nuestro país  cuando los ferrocarriles fueron  puntal para  el desarrollo y vía de acceso a la modernidad. Hoy el edificio alberga un museo de sitio que rememora esa etapa.
La Casa Redonda de Chihuahua es única en el mundo que se ha conservado de esa época y que actualmente funcione como centro cultural y museo de arte.
 Existe ciertamente no gracias al interés del Centro de Convenciones, puesto que en los años que se destinaron los antiguos patios de Ferronales para levantar sus salones, sus ignorantes constructores  prácticamente derrumbaron todo a su paso sin importar antigüedad, lográndose salvar la Casa Redonda y otro pequeño inmueble solo porque se levantaron voces que con argumentos y razones defendieron el punto, contándose además  con  la intervención de las autoridades del INAH en ese momento. De no  ser por  aquella intervención oportuna, ni con esto contaríamos hoy en día, lo más probable es que únicamente habría estacionamiento y más estacionamiento.
Del pequeño inmueble que cito, que de hecho fue derribado antes de que llegara la orden de detener la destrucción, se supone se debieron resguardar sus materiales y partes originales para ser reconstruido justamente en los terrenos que están en disputa. Las preguntas inevitables son: ¿Qué pasó con este edificio? ¿Efectivamente se resguardan aún sus partes o ya las desaparecieron? ¿Por qué no se levantó el inmueble como fue el acuerdo?
 Los terrenos en disputa se consideraron para ese fin, y para construir los anexos necesarios para el buen funcionamiento del museo, es decir: oficina y bodegas. Esto es indispensable porque el edificio debe ser destinado exclusivamente a la galería por razones de seguridad a mediano plazo.
 Lo más lamentable es que hayan pasado las administraciones de Arturo Rico Bovio, la de Jorge Carrera y la que va de Fermín Gutiérrez sin que el Gobierno del Estado destinara los recursos necesarios para reforzar estructuralmente este espacio cultural. Ahora vemos las consecuencias del semi abandono de un proyecto de origen  noble, el cual se ve agredido por la desmesura y prepotencia de una entidad que se escuda en  supuestos y sobrentendidos.
 Aquí el Centro de Convenciones ha mostrado una cara  sumamente insensible y ajena a la cultura con el absurdo de privilegiar el parque vehícular.  Deberían ser más cautos, los chihuahuenses ya no nos tragamos el discurso del automóvil por sobre el paisaje urbano, de eso estamos hartos.

Monday, September 02, 2013



EL TRANVIA

El 1 de enero de 1900 se inauguró en la ciudad de México la primera línea de tranvías eléctricos. Fue todo un acontecimiento que sería reseñado en los medios impresos de aquel entonces; de la experiencia tranviaria en sus inicios José Guadalupe Posada nos da cuenta en ese ingenioso grabado donde aparece una multitud de calaveras esperando el vehículo que las llevaría al panteón. El sistema de transporte eléctrico se prolongaría en aquella ciudad por muchas décadas en vista de la conveniencia de usar un medio que permite ahorrar combustible.
En Chihuahua, como era natural, el tranvía apareció unos años después y ya para 1908 contaba con dos rutas, una que partía de la Calle Pacheco por la Avenida Juárez, subía por la Ocampo hasta culminar en las instalaciones del Ferrocarril Chihuahua al Pacífico y de regreso bajaba por la Ocampo, Paseo Bolívar, Avenida Independencia, Plaza Constitución (Armas), Calle Aldama y terminaba en el Monumento a Juárez.
La segunda ruta partía del barrio de Santo Niño, cruzaba el puente de la Ave. Colón, tomaba por la Juárez, doblaba por la Libertad hasta la Ave. Cuahutémoc y llegaba al Santuario de Guadalupe. Esta línea posteriormente se ampliaría hasta Nombre de Dios.
Haciendo eco de los afanes porfirianos, Chihuahua se llenaba de palacetes de aires afrancesados y a la vez que surgían prósperas industrias, y venciendo todos los temores se aprendía a viajar en el tranvía.
Antes de eso, el transporte público se hacía en carros arrastrados por mulas. Imaginen ustedes la reacción de los pobladores de nuestra provinciana ciudad de principios de siglo XX ante la llegada de un trasporte colectivo accionado por electricidad, que viajaba a velocidades considerablemente mayores que los atraídos por bestias. Seguramente, aquello era cosa del demonio para las mentes más sencillas. La reacción debió ser tan airada como la de hoy ante el nuevo sistema de transporte.
Mi abuela María Gamboa Loera aborreció el tranvía hasta el fin de sus días desde que su hijo David, todavía niño, perdió una pierna al ser atrapado entre las vía por uno. Algunos filarmónicos de la época aún lo recuerdan, aunque le faltaba una extremidad durante muchos años destacó en el medio de la música popular como violinista de excelencia.
Para la mayoría de los chihuahuenses progresistas, con la mirada siempre puesta en el futuro, el tranvía le dio glamour y modernidad a la ciudad que buscaba encajar con sus hermanas del otro lado de la frontera.
Con el tiempo desapareció este transporte para darle cabida al más “moderno y eficiente” sistema de autobuses, se abrieron las calles a punta de Caterpillar para darle espacio al tráfico y lo demás ya es historia reciente.
A veces pienso que, al menos en el Centro Histórico, debiéramos haber conservado los tranvías, sería un gesto bastante pintoresco para el turismo, porque la verdad ¿Qué necesidad había de retirarlos para abrir más las calles a los automotores? Si al final, ahora caemos en la cuenta que nos saturamos de tráfico innecesario y por más intentos que se hacen no se pueden encontrar soluciones fáciles al difícil tema del trasporte colectivo.

Wednesday, August 28, 2013

Chihuahua en Jazz



OPINA UN LECTOR
Cuando salió publicado el cuento del “féretro” en cierta revista local, en donde relato la historia de un corrupto policía de caminos cuya vida termina en condiciones misteriosas, vino hasta mi espacio laboral un hombre desconocido con el fin de darme su opinión. Esta persona llegó bajo un pretexto cualquiera, me entregó un oficio cuyo asunto era intrascendente, se lo firmé de recibido y traté de despedirlo sin éxito, el sujeto se quedaba parado frente a mi escritorio en actitud típica de quien quiere decir algo pero se le traban las palabras en la garganta, yo lo miraba con signos de interrogación. ¿Qué se traerá éste? Pensé durante varios y largos segundos de silencio incómodo. Finalmente me preguntó: -¿Es usted Flor Vargas?-
-Si, a la orden,
-¿Usted escribió el cuento del féretro?
-Si señor. ¿Qué le pareció?-
-Es usted una vengativa
-¿Le parece que soy vengativa porque el personaje muere? Es solamente ficción, es un cuento.
-Pero usted podría haber elegido otro final.
-Ajá, si, pero la historia debe seguir su curso para ser verosímil y extraordinaria a la vez.
-No, es usted vengativa y yo que la creía buena gente porque todos dicen que es buena gente.
-Si soy buena gente pero una cosa es ser buena gente y otra pretender escribir un cuento que tenga cierta intención.
-Pues qué mal.
Ya en este punto decidí quedarme callada porque era obvio que a la persona de pocas luces le era muy difícil desligar la ficción de la realidad y que no había explicación posible que lo lograse hacer comprender la diferencia sutil entre una y otra, así que simplemente le dije, con un gesto de por favor ya retírese: -Está bien, tomaré en cuenta sus comentarios- , aunque por dentro pensando que cómo había gente boba en este mundo chihuahuita.

TERCER FESTIVAL DE JAZZ
Chihuahua vivió momentos verdaderamente sublimes la semana del 19 al 25 de agosto durante el desarrollo del Tercer Festival Internacional de Jazz Chihuahua, festival que tuvo un importante posicionamiento después del éxito logrado en sus dos ediciones anteriores. Todos los conciertos tuvieron lleno total y se presentaron varios destacados intérpretes del género musical que el año pasado fue reconocido como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. Ramón Bermudez se llama el joven músico chihuahuense que luego de haber estado varios años estudiando en el conservatorio de Puerto Rico regresó a su ciudad natal para darse a la tarea de impulsar el reconocimiento social de esta modalidad musical que ha ganado adeptos, sobre todo entre los entendidos de las expresiones musicales más netas y genuinas. Acá, Ramón hizo mancuerna con el Mtro. Armando Nuñez, mejor conocido como “Mandis”, antiguamente líder de nuestra legendaria banda local de jazz fusión “Espacios Vacíos”, actualmente director académico del Conservatorio de Chihuahua, para traer a una cuidada selección de invitados. Llenar teatros en un lugar como Chihuahua donde campea la banda sinaloense, la música norteña, el narcorrido y la más excelsa cursilería de la trova, es mucho más que una hazaña. Las dos primeras ediciones fueron verdaderos actos heroicos pues no se contó con grandes apoyos oficiales, aún así la respuesta fue más que explícita sobre el poder de convocatoria del jazz. La tercera edición logró un éxito mayúsculo, bien para los jóvenes promotores y para el Ichicult que aportó gran parte de los recursos.

Tuesday, August 13, 2013

Bolita o de cómo enfrentar los pleitos entre amigas

Hace poco alguien me contó acerca de la confrontación que tuvo con una ex amiga. Se sentía humillada y dado el reciente empoderamiento de ésta última, en peligro de sufrir algún otro tipo de agresión en su medio laboral. Su relato, contado luego de que sucedieron los hechos, ya se antojaba un poco chistoso por esa reacción tan común que tenemos de evadir las malas experiencias imprimiéndoles algo de humor. Siempre he dicho que hay sucesos ridículamente peligrosos que podrían ser muy cómicos si no tuvieran consecuencias tan trágicas. Espero que no sea este el caso de mis dos amigas ahora enemigas entre ellas y que la sangre no llegue al río.
Este relato me trajo a la memoria una vieja historia de amistad y enemistad vivida en la infancia, que vista a la distancia de los años resulta mucho más que cómica, es reveladora de cómo las personas y los hechos que nos ocasionan conflictos de principios nos mueven a olvidarlas por completo.



"BOLITA"


Cursaba el quinto grado de primaria cuando tuve por “mejor amiga” a Dolores Méndez, Lolita de cariño, bolita para los malosos. Por esas fechas andaba yo medio tristona ya que por recomendación médica debía guardar reposo casi absoluto, únicamente se me permitía ir a la escuela, pero no correr y menos jugar deportes. Desde luego, tuve que hacer un impasse en las clases de ballet, actividad que era para mi entrañable puesto que mi plan para el futuro contemplaba ser bailarina profesional, vestir de colombina, bailar en grandes teatros y viajar por todo el mundo.
Las clases de ballet era lo que más amaba en la vida. Para mi cumpleaños anterior el Mtro. Alfonso Amparán me había obsequiado un LP con la música del Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, solía pasar horas oyéndolo y admirando la fotografía de la bailarina que aparecía en la portada, imaginándome interpretar la muerte del cisne con un atuendo de tul muy elegante.
Pues bien, debido a mi poco agradable condición temporal, durante la hora de recreo en la escuela simplemente me sentaba en alguna banqueta a ver jugar a los demás. Así fue como me percaté de la existencia de una compañerita que también permanecía sentada ese rato, pero por otras razones.
¡Gorda cerillo, gorda cerillo, gorda cerillo! Le gritaban a la niña que se hallaba sentada en la banqueta de los salones de cuarto grado, cuya complexión obesa y su cabellera de un rojo encendido explicaban el grito de los majaderos e inaguantables - según palabras de las maestras- chavalos que la acosaban. Me dio tanta pena que fui a sentarme a su lado. Ahora ninguna de las dos estaba sola.
La observé detenidamente mientras intercambiábamos el cómo te llamas y cuántos años tienes. Era redondita, redondita, gráficamente parecía una pelota con dos piernitas y dos bracitos, mientras que arriba sobresalía una cabeza que se antojaba pequeña para su cuerpo. Cabello, cejas y pestañas de un rojo intenso, piel de un blanco lechoso y pecas en las mejillas. Tenía un aire gracioso, su rostro era realmente bonito.
Lolita (bolita para los malosos) y yo iniciamos una gran amistad a partir de ese momento, amistad que duró casi todo el año escolar, estábamos en el mismo salón y nos sentábamos la misma banca, hacíamos las tareas juntas por las tardes, en resumen hicimos equipo. Yo era la sabihonda, ella la habilidosa; yo leía los libros y ella plasmaba en cartulinas los textos adornados con garigoles; yo dibujaba y ella recortaba y pegaba. Nos iba bien.
Estaba tan motivada con su amistad que no me importó ser receptora del bulling por extensión. Ahora no era solo la gorda cerillo, sino ahora éramos (si, en plural, éramos) “Stanley y Hard” o “El gordo y el Flaco”. Yo cerraba oídos, así que no recuerdo qué tantas linduras más nos gritaban los malosos porque en el fondo a mi no me importaba. En cambio ella si guardaba viejos y nuevos rencores, acrecentados por la presión constante que sus padres ejercían sobre ella para que dejase de comer. La gordura y por consecuencia la comida, eran los temas permanentes de conflicto entre ella y su familia.
La veía sufrir y trataba de compensarla trayendo diariamente de mi casa un par de tortas de huevo que le daba en el recreo, con lo cual Lolita se comía tres tortas, la de ella, las dos mías y alguna gelatina y un jugo cada mañana.
Mi madre vivía engañada creyendo que las tortas eran para mi y con muchísimo entusiasmo las preparaba antes de irse a su escuela, feliz de que su flaca tuviera apetito suficiente para comer tanto (como ven, también en mi familia el tema de conflicto era la comida, pero a la inversa).
Así pues, una mañana el maestro Eligio nos invitó a realizar actividades para recolectar fondos que serían destinados a los festejos del Día del Niño, prontamente Lolita levantó la mano y nos propuso a ella y a mi para donar un pastel con fines de hacer una rifa. Ya saben, vender boletitos para que el ganador se llevara un premio. Así lo hicimos la tarde previa a la rifa, nos reunimos en casa de ella a elaborar el pastel.
Resultó que mi amiguita era experta en preparar pasteles, yo estaba hechizada viendo con que presteza dominaba con sus manitas regordetas el arte de la pastelería: cernir la harina y el royal, acremar la mantequilla con azúcar, batir la masa, agregar yemas y vainilla, esponjar las claras, mezclar todo y hornear. Después de dos horas teníamos a nuestra vista dos hermosos cakes (“quequis” según la tradición oral norteña), dorados, esponjosos y suficientemente fríos para el paso siguiente: la decoración.
Procedimos a preparar el betún y entonces sucedió lo impensado, Lolita uso un cuchillo afilado para ahuecar los panes, a cada uno le sacó una buena tajada del centro y se la comió. Yo estaba atónita.
--Pero cómo se te ocurre? ¡Vamos a llevar un pastel incompleto!
--¿Qué tiene? Va a quedar tan bonito que no se va a notar, nadie se va a dar cuenta.
-- No se vale, vamos a vender boletos y entregar ese pastel hueco es una mentira, un fraude.
-- Mira, ya cállate, no digas nada, nadie se va a dar cuenta.
Ciertamente el pastel de dos pisos ya decorado no mostraba ningún signo de su falsedad interior y así lo presentamos al día siguiente. Fue un éxito.
Sin embargo, a partir de ese momento todo cambió. Lolita me provocaba sentimientos encontrados, sentía compasión por su incapacidad para controlar la compulsión por la comida y a la vez me daba miedo su capacidad de manipulación puesto que me había obligado a hacer algo contrario a mis principios. Durante meses le había seguido la corriente, la había alimentado sin hacerle ningún bien y ella había adquirido paulatinamente tanto poder sobre mí que no me atreví a denunciar, o vaya por lo menos a claudicar.
Claro que a los diez años de edad, estas reflexiones que ahora muestro profundas eran solo razonamientos intuitivos, digamos que no me dolió tanto la revelación de la verdad, sobre todo porque en el mes de abril gané el primer lugar en el concurso de dibujo del plantel con un caballo plasmado a lápiz de color y me levantaron muy oportunamente la restricción médica por lo que logré colarme a los preparativos del festival de mayo y…¡A bailar de nuevo!
Mis tardes dedicadas a los ensayos fueron enfriando la amistad con Lolita y un día la descubrí jugando a las barbies ( las cuales antes detestaba obviamente) con otras niñas, apenas me vieron hicieron círculo y nada discretas volteaban a verme , claramente las escuché diciendo:
--Es una sabihonda, se cree mucho porque su mamá es maestra.
-Ay, si mira como está flaca, tiene piernas de popotitos
Lo que dio pie para que en coro cantaran: “Popotitos es un primor pero baila que da pavor”.
En ese justo momento monté en cólera como el pélida Aquiles según relata Homero en la Iliada , y las confronté; aún así no me atreví a decirle a Lolita lo que internamente estaba pensando le haría más daño, o sea “gorda”, porque por ningún motivo habría de violar mis principios una vez más, pero si le reclamé su traición a la amistad. Por respuesta me retó a liarnos a golpes a la hora de salida. Acepté el reto y me fui a ensayar.
En el ínter, entre ensayo y clases, medité la situación, nunca me había enfrentado físicamente con nadie, la violencia era contraria a mis principios, yo estaba flaca y chaparra, ella pesaba tres o cuatro veces más que yo y un golpe con sus manitas pasteleras me iba a dejar turulata. De modo que llegado el momento opté por asumir las ventajas que me daban un cuerpo esbelto más el entrenamiento del ballet y el baile folklórico, corrí. Lolita, desde luego se quedó atrás, pasmada, ya que no podía dar un paso sin agitarse, menos correr.
Afortunadamente llegaron los exámenes de fin de curso y las vacaciones largas. Lolita quedó definitivamente eliminada de mi espectro de relaciones de inmediato. El año escolar siguiente, el último de primaria, no coincidimos en el grupo, ni siquiera la vi una sola vez, si siguió en esa escuela o no, lo ignoro, tal era mi convicción por olvidarme de ese penoso incidente que la borré del mapa de mi vida.
Muchos años después, como veinte, leí una nota en la sección policíaca donde se registraba que una mujer de nombre Dolores Méndez había sido detenida acusada de adulterio, ya saben ustedes qué
amarillistas son los medios. En resumen la nota explicaba que una esposa la acusaba de sostener relaciones extramaritales con su cónyuge y que los había sorprendido en su casa. ¿Será?-pensé.